Bajo Fuego: Vivir con miedo

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José Antonio Rivera Rosales

  Los ataques contra mujeres en el estado alcanzaron límites escalofriantes sin que ninguna autoridad pueda detener la oleada feminicida que mantiene en vilo a la comunidad guerrerense.

Entre 2017 y junio de 2018 las muertes violentas de mujeres sumaron 267 casos, muchas de ellas asesinadas con saña: a golpes, a tiros, descuartizadas inclusive, lo que ha generado un dolor indescriptible para las familias enlutadas.

Tan sólo en los últimos días más de 15 damas fueron asesinadas de manera brutal por  homicidas que pululan impunes por Acapulco, sin que ninguna corporación policiaca o de seguridad pueda siquiera identificarlos aunque es seguro que se pasean entre nosotros.

Aunque algunas autoridades lo niegan, entre los días jueves y viernes un grupo de sujetos organizados, que se desplazan en vehículos cerrados, intentaron secuestrar a varias jovencitas estudiantes de la Universidad Autónoma de Guerrero, entre las facultades de Medicina, Turismo, Ciencias Sociales, Psicología, así como en las escuelas preparatorias 2, 17 y 27, que por su edad son con seguridad los jóvenes más vulnerables ante este tipo de agresiones.

Pero, además, en las redes sociales han circulado informes de jovencitas secuestradas en diferentes puntos de la ciudad en menos de 15 días, casos de los cuales no existe mayor información debido al entendible miedo de las familias que abrigan la esperanza de recuperar a sus seres queridos.

De acuerdo con fuentes fidedignas, están confirmados al menos cinco casos de muchachas secuestradas por individuos que se mueven en camionetas cerradas. Así sea de manera paulatina los casos de levantones, como se dice en el caló delincuencial, van surgiendo ante el conocimiento público.

De tal modo que no estamos ante una psicosis colectiva de la comunidad, que pudiera generar una falsa percepción: la situación es real y afecta primordialmente a mujeres jóvenes, de preferencia adolescentes.

Aunque a esta columna le han reportado casos ocurridos en diferentes puntos de la ciudad, tal parece que las áreas más peligrosas son la avenida Universidad -donde, por cierto, se produce el mayor número de robo de autos-,  así como la avenida Ruiz Cortines que constituye una zona de alto riesgo pues ahí están establecidas varias escuelas superiores de la UAG.

 

 

Los reportes mencionan a tres grupos de sujetos que se mueven en diferentes vehículos, especialmente en camionetas cerradas, que se desplazan en las áreas citadas y probablemente utilizan la avenida Solidaridad para moverse entre las avenidas Cuauhtémoc y Ruiz Cortines.

Insistimos: no se trata de una psicosis colectiva, el peligro es real, especialmente para jovencitas que la mayor parte de las veces se encuentran en condiciones de indefensión.

Todo apunta a que se trataría, probablemente, de una banda organizada de trata de personas que arribó al puerto de Acapulco así como a ciudades circunvecinas. No parece haber otra explicación.

En todo caso, los últimos asesinatos de mujeres concitaron una reacción furiosa de los médicos -que también han sido víctimas frecuentes de extorsiones y ataques-, manifestación a la que se sumó la de cientos de mujeres de diferentes sectores que el viernes marcharon por la Costera Miguel Alemán, seguida de la comunidad artística que el sábado pasado hicieron lo propio.

Todas esas manifestaciones, más las que se produzcan en la semana, tienen razón de ser: efectivamente existe una oleada feminicida que está ultimando a mujeres indefensas, por las razones que sean, fenómeno que se extiende a muchas víctimas potenciales de secuestradores que buscan, preferentemente, a mujeres jóvenes.

¿Tienen idea, amigos lectores, del terror que sienten miles de mujeres -madres, esposas, hijas, hermanas, profesionistas, trabajadoras- cuando salen a las calles de Acapulco y son víctimas del acoso criminal de muchos hombres estúpidos que consideran que miradas,  palabras y actitudes procaces son simplemente piropos inofensivos?

A ello habrá que sumar el terror de caminar por las calle y saberse víctima potencial de secuestro, condición de temor permanente que sufren a diario miles de jóvenes mujeres. Vivir con miedo, con terror, no es vivir.

Ante una situación de emergencia como la descrita, se hace necesario que la máxima autoridad civil, policiaca y militar proceda a la integración de  grupos especiales inter-institucionales que busquen a los asesinos, a los secuestradores, a los extorsionadores, y los lleven ante la justicia.

Pero no todo se lo podemos dejar a la autoridad: es el momento en que la sociedad,  especialmente la comunidad de los pobres, que son los más afectados, levante su voz para defender a la parte más vulnerable que son nuestras compañeras mujeres.

Dadas las circunstancias, es momento de integrar equipos de autoprotección en cada colonia, en cada barrio, en cada cuadra, para dar la voz de alerta tanto a las autoridades como a la propia comunidad cuando aparezcan individuos amenazantes.

Levántense, jóvenes guerrerenses, y hagan escuchar su voz.

Indígnense, jóvenes guerrerenses, y pasen de las palabras a los hechos.

Manifiéstense, jóvenes guerrerenses, para que gobierno y delincuentes sepan que están en pie de lucha, que de ninguna manera dejaremos a su suerte a nuestras compañeras mujeres.

Esta situación de agravio continuado contra las mujeres es simplemente inadmisible. Ninguna de ellas merecía la muerte, como no la merece ninguno de los ciudadanos del estado de Guerrero.

Por el total esclarecimiento de los asesinatos de Betzy -la joven egresada del Instituto Internacional de Estudios Políticos Avanzados-, de la doctora Reyna Valenzo, de la maestra Itzel Vega, de todas las jóvenes que han caído bajo las balas de los asesinos, es necesario que la comunidad se movilice.

Por justicia para la humilde vendedora de bolillos asesinada por las bestias del crimen organizado en la calle 13 de la colonia Juan R. Escudero, cerca de Ejido, una mujer por la que nadie ha alzado una voz de protesta ni ha elevado una plegaria al cielo. Por todas nuestra compañeras de tránsito por el mundo…

¡Ni una más! ¡Ni una menos!

 

 

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