La endosada factura a los milenials

sintesis de guerrero
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No estoy de acuerdo con lo que dices,

                              pero defenderé con mi vida tu derecho a decirlo.                                 

       Evelyn Beatrice Hall, emulando un episodio de su obra “Los Amigos de Voltaire” (1906).

 

¡SEPTIEMBRE Y OCTUBRE QUE NO SE OLVIDAN!

El México de los 60, fue una generación única, plagada de aparentes rebeldes sin causa y teniendo como factor común, el rock como género musical por excelencia, pero casualmente por razón del correr del tiempo ha sido una época que con sus modas e ideología está quedando para el confinamiento de la historia; quizá hoy mismo la generación que vio y verá la transformación de una nueva forma de hacer gobierno, tiene un componente que desconoce: “la revolución estudiantil por medio de la protesta social del siglo XIX, a diferencia de la misma revolución, por medio de las redes sociales que llegaron con la tecnología del siglo XXI”.

Pero acaso los jóvenes de ahora se preguntaran ¿Cómo eran las redes en el movimiento del 68? Es más, ¿sabrán acaso que el hecho de “compartir” y dar “me gusta” no equivale a hacer una sinérgica revolución? ¿Sabrán que lo que paso en ese fatídico día se supo en Guerrero y en otros estados del país mucho tiempo después? He ahí el meollo de este asunto.

Mencionar hoy como un manifiesto colectivo que el “2 de octubre, no se olvida”, pareciera que sólo un sector, es el que conoce su contexto; de ahí la obligación del suscrito de conmemorar esa fecha en el ayer, en el hoy y para siempre; sobre todo porque, a diferencia de los “Millenials” que les toco conocer la desaparición de “los 43”, hoy en cuanto al suceso de la matanza de estudiantes en Tlatelolco, solo les queda saber de ese suceso en su amplitud teórica y con ello puede ser una fecha que para esa gran mayoría de jóvenes de este tiempo no signifique nada.

La matanza en la “plaza de las tres culturas” fue un suceso que vistió de negro y marrón a la nación; de franca impotencia por las muertes y de mucha furia y dolor por la sangre derramada en el suelo; justamente ahí en un lugar donde pareciera conmemoraba la época prehispánica que regalaba a sus dioses sendas ofrendas de sangre de hijos de su propia raza.

Hoy con este recuerdo, en esta oportunidad de estar con este pueblo y con esta generación de jóvenes que me persigue, debería ser con la ayuda de todos ustedes: de vergüenza internacional, porque la bandera nacional se manchó una vez más de rojo con el flujo sanguíneo de sus propios hijos, muertos por las balas de la patria.

El sistema que gobernaba en aquel 1968 hizo creer a la gente que el proyecto de nación que representaba, era el hijo legítimo de una revolución emanada del pueblo que había “triunfado” sobre los opresores. Luego entonces, contradecir las acciones del gobierno en turno, criticar el quehacer político a manera del más simple comentario, era considerado como un acto de alta traición. De falsos revolucionarios. De ateos y de corruptos apostatas comunistas. La dimensión de este contexto se lee en toda su dimensión tal y como lo dijo muchos años antes el “hijo prodigo” del PRIISMO en México, Don Plutarco Elías Calles, en su grito de Guadalajara al manifestar de sus hondos pensamientos lo siguiente:

“Es necesario que entremos al nuevo periodo de la Revolución, que yo le llamaría el periodo de la Revolución psicológica; debemos entrar, apoderarnos de las conciencias, de la conciencia de la niñez, de la conciencia de la juventud, porque la juventud y la niñez deben pertenecer a la Revolución. Es absolutamente necesario sacar al enemigo de esa trinchera, debemos asaltarla con decisión; en esa trinchera están los conservadores; me refiero a la educación, me refiero a la escuela…

¿Cómo se debe leer e interpretar esa idea del presidente Calles en el México de hoy, en pleno siglo XXI? ¿Cómo debe entenderse al día de hoy el discurso oficial de aquel entonces, del defenestrado Presidente Calles? con el contenido que indico el mensaje oficial el “otrora” Presidente Gustavo Díaz Ordaz; sobre una lectura de un “2 de octubre” pero de hace exactamente 50 años, es decir, asumir toda la responsabilidad de esos actos, sin que a la fecha se haya traducido en el vocablo “justicia”.

 

Todo ello en medio de la ominosa opinión de los atletas internacionales que diez días después, iniciaron su justa en los juegos olímpicos.

Sencillamente porque en aquel tiempo como hasta la fecha, se llenaban los discursos justificadores de retóricas frases patrióticas plagadas de demagogia populista; pues la voz oprimida del pueblo mexicano, no podía criticarle nada al México post revolucionario institucional.

Decirles a los jóvenes de ahora, que siguen la verdadera información por medio de las plataformas de redes sociales, que en el México del 68, mientras las cosas marchaban así, los patrones del país eran como hasta hoy la clase política, la clase castrense de alto rango, los empresarios de alta esfera, los obispos, los curas y los sacerdotes.

Ellos siguen siendo los dueños del país, los que a la hora de las cuentas son siempre la misma oligarquía, disfrazada y heredada, junto con el alto nivel de dogmatismo infundido por la religión católica. Conservadores y liberales vestidos de blanco y negro, conjuntados en una nueva época. Los herederos del “Porfiriato” que luchaban por mantener el status quo, contra los verdaderos libérrimos del “Juarismo”. Los mismos que siguen pregonando libertad, igualdad y fraternidad, pero que nunca entendieron que esa lectura de visión política era la agenda internacional a la que los líderes morales de México ya desde entonces se regían; tal y como lo señala la obra de Sergey Nilus, “Los Protocolos de los Sabios Ancianos de Sión” (1905) que en su primer capítulo o “plancha primera” reza lo siguiente:

Somos los primeros que en los tiempos que se llaman antiguos echamos a volar entre el pueblo las palabras: LIBERTAD, IGUALDAD, FRATERNIDAD; palabras tantas veces repetidas en el correr de los años por cotorras inconscientes que, atraídas de todas partes por este cebo, no han hecho uso de él sino para destruir la prosperidad del mundo, la verdadera libertad del individuo…

 

En otras palabras, cuando los jóvenes del “movimiento del 68” anhelaban con verdadero ahínco que sus ideas de libertad se fraguaran en una verdadera igualdad de clases sociales y de equidad de género, no contaban que desde principios del siglo XIX la lectura a seguir en cuanto a ideología sistemática a implementar; ésta sencillamente a manera de agenda litúrgica ya estaba con más de 50 años atrás, debidamente trazada.

Recordarles a los jóvenes de esta generación, que el poder político y militar residía totalmente, absolutamente e indudablemente en la figura del señor presidente; pues era el guía moral que por su sola investidura de tres colores, gozaba de facultades al estilo de un Rey; razón de más para entender que si había un Rey, en los estados había y hubo Virreyes.

Que el congreso, era un contrapeso hermosamente teórico del Poder Ejecutivo, pues no era más que una simulación de pluralidad y representación. En la práctica eran los ecos del señor presidente que se escuchaban emanados de diferentes oportunidades cargadas de retórica. Simulación legislativa pues.

En tal virtud, queda claro que nuestra obligación política como herederos de una cuarta transformación es devolverle a la niñez y a la conciencia individual y colectiva de los jóvenes la histórica verdad, pues de “verdades históricas” ya estamos hartos, el pueblo de México despertó y como decimos aquí mismo, también “los hartaron de un atole acedo y aguado” y lo que es más, con ello también, los dedos de su falaz patriotismo revolucionario.

Así pues, el movimiento del 68, paso de ser una revolución estudiantil a todo un movimiento de masas, que llamando a los demás, los hacían sentir la empatía que contenían sus principales consignas en las que hizo encono en la lucha, además de los profesores, los obreros, y los campesinos.

 

“Pueblo Despierta. Pueblo Únete. El pueblo Unido Jamás será vencido”. Eran las frases que estaban en boga.  Mismas que por los hechos sangrientos y criminosos recordamos hoy en este día, pues así como “vivos se los llevaron y vivos los queremos” defenderemos con nuestra lucha y con nuestra vida que año con año y hasta siempre se recuerde que un “2 de octubre no se olvida”. Pero después de media centuria la pregunta obligada es: ¿Qué sigue?

 

Es cuánto.

 

Pd.1 En el año 2064, se cumplirá media centuria por “los 43”; ¿vivirá para ese entonces el expresidente Enrique Peña Nieto, como al día de hoy vive Luis Echeverría Álvarez?

Pd.2 Amable lector contemporáneo, si usted se suma a la estadística como otros tantos “Elenitos y Elenitas” a partir de la obra “La Noche de Tlatelolco” (1971) de Elena Poniatowska, no importa, pues lo mismo ocurrió para esta generación del siglo XXI; somos “Anabelitos y Anabelitas” a partir de “La Verdadera Noche de Iguala” de Anabel Hernández (2016); al final la verdad os hará libres, a los presos inocentes también.

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