De Frente. Némesis: PRI y PRD, ponen al Peje con un pie en Quinta La Chingada

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Por Miguel Ángel Mata Mata.

 

El 16 de noviembre del 2016, Andrés Manuel López Obrador ofreció que, si pierde la elección presidencial de 2018, no volvería nunca más a ser candidato a nada y se retirará del protagonismo político para irse a vivir a su rancho “La Quinta La Chingada”, en Palenque, Chiapas.

Quinta La Chingada es una finca que heredaron de sus padres los López Obrador; se ubica casi en la entrada a la cabecera municipal de Palenque, en el tramo carretero Pakal-Ná-Palenque, enfrente de la Unión Ganadera Regional de Catazajá, en Chiapas.

Alejandra Barrales, Beatriz Mojica y Juan Zepeda no caben de gusto. Mayor su gusto al del virtual ganador, Alfredo del Mazo, los perredistas tienen mucho que festejar.

El social demócrata Partido de la Revolución Democrática no ha muerto. Ganó, en alianza con su antípoda, el derechista y demócrata cristiano Partido de Acción Nacional, las elecciones de Nayarit y Veracruz; perdió en Coahuila y perdió, pero con un sabor a triunfo, en el Estado de México.

El sorpresivo resultado de Juan Zepeda, candidato del PRD a la gubernatura en el Estado de México, oxigena y devuelve la vida a un partido al que muchos daban por muerto. Durante la campaña fueron decenas de veces las que se invocó la muerte del partido del Sol Azteca.

Ha sido Andrés Manuel López Obrador rudo con sus antiguos compañeros de militancia. Les amenazó, hostigó y les dijo tantas veces que desaparecerían del mapa electoral por la gran fuerza del partido de su propiedad, MORENA, y su propio y muy popular arrastre.

Particularmente, Andrés Manuel sentenció que si no declinaban a favor de la candidata de MORENA los perredistas tendrían que olvidarse de una alianza de las izquierdas para el año 2018.

Invocó al infierno y les abrió la puerta de Hades como lastimera venganza en contra de quienes, en su particular visión de México, serían borrados de la faz de los padrones electorales.

No fue así. Lástima por el Partido del Trabajo: cayó en el garlito y ellos sí estarán ante la posibilidad real de caer en el infierno de las listas nominales. Ellos no lograron el dos por ciento de la elección y corren el riesgo de perder las prerrogativas en esa entidad.

Juan Zepeda llevó a su partido a casi 18 puntos y le ubicó como tercera fuerza electoral del poderoso Estado de México. Inclusive mandó a cuarto sitio a la panista Josefina Vásquez Mota.

¿Alguien ha escuchado a López Obrador autocrítico reconocer que se equivocó?

En contraparte, Alejandra Barrales, dirigente del PRD, y con la derrota con sabor a triunfo de Zepeda, ha modificado la correlación de fuerzas. Con las cifras del PREP en la mano se ha demostrado que, de haber ido juntas, las izquierdas, habrían arrasado. Pero… hubo algún necio por ahí.

Barrales ha anunciado que buscarán la formación de un gran frente de izquierda para ir a la elección del 2018. Por su puesto que no llevarían como abanderado de ese frente a quien les mató y luego les resucitó.

En la mitología griega, Némesis (llamada Ramnusia o Rhamnusia, la diosa de Ramnonte, en el santuario que tiene en esta ciudad del Ática) es la diosa de la justicia retributiva, la solidaridad, la venganza, el equilibrio y la fortuna.

Castigaba a los que no obedecían a aquellas personas con derecho a mandarlas y, sobre todo, a los hijos que no obedecían a sus padres. Recibía los votos y juramentos secretos de su amor y vengaba a los amantes infelices o desgraciados por el perjurio o la infidelidad de su amante.

 

Su equivalente romano, casi en todo, era Invidia, aunque en el lenguaje usual en castellano y otros idiomas romances, hoy día se usa la palabra Némesis o némesis con el significado de alguien que es artífice de una venganza en cuanto es la justicia retributiva.

En el PRD es tiempo de Némesis. En el PRI de reflexión y en MORENA de dar las llaves de la Quinta La Chingada a Andrés Manuel.

 

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