Bajo Fuego. Félix, el padre incómodo

José Antonio Rivera Rosales

Las diversas preferencias entre actores políticos de Morena sobre las candidaturas a la Presidencia de la República han comenzado a generar discordias que comienzan a afectar la viabilidad política de los planes de gobierno en Guerrero, señaladamente en Acapulco.

Aunque ni siquiera han trascendido en los círculos políticos locales, la conducta política de algunos ha comenzado a hacer mella en la gobernanza de lo local, pero comienzan también a configurar una hostilidad latente entre grupos con intereses encontrados dentro de esa amalgama de tribus que es Morena.

En esa masa incorpórea que trasluce como un supuesto partido político, destaca la figura y conducta anómala de Félix Salgado Macedonio, el senador que se apoderó del poder de facto en Guerrero, el cual ejerce como un mecanismo de dominación de sus pares para efectos única e indiscutiblemente personales.

Es claro que Félix Salgado mantiene una clara discrepancia con Abelina López Rodríguez, la alcaldesa que ha debido enfrentar el desastre que dejó su antecesora en el cargo, Adela Román, quien ahora despacha como magistrada del Tribunal Superior de Justicia, aunque en los hechos debiera estar bajo investigación penal.

Decíamos, Félix ha entorpecido la gestión de Abelina por el simple hecho de querer controlar la toma de decisiones en éste, el municipio más importante de Guerrero, lo que la alcaldesa en funciones simplemente no ha permitido.

Tal parece que Félix, quien se siente el gobernador de facto -de hecho, pareciera que lo es-, quiere tomar el control de Acapulco tal como ha tomado el control en el resto del territorio estatal donde sus huestes le rinden adoración como si de un tlatoani se tratara. El caso es que la gobernadora formal, su hija Evelyn Salgado, le ha permitido asumir un mando de facto que el senador ostenta sin ninguna verguerza, a sabiendas de que está cometiendo un acto de usurpación del poder público que le corresponde sólo y unicamente a la mandataria consrtitucional.

Félix se placea, ofrece, negocia, toma decisiones, asume posturas que no le corresponden y, en suma, suplanta a su hija en la conducción de algunos asuntos públicos, sin importar el grave daño que le inflinge a Evelyn.

No por nada el círculo íntimo del presidente -su compadre, para mayores señas- lo ha mantenido a distancia e incusive alertó al mandatario sobre el comportamiento inestable e incontrolable del senador. No por nada el presidente mismo estableció distancia para hacerle explícito su molestia con tal comportamiento.

Pero Félix sigue actuando como gobernador sin cartera.

No sólo eso: según trascendidos confiables, Félix trata de boicotear, un día sí y otro también, la gestión de la alcaldesa con fines inconfesables.

Algunos analistas se preguntan que tanta relación podría tener Félix con los hechos de violencia que han sucedido en Acapulco, dada su antigua relación con capos del narcotráfico.

Porque si alguna vez pensaron que es historia vieja el accidentado mandato de Félix cuando se desempeñó como alcalde -fecha en la que recibió amenazas de por lo menos un cártel de la droga-, podrían estar equivocados.

Ya se comentó en este espacio que algunos grupos foráneos del crimen organizado están incursionando tanto con Acapulco como en Chilpancingo, desplazando a las antiguas bandas delictivas que estaban asentadas en el territorio guerrerense.

Pero esos grupos no pueden incursionar si no están respaldados desde el poder, sea el poder estatal o federal, una cuestión que pronto podrá dilucidarse cuando que el nuevo cartel logre su cometido en el puerto de Acapulco, lo que parece inminente.

Para eso primero habrá más violencia y más muertos, lo que proyectará la imagen pública de que Acapulco es ingobernable. Es, pues, cuestión de tiempo para saber cómo evoluciona la violencia tanto en Acapulco como en Chilpancingo.

Una cosa es segura: después de esta confrontación es poco probable que sobreviva el grupo denominado Cártel Independiente de Acapulco (CIDA), cuyos rescoldos es lo que ha tenido al puerto en una situación de incertidumbre, miedo y postración económica.

Esa es la situación a la que tiene que hacer frente Abelina, para lo cual cuenta sólo con el apoyo de los 200 hombres de Infantería de Marina acantonados en el puerto, que deberán compartimentar la información de inteligencia para presentar un frente sólido ante los embates de la violencia sin rostro que afecta gravemente la percepción pública de seguridad que hay de Acapulco.

Sin duda, es una situación muy complicada la que deberá enfrentar la alcaldesa de Morena, para la cual no cuenta más que con su equipo administrativo de mayor confianza y su jefe de seguridad pública, un capitán de la Armada de México, el instituto armado que mejor percepción tiene en el exterior del país por su combate efectivo al crimen organizado.

Así, Abelina no sólo debe corregir los graves desatinos de la anterior administración, que dejó un desastre en el puerto, sino enfrentar la violencia criminal y, el colmo, capotear las intrigas de sus propios compañeros de partido, encabezados por el mismo Félix Salgado, que tal parece que no le darán tregua alguna.

De ese tamaño es el desafío que debe afrontar Abelina. Y no parece contar con mucha ayuda que digamos.

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