Hace unos días (2 de agosto), el dirigente nacional de Morena, Alfonso Ramírez Cuéllar, visitó el puerto de Acapulco y aseguró que su partido ganará en las elecciones de 2021 en Guerrero. De hecho, fue más allá: “La verdad es que aquí es casi carro completo (gubernatura, alcaldías y diputaciones locales y federales), Guerrero se va a pintar en su totalidad de guinda, teniendo en primer lugar la gubernatura”.
Esto lo señaló durante la presentación de Esther Araceli Gómez Ramírez como la responsable de Organización del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) de Morena en Guerrero, y ante la presencia del dirigente estatal de dicho instituto político, Marcial Rodríguez Saldaña, y del diputado Luis Enrique Saucedo Ríos, presidente del Consejo Estatal morenista.
Ramírez Cuéllar aclaró que Gómez Ramírez tiene la encomienda de unificar a Morena y no a desplazar a nadie.
La tarea de la responsable de Organización del CEN de Morena no será sencilla, ya que cuatro grupos políticos internos se detestan y ambicionan la candidatura a gobernador.
En efecto, me refiero a los nuñistas, marcialistas, sandovalistas y felixistas, que desde hace varios años han protagonizado serios desencuentros. El pleito lo han trasladado, incluso, hasta el Congreso local, en donde son mayoría como fracción parlamentaria y encabezan la Junta de Coordinación Política (Jucopo).
Lo que Ramírez Cuéllar no entiende es que la mayoría de los cabecillas de los grupos o tribus que conforman a Morena, son unos ambiciosos vulgares –AMLO dixit– y que lo que menos les interesa es la unidad y el progreso de Guerrero. Lo más importante para ellos es lograr candidaturas y cargos –para sus allegados– en las elecciones del próximo año y no quedar fuera del presupuesto.
Es cierto, las encuestas favorecen en este momento al partido del presidente López Obrador en Guerrero.
Lo que los dirigentes de Morena olvidan es que la elección no está decidida aún y que de aquí a junio de 2021 pueden darse muchas sorpresas.
Morena ganaría la gubernatura y la mayoría de las alcaldías y los distritos si elige buenos candidatos y logra la unidad interna, lo cual parece muy complicado, pues la lucha de egos pesa más que sus principios y documentos básicos.
Los seguidores de Pablo Amílcar Sandoval Ballesteros, por ejemplo, detestan al senador Félix Salgado Macedonio. Y viceversa, los felixistas repudian al delegado del gobierno federal en la entidad.
Los integrantes del grupo político de César Núñez Ramos tampoco ven con buenos ojos a Sandoval Ballesteros. Y lo mismo ocurre con los seguidores del dirigente estatal de Morena, Marcial Rodríguez Saldaña, antiguo archi adversario del multicuestionado “súper” delegado.
Otro que tampoco tolera a Pablo Amílcar y al mentado “Toro sin cerca”, es Sergio Montes Carrillo, ex representante de Morena ante el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana (IEPC).
Y lo que es peor: los sandovalistas también han emprendido una guerra de lodo contra el ex alcalde de Acapulco y ex senador de la República, Luis Walton Aburto, a quien ven como un fuerte aspirante a la gubernatura… ¡por Morena!
Walton no se ha prestado a la guerra sucia. Por el contrario, es uno de los que se han pronunciado a favor de la unidad y del respeto entre los aspirantes a la gubernatura.
Muy difícilmente los morenistas lograrán la unidad rumbo a la elección de 2021. Insisto, la soberbia es la que se impone.
En 2021, los guerrerenses evaluarán no sólo el papel realizado por el presidente de la República y el gobernador Héctor Astudillo Flores, sino también a los alcaldes y los legisladores. Y de los 16 alcaldes que tiene Morena, la mayoría ha realizado un pésimo papel, como es el caso de Adela Román Ocampo, quien también sueña con llegar a la gubernatura… pero sus posibilidades son escasas. Si no puede con los problemas de Acapulco, menos podrá con los que enfrenta Guerrero.
Ramírez Cuéllar debería de informarse mejor y jalarle las orejas a los malos elementos que tiene Morena, sobre todo, aquellos que ocupan importantes cargos públicos y que solapan las irregularidades financieras de sus predecesores, como ocurre con J. Jesús Villanueva Vega, representante del distrito XVII de la región de Tierra Caliente y actual presidente de la Jucopo del Congreso local, ya que a principios de este año se comprometió en que haría públicas las auditorías practicadas a Pablo Amílcar Sandoval Ballesteros (su jefazo) y a Antonio Helguera Jiménez. Pero es la hora en que no ha informado nada, lo cual huele a complicidad.
Debe quedar claro también que en 2021 ningún partido ganará las elecciones con su propia estructura, sino a través de alianzas con otras fuerzas políticas. Y las alianzas se construyen a través de acuerdos, y no solamente de buenos deseos.
El PRI y el PRD no están muertos electoralmente y aprovecharán cada error de Morena.
Otro dato que también vale la pena destacar es que el presidente López Obrador no aparecerá en la boleta electoral, lo cual representa una seria desventaja para los candidatos que postule Morena, ya que ahora sí tendrán que hacer campaña por su propia cuenta.
La elección de 2021 está a la vuelta de la esquina y se pondrá muy interesante.
ENTRE OTRAS COSAS… La violencia y los asaltos se han disparado en Chilpancingo. Y tal parece que el autodenominado “Gobierno de la Gente” justificará su incapacidad para prevenir los delitos, como siempre lo ha hecho: pidiendo auxilio a los gobiernos estatal y federal.
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