Marcial Campuzano
CHILPANCINGO, Gro., mayo 10.- Para ellas hoy no hubo festejos por el Día de las Madres. La melancolía las invadió, y las inevitables lágrimas brotaron de sus ojos con la mirada fija en las fotografías de sus hijos, que desde hace tiempo están ausentes víctimas de desaparición forzada.
La triste escena se dio al término de una misa que celebró la mañana de este miércoles, el padre Filiberto Velázquez Florencio en la Iglesia de “San Francisco” de esta capital, que ofreció a madres que tienen hijos desaparecidos.
Ante más de una docena de afligidas madres que integran el Colectivo “María Herrera” que organiza búsquedas en campo para localizar a personas desaparecidas, el sacerdote dijo en su homilía que hay abandono de las autoridades y de instituciones que están obligadas a velar por la seguridad de todas las personas.
El también director del Centro de Derechos de las Víctimas “Minerva Bello”, manifestó que en Guerrero no hubiera madres buscando a sus hijos si hubiera instituciones de seguridad comprometidas y enfáticas, que desde el primer momento de la ausencia hubieran actuado para prevenir tan doloroso evento.
Señaló que la ausencia física de quienes están en calidad de desaparecidos, es un recuerdo vivo que mueve corazones y voluntades para continuar la búsqueda, “queremos saber dónde están”.
La ausencia de seres queridos se ha llenado de gritos de mujeres que quieren saber dónde están sus hijos, agregó el religioso.
“El abandono de las autoridades se vuelve solidaridad y sororidad entre nosotros que nos acompañamos, nos consolamos, nos sostenemos cuando parece que protestamos”, indicó.
Pidió a Dios que enseñe a vivir en medio de la incertidumbre a las madres que buscan a sus hijos; que les de consuelo, fortaleza, paz y esperanza; “enséñanos a equilibrar los deseos de encontrar a quienes nos han robado”, y que dé cuidados a quienes hoy están en casa, pues ellos y ellas también sufren la herida de la desaparición”.
Pidió a Dios que cuide a nuestras madres, padres, hijas, hijos, hermanos, hermanos, amigas, amigos “que nos han sido arrebatados, ayúdales a liberarse para que puedan volver con sus familias y a su tierra, cuida de ellos y ellas, dales fortaleza y paz mientras nuestros esfuerzos por encontrarles dan frutos”.
Pidió a Dios que envíe su espíritu de amor, de compasión, para que mueva los corazones de quienes se los han llevado; que mueva los corazones de quienes no tuvieron corazón en su momento para tomar esa decisión y afectar a tantas familias, para que les den la libertad y puedan reunirse nuevamente en familia.
La misa continuó casi en un silencio sepulcral. Cuando finalizó, hubo madres que se soltaron en llanto al invadirlas la melancolía. Frente a ellas estaban colocadas las fotografías de sus hijos ausentes, y una gran lona que daba cuenta de la cantidad importante de personas que siguen en calidad de desaparecidas.
El padre roció las fotografías con agua bendita, lo mismo hizo con las personas que asistieron al evento religioso. La emotiva misa concluyó con la expresión manifestada por el sacerdote de ¡Vivos se los llevaron!, ¡Vivos los Queremos!.
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