NYT: 23 mil mensajes de la DEA sobre desaparición de los 43 en Iguala

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THE NEW YORK TIMES
La investigación sobre la presunta colusión entre integrantes del grupo criminal Guerreros Unidos y autoridades de Guerrero, ha topado con al menos 23 mil mensajes que dan pistas sobre la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, ocurrida en 2014, reveló The New York Times.
El medio estadounidense analizó comunicaciones proporcionadas por la DEA al Gobierno de México el año pasado, donde se reafirman datos de nexos del grupo delictivo con policías locales y mandos de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena).
Según el reporte, un testigo aseguró que algunos estudiantes fueron incinerados en un crematorio propiedad de la familia de un forense que estaba coludido con Guerreros Unidos.
El trabajador del servicio médico forense enviaba fotografías de escenas del crimen, así como de cadáveres a sus jefes criminales.
«En los mensajes de texto, él dice que el hermano de su colega era un sicario. El forense se valía de ese contacto para advertir al cártel cuando los asesinos tenían a sus miembros en la mira», señala la publicación.
Omar Gómez Trejo, fiscal del caso que renunció en septiembre de 2022 y lideraba pesquisas contra militares implicados, huyó a Estados Unidos a finales del año pasado por miedo a su seguridad, asegura el NYT.
El ex funcionario habría sido uno de los primeros en conocer de las comunicaciones aportadas por la Administración del Control de Drogas (DEA) en una sede de la dependencia en Chicago.
De las comunicaciones privadas destaca que los jefes criminales se cuestionaban si un Alcalde local podría cambiar dólares a pesos o, en contacto directo, se preguntaba al munícipe si necesitaba que un regidor fuera reprendido.
Del estudio de las claves en los mensajes se desprende que cuando los narcotraficantes locales se referían a «llevar cangrejos» o «caldo de cangrejos» a militares, significaba la entrega de dinero.
«Los integrantes del cártel hablaban de que se apoyaban en las Fuerzas Armadas para mantener a sus rivales fuera de su territorio, y de utilizar sus conexiones con el Ejército para librarse de problemas con autoridades que no cooperaban», refiere el reporte.
También se reitera que el Ejército estaba al tanto de lo que sucedía entre la noche del 26 y madrugada del 27 de septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero, porque usó la herramienta de espionaje Pegasus, señala el NYT.
Igual se alude que un mando policial, un oficial militar y un líder criminal acudieron juntos para proporcionar armas a integrantes de la célula delictiva en un pueblo cercano a Iguala, similar a lo publicado por Grupo REFORMA el mes pasado.
De acuerdo con el rotativo, autoridades mexicanas intervinieron teléfonos de quienes quedaron a cargo de Guerreros Unidos al menos hasta 2017, cuando la relación entre militares y delincuentes todavía era «fuerte».
Tres años después de la noche de Iguala, uno de los traficantes implicados en la desaparición masiva de los estudiantes contó cómo había estado en una borrachera con soldados en un restaurante.
«Un administrador de dinero del cártel dijo que se había hecho amigo de un comandante de la Policía federal. Un regidor de la ciudad habló de contrabandear drogas a Estados Unidos», indica el reportaje.
La organización pudo mantener sus operaciones después de 2014 gracias a las parejas sentimentales de los jefes arrestados, se afirma.
La esposa de un líder de Guerreros Unidos que está en prisión perdió el seguimiento a un cargamento de drogas enviado a Estados Unidos, por lo que sospechó que el contrabandista se quedaría con la mercancía y pidió que fuera amenazado si no quería terminar como los normalistas.
«Si sabe cómo le fue a los 43». «No quiere ser el 44», manifestó.
Según mensajes revisados por NYT, el grupo criminal controlaba desde policías de Iguala, así como un carnicero, un herrero que construía compartimentos ocultos en autobuses para transportar heroína, lavadores de autos y paramédicos.
Las comunicaciones no abarcan la noche de la desaparición, pero dan cuenta de la paranoia que inundaba a líderes de Guerreros Unidos antes del secuestro masivo.
Estaban atentos al ingreso de rivales a su bastión, confundieron a los jóvenes y usaron todos sus recursos en complicidad con autoridades de diversos órdenes de Gobierno para desaparecerlos.
El NYT reitera que miembros de la Sedena estuvieron al tanto de lo que ocurría y no compartieron información de inteligencia en el contexto de búsqueda de los normalistas, como tampoco se esforzaron en rescatarlos cuando se cometía el crimen.
DEL DICHO AL HECHO
Algunos datos revelados sobre el caso de los 43, según reportes de la DEA analizados por The New York Times:
Guerreros Unidos
· Tenían nexos con autoridades, policías y mandos militares, a quienes pagaban para mantener a sus rivales fuera de su territorio.
· Trabajaban para el grupo desde un carnicero, un herrero, que construía compartimentos ocultos en autobuses para transportar heroína, hasta lavadores de autos y paramédicos. Todos reportaban lo que ocurría en la zona.
· Peritos forenses coludidos enviaban a los líderes fotografías de escenas del crimen y de cadáveres de posibles rivales.
· Antes del secuestro masivo, los líderes tenían paranoia sobre el posible ingreso de grupos rivales a su bastión.
· La organización mantuvo su operación después de 2014, gracias a las parejas sentimentales de los jefes arrestados.
Ejército
· Estuvo al tanto de lo que ocurrió entre la noche del 26 y madrugada del 27 de septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero, y no intervino.
· Tampoco compartió información de inteligencia en el contexto de búsqueda de los normalistas.
· Un oficial militar ayudó al grupo criminal a proporcionar armas a integrantes de la célula delictiva en un pueblo cercano a Iguala.
Destino de estudiantes
· Algunos fueron incinerados en un crematorio propiedad de la familia de un forense coludido con el grupo criminal.

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