Por José Nieves Sebastián Pérez
A propósito del día del Amor y la Amistad, comparto con ustedes, amables lectores, una breve reflexión sobre la naturaleza del verbo Amar.
En tanto que la mayoría de las personas, en su extravío moral y ético, buscan afanosamente quienes los comprendan, los toleren, los protejan y los quieran, ignorando que amar no es un placer inesperado, ocasional y efímero; no es sólo recibir caricias y embelesos que desembocan en pasiones voluptuosas; no, definitivamente eso no es amar, es apenas un intento egoísta de querer llenar el vacío de su interior; es un comportamiento que hiere, que envenena el alma de los demás, que cancela la esperanza y la fe en la humanidad. Éstas personas dejan escapar la oportunidad de experimentar la exquisita y profunda sensación de dar y compartir lo mejor de sí mismos.
Hace algunos años, un amigo de la infancia, me confesó: “Cuando me enteré que en el vientre de mi esposa se manifestaba la vida de mi primer hijo, cual reacción química transformadora, acicateó mi voluntad, le dio nuevos bríos a mis sentidos, despertó en mi intensas emociones positivas y mejoró mis actitudes, porque acariciaba en mi mente la indescriptible sensación de ser padre.” Mi amigo, sin proponérselo, se estaba alejando de todo vestigio de soberbia y arrogancia y entendiendo que la grandeza humana radica en la humildad que es reflejo del amor y en el trato tierno y amoroso que puedas prodigar a los que amas, porque tu mirada amable y la suavidad de tus palabras, son como la agradable brisa del mar que humecta el corazón.
Es preciso entender que amar es una acción enraizada en el corazón, por eso su ímpetu generoso; por eso su inagotable caudal de ternura; por eso su anhelo compasivo y comprensivo; por eso es torrente de estimulante humildad, que es don inapreciable de las almas grandes; por eso su efecto unificador, vivificante y promotor efectivo del respeto, la tolerancia, de la armonía social y la paz.
Cuando amas se da la adorable conexión de tus pensamientos con los de aquellos que están en tu afecto; así presientes sus alegrías e infortunios y te ocupas de estar a su lado, a pesar de la distancia o las limitaciones materiales, y es que si en el limbo de tus sueños o en el ámbito de tus emociones los ves afligidos clamando al cielo por ayuda, sin explicártelo corres presuroso hacia ellos. Quien ama no piensa en su integridad física, llega al sacrificio, que es un acto heroico y vehemente que proviene de lo más profundo de su alma y enaltece la condición humana…
A todos mis alumnos, exalumnos, familiares, amigos y compañeros de trabajo les deseo ¡FELIZ DÍA DEL AMOR Y LA AMISTAD!
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