Por: Rolando Paredes Carrillo
Hasta el amanecer de este día ya sumaban 24 el número de muertos a consecuencia de la explosión ocurrida en el complejo petroquímico Pajaritos, en Coatzacoalcos, Veracruz, aunque por la gravedad de algunos heridos la cantidad podría incrementarse.
Está por demás lo afirmado por el director general de Petróleos Mexicanos (Pemex), José Antonio González Anaya, en cuanto a que se realizará una investigación transparente y abierta, que llegará hasta las últimas consecuencias, para conocer las causas de la explosión. Una mofa más gubernamental para, según, calmar los ánimos, pero de que hay indignación ni duda cabe. Nada más pregúntenle a los familiares de muertos y heridos. Toda una desgracia para ellos.
De los fallecidos ya se identificaron 12 y se entregaron ocho cuerpos a sus familiares. Todos ellos salieron de su hogar para cumplir con su trabajo, pero encontraron una de las muertes más atroces.
Para “tranquilidad de los familiares”, dijo el insensible funcionario, llegaron especialistas independientes en la materia para realizar la investigación. ¿Y eso qué?
Lo que aún es peor: hay 18 personas desaparecidas y todavía existe una zona que se está enfriando, por lo que no se ha podido acceder, por lo que el número de fallecidos crecerá, aunque trate de ocultarse de manera oficial, pero los familiares están a la puerta de la petroquímica y nadie los moverá.
¿Se imagina qué podría pasar si los tanques de Pemex, ubicados en Icacos hicieran explosión?
Que lo acontecido en Pajaritos sirva de ejemplo.
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