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Acapulco, Gro., a 26 de ene. del 2016 (Síntesis de Guerrero).- “No es justo, pero es lo legal”, fue la frase con la que Luis Torreblanca González comprendió al fin que el hijo que fue su admiración le había despojado de la empresa que le costó años, trabajo y sacrificio constituir: LUTOGO S. A. de C.V, propietaria de al menos nueve inmuebles.
“Así me respondió cuando le reclame que hubiese falsificado el acta constitutiva de la empresa LUTOGO y agregado a José Luis Torreblanca Galindo, «Coca», como socio accionista de la empresa sin que yo tuviera conocimiento de ello, en complicidad con sus otros dos hermanos, Roxana Torreblanca Galindo y Alberto Torreblanca Galindo. Se auto regalaron el 53 por ciento de la empresa. Me dejaron con el 47 por ciento”, comenta Luis Torreblanca en charla sostenida en su departamento de Joyas de Brisa Mar.
El litigio que sostiene Luis Torreblanca González en contra de sus cuatro hijos, Zeferino, Alberto, Coca y Roxana, para recuperar le mayoría de acciones de su empresa es lento. Se torna lentísimo lento cuando han sido las influencias de uno de sus hijos, el ex gobernador Zeferino Torreblanca Galindo, las que provocan, intencionalmente, retraso en las decisiones que ya han favorecido su situación legal.
“Fue en 1989 cuando ellos, sin mi consentimiento, falsificaron un acta de asamblea de LUTOGO. Yo no me percaté de ello porque se guardaron el acta por muchos años. Cuando yo descubrí la falsificación en los libros ya era el año 2013. Para entonces ese delito ya había prescrito. Ante un arrebato de avaricia y falta de escrúpulos ante la exigencia de mi propio hijo a que yo renunciara a la empresa que con tanto trabajo y esfuerzo me costó formar, no me quedó mas que defender parte de mi patrimonio antes de que me lo arrebataran. Me imagino que eso enfureció a Zeferino. Desde entonces me persiguen. Por eso me demandaron, porque quieren quedarse con todo”, comenta.
LA PERSECUCIÓN
Luis Torreblanca se vio obligado a bajarse de una camioneta suburban, propiedad de él y LUTOGO, pues sus hijos denunciaron por la vía penal el robo del vehículo. “Esa camioneta era mi transporte personal. Ahora, si la uso, me encerrarán por robo”.
Luis, conocido como Látigo Negro, es el único guerrerense que ha recibido el premio al empresario del año. Lo recibió en la Ciudad de México de manos del Presidente de México. Por ello es icono del empresariado de Guerrero.
Hoy su manutención corre a cargo de sus dos hijos menores, Luis y Fernando, quienes trabajan como músicos en centros nocturnos de Acapulco. Uno es baterista y el otro toca la guitarra.
De ellos Don Luis dice “ya no quise enviarlos a ellos a estudiar al Instituto Tecnológico de Monterrey, como hice con mis otros cuatro hijos. No quiero que sean como ellos”.
“¿Cómo es eso? pregunta el reportero.
— “Yo vendía mi mercancía en las banquetas del mercado Parazal. Usaba huaraches cruzados. Cuando se me rompía la correa de atrás la amarraba con cordones gruesos. Cuando los cordones se rompían le ponía alambre. Todo porque no podía comprarme otros huaraches. Tenía que juntar la mensualidad para pagar la colegiatura en el Tecnológico de Monterrey. Yo quería que ellos tuviesen lo mejor”.
Don Luis explica que Zeferino estudio contabilidad en el Instituto Tecnológico de Monterrey y posteriormente lo envió a Inglaterra a mejorar su inglés. Al concluir regresó a Acapulco a trabajar en las empresas que, para ese entonces, ya tenía instaladas su padre, como fue el Súper La Negrita y el Súper Súper. Tiendas muy conocidas por los acapulqueños.
—“Alberto también estudió contaduría en el Tecnológico y “Coca” estudiaba allá pero abandonó los estudios porque se casó. Roxana estuvo en la Universidad de Nuevo León en diseño grafico y posteriormente la mandé a Suiza. Regresaron a vivir de LUTOGO, la empresa que formé y de la que les di dos por ciento a cada uno de ellos, incluida su madre María Luisa”.
HASTA EN LAS VEGAS
LE PERSIGUEN
La persecución infame alcanzó territorio de Estados Unidos. Los primeros días de enero de este año Luis Torreblanca y su esposa, Ángeles, viajaron a Las Vegas, Nevada, en los Estados Unidos. Venderían dos vehículos de su propiedad que tienen guardados en una casa que compró allá Don Luis hace treinta años. Iban acompañados del comprador.
“Estábamos a nueve grados. Hacía mucho frío. Por fortuna un amigo nos llevó del aeropuerto a la casa, de lo contrario ahí nos hubiésemos congelado. Cuando llegamos hallamos que las puertas estaban bloqueadas con madera. Todas. Fuimos a la administración y nos dijeron que mi hija, Roxana, quien fue la directora del DIF Estatal, había estado ahí y les llevó una orden de un juez para no permitirme la entrada”.
Don Luis cuenta que llamó por teléfono a su hija. Le explicó la situación y le pidió permitirle sacar, cuando menos, sus cosas personales y los vehículos que vendería. La respuesta fue mas fría que los nueve grados: NO.
El litigio está en tribunales. Luis Torreblanca hace un llamado al gobernador Héctor Astudillo y al presidente del Tribunal Superior de Justicia, Robespierre Robles Hurtado, para que hagan justicia.
— “No les pido que tuerzan la ley ni que usen sus influencias para favorecerme. Tan solo pido que se haga justicia”, dijo.
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