De la basura…: Por Rodrigo Juárez Ortiz

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Una vez mas, nos encontramos frente a un problema atávico, frente a un asunto básicamente de educación, de elemental sentido de la limpieza, la salud, la salubridad, toda vez que nuestra gente tiene como deporte nacional el arrojar basura en la calle ( desde luego con las honrosas excepciones de siempre), sin miramientos, sin ningún sentido de culpa, ni mucho menos de responsabilidad ciudadana.

Tenemos como muestra que la prensa nos informa que: “800 toneladas de desechos fueron retirados de cinco tiraderos clandestinos ubicados en predios baldíos ubicados de (sic) la Zona Diamante”

Se dijo que por la falta de pago del Ayuntamiento anterior a las compañías contratadas para ese efecto, es que se desquició el servicio de recolección, sin embargo, en la zona mencionada los vecinos de ahí se quejaron y no sin razón, que toneladas de basura se queman diariamente con la consabida contaminación del terreno y del aire que se vuelve insoportable por la peste y por el humo de la combustión con las consecuencias sabidas y es que personas  (pechugueros) que recogen tales desperdicios en las casas a cambio de una gratificación, los queman en los terrenos baldíos que encuentran. El asunto es que ya van varias semanas en que las actuales autoridades municipales están sacando tales desperdicios, pero cotidianamente se sigue repitiendo el fenómeno ad nauseam, ergo mientras la gente siga propiciando el desecho de su basura ( mezcla de desechos orgánicos e inorgánicos, desperdicios, suciedad) y tirarlos en las calles o entregarlos a estos  “pechugueros” , no podrá eliminarse este grave problema de lesa cultura, lo cual es elemental. Es cuestión de actuar civilizadamente  (recordemos que civilizar es sacar del estado salvaje, educar, ilustrar).

La consecuencia y parecen no percatarse, es que se forme un círculo vicioso al propiciar que sigan tirando basura y pagando por ello, y se siga quemando, sin perjuicio de la contaminación brutal que se produce y en tiempos de lluvias propician el azolve de las atarjeas y las obvias inundaciones, de las cuales también se quejan.

Ergo, hay que crear un círculo virtuoso basado en la salvaguarda de la salud de la población al educarla para tener responsabilidad social y dejar de arrojar su basura en la calle, a olvidar su cantaleta de que “ pago mis impuestos y que me barran mi calle”,  ni pagar a terceros que la van a “procesar” irresponsablemente,  así como responsabilizar a las autoridades municipales a cumplir con los horarios de recolección, previamente anunciados e imponiendo sanciones administrativas realmente drásticas que inhiban a los “ irredentos” a  seguir con sus prácticas nocivas. ¿Qué no les gusta vivir en un entorno sano y limpio ? O usted, responsable lector,¿ Qué opina?

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