Efraín Flores Iglesias
Desde un principio señalé en esta columna que, la alianza entre Morena, el PT y el PVEM, estaba sujeta con alfileres, que tarde o temprano iba a caerse. Y no por cuestiones ideológicas, sino por el exceso de soberbia de los dirigentes de Morena, especialmente los de Guerrero, ya que creen que solos pueden ganar la gubernatura, los 9 distritos federales y los 28 distritos locales en disputa, así como los 80 Ayuntamientos que habrán de renovarse el próximo año.
Algunos personajes, como es el caso de Pablo Amílcar Sandoval Ballesteros, uno de los 18 que se registraron como precandidatos a la gubernatura, ya que se siente con medio cuerpo en Casa Guerrero. Y lo que es peor, confía que los resultados electorales de 2018 se repetirán en la elección del 6 de junio de 2021.
Lo que no entiende el ex delegado del gobierno federal en Guerrero es que cada elección es diferente y que en 2021 el presidente Andrés Manuel López Obrador no irá en la boleta electoral.
Pablo Amílcar Sandoval siempre ha sido soberbio. Lo demostró como candidato a gobernador de Morena en 2015 –cuando ni siquiera logró el tres por ciento de los votos– y durante los tres años como dirigente estatal del partido que en 2014 fundara el hoy mandatario federal. Y no se diga en su condición de coordinador parlamentario de Morena y presidente de la Junta de Coordinación Política (Jucopo) del Congreso local, en donde no sólo dividió a su bancada, sino que manejó con opacidad los recursos del Poder Legislativo.
Los dirigentes estatales del PT y del PVEM están en todo su derecho de romper la alianza con Morena, y muy especialmente con el grupo de Pablo Amílcar Sandoval, quien a los cuatro vientos grita que será el candidato a la gubernatura “le duela a quien le duela”.
Para llegar a la Presidencia de la República, López Obrador requirió de aliados. El Partido del Trabajo (PT) fue uno de los institutos políticos que no se rajaron para abrazar su proyecto alternativo de nación. Figuras prominentes del PRI, del PRD y del PAN también se sumaron a su causa.
Además, la lucha de AMLO duró más de 20 años. O sea, no surgió en 2018, sino desde los años 90s. Contrario a Pablo Amílcar Sandoval, quien además de no haber nacido en Guerrero, pretende sorprender a los guerrerenses –y a uno que otro ingenuo– que él representa el cambio para el estado.
Lo que muchos desconocen es que Pablo Amílcar hizo a un lado a su propio abuelo, el Dr. Pablo Sandoval Cruz (qepd), quien sí era un hombre de izquierda y de quien ahora se cuelga de su imagen.
Nicolás Chávez Adame, dirigente de la Asamblea Popular de los Pueblos de Guerrero (APPG) y quien fue muy cercano al Dr. Pablo Sandoval Cruz, denunció el 14 de agosto de 2018 que en Morena también hay “soberbia muy marcada” desde antes de asumir el poder. Y puso como ejemplo de ello a Pablo Amílcar, a quien se le buscó para darle la propuesta para el candidato a recibir la presea Sentimientos de la Nación Popular, que en ese año recayó en la persona de Andrés Manuel López Obrador.
“Como solidario con los movimientos sociales aglutinados en la APPG, fue el luchador social Pablo Sandoval Cruz el encargado de entregar el escrito a Sandoval Ballesteros (su nieto), pero éste se negó a recibirla y lo envió a que fuera a entregarla en las oficinas de Morena en Chilpancingo (…) ahí nosotros vimos que no hubo una sensibilidad política”, señaló. (La Jornada Guerrero, 14-VIII-2018).
En efecto, Pablo Amílcar es un hombre soberbio, sin tacto político y un convenenciero político.
Su desprecio al PT y a otras organizaciones autodenominadas de izquierda lo demostró en 2018 cuando era dirigente de Morena en Guerrero, pues gracias a él no se concretó la alianza en los 28 distritos locales y en los 81 Ayuntamientos con el partido que a nivel estatal encabeza –y sigue encabezando– Victoriano Wences Real.
Y la historia se repite. Gente cercana al precandidato fifí de Morena manifestó desde un principio su oposición a la alianza con el PT y el PVEM, al tildarlos de “traidores” y “aliados del PRI”.
El problema no es que no quieran el apoyo del PT y del PVEM. Claro que necesitan de ellos… pero sus votos, y a cambio de nada.
Cuánta razón tenía el ex gobernador Rubén Figueroa Figueroa al señalar que “el pastel no debe de comerse solo, porque indigesta”. Y Morena tiene ese gran problema: comerse el pastel sin compartir.
La soberbia es mala consejera.
Las encuestas dicen que Morena tiene asegurada la gubernatura para el 2021, pero del plato a la boca, se cae la sopa.
Obviamente, el PT y el PVEM llevarán como su gallo a una figura de la llamada Cuarta Transformación, porque para que la cuña apriete tiene que ser del mismo palo. ¡Zas!
Y mientras la izquierda radical se divide y actúa con excesiva soberbia, el PRI y (su aliado) el PRD avanzan sin tanto problema para pelear con todo y retener la gubernatura.
ENTRE OTRAS COSAS… En su desesperación de llegar a la Alcaldía de Chilpancingo y descuidando las tareas legislativas, la diputada local de Morena, Norma Otilia Hernández Martínez, realizó este jueves caravanas por varias colonias populares de la capital, que denominó “Navidad en tu colonia”, cuyo objetivo es “llevar alegría en tiempos difíciles de pandemia”.
Lo cuestionable del asunto es que expone la salud de los infantes y de las personas adultas que se acercan para presenciar el espectáculo que organiza, pues ni siquiera la persona que se viste de “Santa Claus” utiliza cubrebocas ni guarda la sana distancia con los niños, que tampoco usan cubrebocas para evitar contagiarse de Covid-19.
Es claro que a la diputada Norma Otilia le vale un soberano comino la salud de la población y estar al pendiente de la discusión y aprobación de Leyes de Ingresos y temas económicos para los 81 municipios.
Hace unos meses fue exhibida también en algunas comunidades de la sierra de Chilpancingo por no respetar las medidas sanitarias que exigen las autoridades estatales y federales. Lamentable su actuar.
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