Estadisticas a propósito del Día Internacional de las Personas de Edad

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(1 DE OCTUBRE)

DATOS NACIONALES

 

  • Según información de la Encuesta Intercensal 2015, en México hay 12.4 millones de personas de 60 y más años, lo que representa 10.4% de la población total.
  • La mayor parte de la población de 60 y más años (88.1%) forma parte de un hogar familiar, mientras que 11.1% forman hogares unipersonales.
  • En 2014, del total de egresos hospitalarios en el país por hipertensión arterial, 56.2% ocurrieron en personas de edad.
  • Tres de cada cuatro mujeres de 60 y más años con hipertensión padecen la de tipo esencial o primaria en 2014.
  • La tasa más alta de letalidad por hipertensión arterial se ubica en mujeres de 85 años y más (32.27 por cada 100 egresos hospitalarios) durante 2014.
  • Durante el segundo trimestre de 2016, la población ocupada de 60 y más años representa 33.6 por ciento.
  • En 2014, poco más de las 633 mil muertes registradas (63.8%), correspondieron a personas de 60 y más años.
  • En 2014, 26% del total de la población de 60 y más años tienen discapacidad, mientras que 36.1% cuenta con alguna limitación.

 

El 14 de diciembre de 1990 la Asamblea General de las Naciones Unidas designó el 1º de octubre como Día Internacional de las Personas de Edad, el cual se conmemora anualmente y tiene como objetivo reconocer la contribución de los adultos mayores al desarrollo económico y social, así como resaltar las oportunidades y los retos asociados al envejecimiento demográfico. Por tal motivo, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), presenta un conjunto de indicadores que muestran las condiciones sociodemográficas de la población de 60 y más años.

MONTO Y ESTRUCTURA POR EDAD

 

En las Asambleas Mundiales del Envejecimiento, organizadas por la Organización de Naciones Unidas, especialistas en la materia han concluido que: “aunque envejecer no es nada nuevo, el interés por el tema del envejecimiento y la vejez surge de los problemas que se van observando y de los que potencialmente se presentarán derivados de la creciente presencia de personas mayores”[1]. Nuestro país no está exento de este proceso, cifras de la Encuesta Intercensal 2015 indican que el monto de la población de 60 y más años es de 12.4 millones y representa 10.4% de la población total. En las últimas décadas, este porcentaje ha ido aumentando, y de acuerdo a las proyecciones de población que estima el Consejo Nacional de Población (CONAPO), aumentará 14.8% en 2030, lo que significa un monto de 20.4 millones. Esta tendencia brinda la oportunidad de reflexionar sobre los desafíos que trae consigo el envejecimiento demográfico y así desarrollar políticas públicas que mejoren la calidad de vida de las personas que transitan o transitarán por esta etapa de vida.

 

La relación hombres-mujeres permite constatar que el monto de varones es cada vez menor conforme avanza la edad, y ello se debe a la mayor sobrevivencia femenina. En el grupo quinquenal de 60 a 64 años esta relación es de 88.4 hombres por cada 100 mujeres y disminuye a 72.8 en el grupo de 85 y más años. Dado que el envejecimiento es un proceso que marca la pérdida gradual de las capacidades motrices y cognoscitivas, hay cada vez un mayor número de mujeres que llegan a una vejez avanzada y que necesitan de la familia para cubrir sus necesidades.

 

POBLACIÓN EN HOGARES

 

La mayor parte de los adultos mayores (88.1%) forma parte de un hogar familiar, es decir, viven en hogares nucleares, ampliados[2] o compuestos[3]. La estructura de parentesco en los hogares nucleares indica que 62.9% son jefa(e) del hogar, mientras que 35.8% son esposa(o) o compañera(o) y solo 1.3% son hijas(os).

 

En los hogares ampliados y compuestos la configuración del parentesco cambia, ya que surgen otras figuras asociadas a las personas en edad avanzada, como es el caso de los abuelos o de la suegra(o), entre otras. Uno de cada dos adultos mayores (52.3%) que vive en un hogar ampliado o compuesto es considerado como jefe (a) del hogar; 19.0% es cónyuge del(a) jefe(a); 13.9% es madre o padre, 5.2% son suegra(o); 9.2% tiene otro parentesco y 0.4% no tiene lazos sanguíneos con el (la) jefe(a) del hogar.

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Son pocos los adultos mayores que viven en hogares corresidentes (0.4%), es decir, donde ninguno de sus integrantes tiene un lazo de parentesco. Mientras que una de cada 10 personas de 60 y más años (11.1%) viven solos (hogares unipersonales). Estar en esta situación implica enfrentar retos y limitaciones muy severas ya que por su edad se presentan enfermedades degenerativas o discapacidades físicas que necesitan del apoyo de familiares y amigos. Es importante señalar que 59.5% de los adultos mayores que viven solos son mujeres y 67.6% de ellas están viudas.

 

En general, la situación conyugal de las mujeres de 60 y más años indica que la mayoría están unidas (46.8%). Sin embargo, hay un gran contingente de mujeres que son viudas (37.2%); en los hombres esta situación cambia: más de tres cuartas partes (75.9%) están unidos y 13.4% están viudos.

TRANSFERENCIAS Y PENSIONES

 

Las transferencias económicas forman parte de los apoyos estatales y de las redes sociales que familiares y amigos realizan a un hogar. Según datos de la Encuesta Intercensal 2015, del total de hogares donde vive al menos una persona de 60 y más años: 43.8% recibe ingresos por programas gubernamentales; en 10.7% el apoyo proviene de alguien que vive dentro del país; mientras que en 8.2% la ayuda económica es proporcionada por personas que residen fuera del país.

 

Esta encuesta también capta los hogares donde algún integrante recibe ingresos por pensiones. En esta situación se encuentran 30.6% de los hogares donde reside algún adulto mayor. Hay que señalar que las pensiones se dan por invalidez, vejez o cesantía en edad avanzada, así como los planes que protegen a los dependientes económicos del trabajador en caso de que muera. Por tanto, es probable que la pensión la reciba el adulto mayor u otro integrante del hogar, sin embargo, establece un apoyo económico que recibe el hogar en su conjunto y que resulta importante para mejorar la calidad de vida de sus integrantes.

 

MORTALIDAD

 

El aumento en la sobrevivencia de la población ha provocado que la mayor parte de las defunciones ocurran en edades avanzadas. De las poco más de 633 mil muertes registradas en 2014, 63.8% correspondieron a personas de 60 y más años. Muchos de los fallecimientos en este grupo de población se producen por enfermedades crónicas degenerativas, entre las que destacan: la diabetes mellitus; las enfermedades isquémicas del corazón; las enfermedades cerebrovasculares; las enfermedades crónicas de las vías respiratorias inferiores; las enfermedades hipertensivas y las enfermedades del hígado. Estas seis causas concentran 55.6% de los fallecimientos ocurridos en este grupo poblacional.

 

DISCAPACIDAD

 

La Organización Mundial de la Salud (OMS), en su publicación Informe Mundial sobre el envejecimiento y la salud, señala que la mayoría de las enfermedades que este sector de la población padece se debe a enfermedades crónicas que pueden prevenirse si se tienen hábitos de vida saludables a lo largo de la trayectoria de vida de las personas[1].

 

Según las cifras de la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID) 2014, más de tres millones de personas adultas mayores declararon tener mucha dificultad o no poder hacer alguna de las actividades de la vida diaria[2]. Estas son personas con discapacidad y representan 26 % del total de la población de 60 y más años, mientras que los adultos mayores con alguna limitación[3] representan 36.1% del total de la población de 60 y más años.

Entre las personas de edad con discapacidad, la dificultad que reportan con mayor frecuencia es caminar, subir o bajar usando sus piernas (64.7 por ciento). Por otra parte, en la población adulta mayor con limitación, es decir, la que está en riesgo de adquirir alguna discapacidad, 73 de cada 100 reportan vivir con alguna dificultad para ver aún con el uso de lentes. Mientras que hablar o comunicarse es la actividad con menor incidencia tanto en las personas que tienen discapacidad como en aquellas que cuentan con una limitación (6.4% y 8.1%, respectivamente).

 

Las enfermedades y la edad avanzada son las principales causas de discapacidad en los adultos mayores. De 100 personas de edad con discapacidad: 44 la adquirieron por alguna enfermedad; 43 a consecuencia de la edad avanzada; 9 por accidente y 1 porque nació así. Por su parte, la población con limitación reporta a la edad avanzada como factor principal de su limitación, ya que de cada 100 personas 64 declararon dicha causa; 27 por enfermedad; cinco por un accidente y una porque nació así. La causa que menos se reporta es por violencia en ambos grupos.

SALUD

 

En la actualidad, aunque no se conocen las causas específicas de la hipertensión arterial y en muchas ocasiones esta es asintomática (motivo por la que puede pasar inadvertida hasta que es diagnosticada), se le ha relacionado con una serie de factores que se encuentran presentes en la gran mayoría de las personas que la padecen. Dentro de ellos destacan: la predisposición familiar (aunque se da también en personas sin antecedentes), edad, malos hábitos en la alimentación, consumo excesivo de alcohol, uso de anticonceptivos orales en edades tempranas, disponibilidad y fácil acceso a alimentos procesados con gran cantidad de sal, azúcares y/o grasas, además del costo económico de estos productos y el sedentarismo dan como consecuencia el incremento de peso excesivo (sobrepeso y obesidad)[1],[2] creando así importantes factores de riesgo para el resto de las enfermedades crónicas no trasmisibles. En 2014, del total de egresos hospitalarios en el país por hipertensión arterial, 56.2% pertenece a personas de 60 y más años, y de estos, casi tres cuartas partes (72.5%) corresponden a hipertensión esencial o primaria (que en la mayoría de los casos tiene un antecedente familiar[3]), es decir, constituye la principal causa de enfermedad hipertensiva en esta población, siendo las mujeres quienes más la presentan (75%) mientras que en los hombres desciende a siete de cada 10.

 

Con el tiempo, la hipertensión daña las diminutas unidades filtrantes de los riñones (nefronas), y con ello se dejan de eliminar los desechos y líquidos de la sangre; este líquido extra en los vasos sanguíneos provoca un mayor aumento de la presión arterial generando así las enfermedades renales

hipertensivas, cuya presencia es seis puntos porcentuales más alta en los hombres que en las mujeres (19.7 y 13.6% respectivamente).

 

En las personas de edad hospitalizadas por afecciones hipertensivas en 2014, los porcentajes más bajos para este grupo de enfermedades corresponden a: enfermedad cardiaca hipertensiva, que es un punto porcentual mayor en mujeres (9.6%) que en hombres (8.5%), y consiste en el crecimiento del corazón a causa de diferentes factores, como el hereditario y el exceso de ejercicio por periodos prolongados. Otras dos afecciones con baja incidencia entre las personas de edad hospitalizadas y sin diferencias significativas entre hombres y mujeres son las enfermedades cardio-renales hipertensivas (1.4 y 1.2% respectivamente), entre las cuales coexisten malestares cardiacos y renales, es decir, ambos órganos están comprometidos y la interacción entre ellos es bidireccional[1]; y la hipertensión secundaria (0.7% en hombres y 0.8% en mujeres) que “aparece a consecuencia de otras enfermedades o de la toma de determinados medicamentos. Entre estos últimos se incluyen los preparados hormonales como los anticonceptivos (píldora de estrógeno), los corticosteroides y los fármacos para el tratamiento de las enfermedades reumáticas (antiinflamatorios)”. [2]

 

Es importante destacar que aunque en los últimos años se ha priorizado la atención médica de esta población, aún hay retos significativos para eliminar estas afecciones. Por entidad federativa hay cuatro estados que destacan por sus altas tasas de morbilidad (la cual se refiere a la relación del total de egresos hospitalarios y la población total, medida por cada 100 mil habitantes) y son: Tabasco (486.28), Quintana Roo (431.88), Colima (425.09) y Baja California Sur (413.35); por otro lado Querétaro es la entidad donde se ubica el menor número de personas que las padecen con apenas 83.12 de cada 100 mil habitantes, seguido por México (133.26), Morelos (148.37), Hidalgo (192.53) y Puebla (193.40).

 

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