Crónica de una mujer violentada hasta morir

Compartir

Josefina Aguilar Pastor

Chilpancingo. Guerrero, 24 de noviembre de 2021.- Fátima, nunca se imaginó que su amor infantil, sería quien le quitara la vida delante de su hijo, la tarde de este miércoles, en medio de gritos de justicia, su cuerpo fue sepultado, en el cementerio de su natal Mezcala, en el municipio de Eduardo Neri.

Cuando se conocieron, Fátima solo contaba con 12 años, iba en primero de secundaria, mientras que Hugo Astudillo Rodríguez, ya era un hombre de 25 años, quien hizo todo lo  imposible, para envolverla, enamorarla siendo una niña, a pesar de la gran diferencia de edades y la oposición de la familia de ella.

Al poco tiempo de conocerse, sabiendo que la familia nunca aceptaría la relación, Hugo Astudillo Rodríguez, se la robó y se la llevó a vivir a la comunidad de Mazapa, a unos cuantos kilómetros de Mezcala.

A pesar de que nunca dijo nada, la familia de Fátima, sospechaba que era maltratada por su marido, quien le impidió seguir estudiando, y forjarse un porvenir.

Solo en una ocasión, hace tres años Jacquelin Barrios Hernández, en una fiesta se dio cuenta del maltrato de que era víctima su hija, al ver cómo sin justificación alguna, Hugo Astudillo Rodríguez, la sujetaba violentamente del brazo mientras ella, temblaba  al punto del llanto.

En esa ocasión, se la “quitó”, sin embargo, por amenazas de que si no regresaba con él, mandaría a los sicarios por ella y su familia, Fátima regresó con él.

De acuerdo a la versión del único testigo, un menor de 6 años, la mañana de este martes, estaban en el cuarto que ocupaban en la casa de Hugo Astudillo Rodríguez, y ella juguetona, trató de hacerle cosquillas, ese fue el motivo que provocó su muerte.

Hugo Astudillo Rodríguez, le pidió a la hija de 9 años, sacará del cuarto a su hermanito de un año de edad, mientras que al de 6, le dijo también que se saliera, sin embargo, este regresó por algo –un juguete-, solo para darse cuenta, como su papá, había salido por un cuchillo que le clavó a su mamá.

“Tú no digas nada porque si no te voy a chingar”, le había dicho Hugo Astudillo Rodríguez a su hijo al tiempo que lo corrió del cuarto, mientras el parado, veía como Fátima se desangraba.

Al filo de las 11 de la mañana de este martes, Jacquelin aun recibió un mensaje  de Fátima, le preguntó como y donde andaba, después de intercambiar algunos comentarios, se despidieron y quedaron de comunicarse mas tarde.

Media hora recibió una llamada de su hija mayor, para avisarle que a Fátima, la habían llevado con el doctor, porque al parecer Hugo la había golpeado y estaba desmayada.

Fue al consultorio del doctor Enrique Cisneros a las tres de la tarde donde se supone estaba sin encontrarla, más tarde una enfermera le informó que su hija ya estaba muerta. Inmediatamente se trasladó a Mazapa.

Los familiares de Hugo, abandonaron el cuerpo y a los tres hijos de Fátima en las afueras de su domicilio.

 “A mi hija la tenían ahí botada entre los sillones de una camioneta, bien doblada, tirada, tapada bien ensangrentada. Le dieron una puñalada en el corazón y aquí la cortaron –en el brazo”, la tenían tirada como cualquier cosa”, narra la señora Jacquelin.

El comisario de Mazapa, Iván García  Bárcenas, le impidió desde un principio que se trajera su cuerpo, luego de tanto insistir, logró trasladarlo a Mezcala, donde fue  velado, y la tarde de este miércoles, salió con rumbo al panteón para ser sepultada.

En la casa donde Fátima fue asesinada, se encontraba la mamá de Hugo Astudillo Rodríguez, María Rodríguez Bonal, quien esta invalida, su hermana Guadalupe Astudillo y su esposo Víctor Heredia, quienes no solo no escucharon nada, cuando Fátima era golpeada primero y después asesinada, sino que incluso, tardaron en llamar tanto al comisario, así llevarla a recibir atención médica, en tanto, el supuesto responsable huía.

Desde ayer martes, hasta el cierre de la edición Hugo Astudillo Rodríguez, estaba en calidad de prófugo.

Una gran cantidad de habitante de Mezcala, acompañaron el cortejo fúnebre, y algunas de ellas, en medio del sepelio, exigieron justicia para Fátima de 21 años, quien dejó en la orfandad, a tres menores, de 9, 6 y 1 año de edad, uno de ellos, testigo de su asesinato.

Comentarios

comentarios