La complicada tarea de gobernar Guerrero.

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Durante la última mitad del siglo XX existía una especie de leyenda negra que definía a Guerrero como un estado ingobernable, ya que varios de sus gobernantes no concluyeron los periodos para el que fueron electos; la mayoría porque los renunciaron desde Los Pinos y uno porque falleció en un accidente aéreo cuando apenas llevaba dos años en el ejercicio del poder.
Alejandro Gómez Maganda (1 de abril de 1951-20 de mayo de 1954) y Raúl Caballero Aburto (1 de abril de 1957-4 de enero de 1961), por ejemplo, tuvieron que dejar el poder luego de que el Senado de la República y por orden presidencial declarara desaparición de poderes en la entidad.
¿Y cuál fue su pecado?
El primero porque olvidó que Miguel Alemán Valdés –por quien llegó al cargo– ya no era el mandamás en el país, sino Adolfo Ruiz Cortines. Mientras que el general Caballero tuvo que irse por la matanza cometida por tropas del ejército contra el movimiento estudiantil y popular que reclamaba la autonomía de la máxima casa de estudios de la entidad.
Dario L. Arrieta Mateos y Arturo Martínez Adame fueron los que concluyeron los periodos de Gómez Maganda y Caballero Aburto, respectivamente.
Al culminar el gobierno de Raymundo Abarca Alarcón, Caritino Maldonado Pérez, oriundo de Tlalixtaquilla y amigo personal del presidente Gustavo Díaz Ordaz, rinde protesta ante el Congreso local como gobernador para el periodo 1969-1975. Sin embargo, pierde la vida en un accidente aéreo ocurrido en la barranca de Guapaleta, municipio de Leonardo Bravo (Chichihualco), el 17 de abril de 1971.
Como encargado del despacho jurídico del Poder Ejecutivo estatal quedó Roberto Rodríguez Mercado. Tres días después (20 de abril de 1971) y con el visto bueno del presidente Luis Echeverría Álvarez, Israel Nogueda Ortero rinde protesta como gobernador sustituto. Pero el gusto le duró muy poco. Dos meses antes de concluir el mandato fue denunciado ante la Comisión Permanente del Congreso de la Unión por un grupo de campesinos de Alta Icacos en Acapulco por fraude en la supuesta venta de ejidos y terrenos.
Por séptima ocasión en la historia política de Guerrero, el Congreso de la Unión decretó la separación de poderes. Asimismo, se dictó una orden de aprehensión contra el gobernador depuesto.
Echeverría no le perdonó a Nogueda su tibieza con los movimientos de oposición de los guerrilleros Genaro Vázquez Rojas y Lucio Cabañas Barrientos, y que éste último secuestrara a Rubén Figueroa Figueroa, su compadre y candidato del PRI a la gubernatura.
El taxqueño Xavier Olea Muñoz se hizo cargo del gobierno estatal por dos meses.
El 1 de abril de 1975, Rubén Figueroa rindió protesta como gobernador constitucional de la entidad para el periodo 1975-1981. Y, a diferencia de la mayoría de sus predecesores, no le tembló la mano para aplicar la ley contra los rijosos y culminó su gobierno sin tanto problema, ya que supo entenderse con los presidentes Luis Echeverría y José López Portillo.
Su sucesor fue Alejandro Cervantes Delgado (1981-1987), quien gobernó durante seis años sin ejercer mano dura y con bastante tolerancia para escuchar a la oposición.
Para el periodo 1987-1993 fue electo José Francisco Ruiz Massieu, uno de los intelectuales del PRI y edificador de instituciones.
El 1 de abril de 1993 y ante el avance electoral del PRD en Guerrero, Rubén Figueroa Alcocer rinde protesta como gobernador para el periodo 1993-1999. Desafortunadamente, confió demasiado en algunos de sus colaboradores más cercanos, quienes dejaron crecer algunos conflictos sociales.
Los trágicos hechos de Aguas Blancas (28 de junio de 1995) propiciaron su salida del poder.
El 12 de marzo de 1996 solicitó licencia definitiva ante el Congreso local para dejar el cargo y funciones de gobernador.
Desde luego que hubo presión desde Los Pinos, cuyo inquilino en ese entonces era Ernesto Zedillo Ponce de León.
El ometepquense Ángel Heladio Aguirre Rivero concluyó el periodo de Figueroa.
René Juárez Cisneros (PRI) y Zeferino Torreblanca Galindo (PRD) concluyeron los periodos para el que fueron electos con altibajos. Porque, hay que decirlo, gobernar Guerrero no es tan sencillo como algunos piensan.
Y cuando se pensaba que ningún gobernador más caería por un hecho de sangre y por la presión social y de la Federación, resulta que sí.
Ángel Aguirre, quien en 2011 y luego de renunciar al PRI, gana la elección de gobernador por el PRD.
Su gran error fue delegar el poder a familiares y personajes que dejaron crecer los conflictos.
En septiembre de 2014 (y a un año de concluir su periodo), elementos policiacos y miembros de la delincuencia organizada desaparecieron a 43 normalistas de Ayotzinapa en la ciudad de Iguala, sin que hasta la fecha se sepa de su paradero.
Un mes después, Aguirre tuvo que solicitar licencia. Y en su lugar llegó el universitario Rogelio Ortega Martínez.
Hoy por hoy, el priista Héctor Astudillo Flores gobierna Guerrero.
El próximo 27 de octubre cumplirá cinco años al frente del poder.
Tampoco la ha tenido fácil. De hecho, él mismo ha reconocido que gobernar Guerrero no es fácil, pues se necesita concentración, empeño, perseverancia y gran compromiso.
Los problemas que enfrenta Guerrero no son de ahora, sino que vienen de tiempo atrás. Lo importante es que Astudillo no pierde el tiempo en pleitos estériles y se concentra en buscar soluciones a los conflictos.
Su relación con el presidente Andrés Manuel López Obrador es excelente, a pesar de que militan en distintos partidos políticos.
El 30 de enero de 2019, durante la toma de protesta del comité del Grupo Aca detalló que los problemas e Guerrero están perfectamente ubicados, siendo el principal la seguridad pública, la cual le preocupa y ocupa.
“Ahí hay que dedicarle tiempo, concentración y recurso, no nos distraigamos, no nos confundamos, ahí desarrollemos nuestra habilidad que podamos tener, inteligencia con la que podamos contar”, dijo.

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