CRISTINA GARCIA FLORENTINO
Los gallos y las gallinas, el sol con un lenguaje intencional y festivo, el café negro de olla, las galletas “marías” blandas por mitad al sumergirlas al café, la plática afianzadora y versátil, entusiasta y emancipadora, todo, todo el desayuno era un conjunto de palabras rítmicas y alentadoras, preocupadas y animadoras, conjunción astral, sonidos del viento, mañana prístina con legado simbólico para el trabajo de la extracción del aceite de coco como ritual cotidiano ligado a religiosidades y tradiciones copaltecas.
Los gallos no paraban de cantar, las gallinas de cacaraquear y los pájaros de gorjear anunciando un día esplendoroso, con olor a coco, lo cotidiano como práctica humana, histórica y cultural. Doña Enedina nos recibió en su casa tan hermosa y sencilla como ella misma, tiene su cocina-hornilla especial para trabajar todo el proceso del aceite de coco, botes de plástico vacíos de coca cola de uno, dos litros, de a cuarto y de medio. En una hornilla ya sin leños, llamas ni humos, solo brasas, estaban dos cazos de lámina que contenían aproximadamente 15 litro de aceite de coco, cada uno, recién hechecito, con su aroma único, gratificante, elixir de dioses, inigualable, recién salido de su proceso de producción sacado del coco que se da en racimos en las palmeras de toda la ribera costachiquense.
“Mire, éstas son las latas, abajo tienen agua y encimita tiene el concentrado del coco que dejamos reposar toda la noche y mañana le quitamos lo de encima con una jicarita y abajo queda el agua para los marranos, aquí tengo el pallanque. Orita orita acabamos de rallar el coco, molimos y exprimimos, tenemos nuestro lienzo con el que exprimimos, y a cada lata le ponemos la leche de coco, dejamos que se repose toda la noche y mañana a cada lata le quitamos lo de encima que es el aceite, lo hacemos con una jicarita.” decía doña Enedina emocionada. “Mira Cristy, acá en la hornilla están los trastes con aceite, uno está frio y el otro caliente porque lo acabamos de sacar y ya tenemos listo el que vamos a sacar mañana.
Este es el pallanque, esta es la manzana, esto es para los marranos, en esta lata hay agua, las latas están a la mitad de agua, se la hechamos porque encima le echamos el concentrado del coco exprimido y se deja toda la noche. A ver te platico, primero partimos el coco, le sacamos la carne, después lo rallamos con un aparatito que ya tenemos, después de rallado lo molemos en el molino, después de molido lo exprimimos en un lienzo para sacarle toda la nata concentrada, o bien después de moler exprimimos en una coladera y lo echamos a la lata con agua quedando toda la noche para que eche la nata del coco y al otro día le quitamos la nata con una jicarita, después esa nata que sacamos con la jicarita se pone a cocer en una cacerola en la lumbre y al cocerse sale el aceite de coco y ya cocido se cuela en coladera de alambrito y se pone a enfriar y listo. Y lo que queda en la lata es agua que sirve como desperdicio para los marranos, tengo mis marranitos que se beben ese desperdicio.
En esto nos criamos, mi mamá me enseñó a sacar el aceite, ella se llamaba Eladia Ventura Magallón, yo soy Enedina Muñoz por mi papá y Magallón por mi mamá, mi papá se llamaba Genaro Muñóz, voy a cumplir 90 años en mayo. Quedé sola cuando tenía 35 años porque mi marido falleció, vivía en Campanilla con mi marido y con mis hijos, luego me arrimé con mi mama junto con mis hijos, entonces rallábamos, mire, en ese tronco me acomodaba para rallar el coco, me raspaba seis docenas diario, diario rallaba en estos ralladores, ahora no, ahora mi´ja está en la gloria porque ahora si tiene su aparatito pa eso, y lo muele, tiene su molino. Yo lo sacaba el aceite, yo fui la aceitera y le enseñé. Sabemos que ya está cocido el aceite de coco porque huele bien sabroso, es un olor único.
Mi hija se llama Delfina Cabello Muñoz, a ella la conocen por la güera porque es flaquita, nomás con ella vivo porque tengo a mis hijos regados”.
Así que si quieren aceite de coco, nomas pregunten por la Güera y la gente ya sabe. El litro cuesta 100, el medio 50, el cuarto 20, también hay para guisar, pero ese tema será otro punto de partida y puerto de llegada. Gracias a Doña Enedina y a la Güera por el desayuno y por tan amable recibimiento.