Pedro Kumamoto: Viene un maratón

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Por mucho tiempo soñé con correr un medio maratón. Para mí significaba el último enclave de varios objetivos que me había trazado a los 24 años. Un año antes había tenido un accidente que me produjo una fractura de clavícula casi expuesta, lo cual requirió de operación para sanar y, desde luego, generó secuelas que debían ser atendidas a través de rehabilitación.

Fue en ese momento en que comencé a frecuentar el gimnasio de mi universidad, para poder desarrollar los ejercicios que el traumatólogo me había recetado. Ahí pude presenciar la concentración casi hipnótica en los ojos de las personas que corrían, la precisión de los músculos, la respiración en un ritmo perfecto y decidí que, al recuperarme, haría todo lo posible para correr cuanto pudiera. Quería sentir la velocidad y fuerza que produce correr, pero sobre todo quería experimentar el viento en mi cara y la despreocupación en mi mente.

Los primeros intentos fueron realmente desastrosos. Ni un kilómetro, jadeos olímpicos, golpes de ánimo. No desistí por terco. No es cierto, ese no era el motivo: seguí haciéndole a la lucha porque entrenaba con mi novia y no quería que se llevara esa impresión de mí. Como fuera el caso, pasaban los días y no parecía mejorar. Alguien me sugirió seguir “el pensamiento” del maratón: no pensar en la cantidad de minutos que faltan, sino en el siguiente paso, en la respiración y en tratar de evitar derroches de energía. Todo cambió. Corrí dos o tres kilómetros, me inscribí a mi primera carrera de cinco kilómetros, varias de diez, me compré mi primer par de zapatos especiales para correr, bajé mis tiempos.

Llegado el momento de cumplir mi sueño empecé a entrenar. Dicen que para poder correr el medio maratón debes correr por lo menos cuatro días a la semana durante varios meses. Los primeros tres días de la semana se debe recorrer una distancia no mayor a ocho kilómetros mientras que el cuarto debes hacer entre diez y diecisiete kilómetros, los cuales se alcanzan aumentando gradualmente la distancia recorrida durante las semanas.

Me levantaba a las seis de la mañana para poder alcanzar a cumplir mi meta de distancia. Ya conocía las banquetas de mi ruta, dónde había perros que atacaban, dónde los baches y las ramas. Todo eso lo aprendí por mordidas, ramazos y caídas. Me tocaron todo tipo de temperaturas, me lastimé varias veces y tuve un par de brotes de deshidratación. Por unos meses dejé de salir por las noches, medía muy bien mi alimentación, toda mi vida giraba alrededor de hacer buenos tiempos.

Llegado el momento de cumplir el medio maratón pude comprobar que había terminado de entrenar semanas antes de la carrera planeada. Decidí correr solo. Mi novia, solidaria y cariñosa, me ayudó con la hidratación, acordamos en el mapa los puntos en donde nos encontraríamos para que pudiera tomar agua. El día de la carrera llegó y, con un enorme esfuerzo, logré terminar en un tiempo bastante decente los veintiún kilómetros. En ese momento me di cuenta que, de haber pensado al inicio de mi preparación en todo el esfuerzo que había invertido para llegar a la meta, quizás no habría empezado. Pero ahí estaba, exhausto, asoleado, satisfecho y emocionado por el camino recorrido.

Algo similar sentí el último acto de campaña que viví en el último proceso electoral, la culminación de un enorme esfuerzo. Por eso, al sintonizar las imágenes y los testimonios de las entrevistas del sábado pasado en la celebración presidencial del Zócalo, rebosante de alegría y felicidad, me acordé de esa satisfacción y emoción. Probablemente para muchos fue la culminación de una enorme lucha: ver la toma de protesta de Andrés Manuel. Me da mucho gusto por ellas, México necesita de momentos de esperanza compartida.

Sin embargo, estos procesos no terminan de forma tan sencilla. Tan pronto culminas una carrera empieza la preparación para otra. Lo mismo en estos casos con la política. Se logra un objetivo y se pasa a la siguiente lucha. Por eso, para quienes simpatizan con el gobierno entrante y para quienes no, es importante recordar el espíritu del maratón: pensar en la meta agobia y puede invitar a desistir, es mejor imaginar en el siguiente paso. Este sábado dieron el disparo de salida; agarremos buen paso, va a ser una carrera interesante.

Fuente: Nación321

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