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Desde sus orígenes, la feria de Copala se festejaba cada 8 de Mayo, bajo la algarabía general y adonde asistían las familias y personas que residían fuera del terruño. Pero que regresaban puntualmente para tal celebración, como lo confirman nuestros entrevistados en otros textos; más tarde se cambió al mes de diciembre, para facilitar la asistencia de los “fuereños copaltecos” pero desde 1966, según cuentas de los más viejos, se suspenden y pasan ¡treinta y cuatro años! Sin este suceso.

Entre los meses de marzo y abril del 2000, siendo Presidente Municipal Constitucional C.P. Luis Javier González Guerrero se reinician las inquietudes por reinsertarla en el ánimo popular y de aquí se decide, por acuerdo de cabildo en sesión pública, llevarla al 24 de Junio, en que se recuerda la vida y obra de San Juan, en la que se desarrollan misas católicas, bajo altares vistosos y coloridos, desfiles alegóricos y llamativos y un cúmulo de actividades socio-religiosas que deleitan el espíritu comunitario como lo han sido el espectáculo charro-taurino de toro o becerro, caballo y jinete mejor conocido como “jaripeo”, la quema de castillos, de toritos, la presentación y participación de la tradicional danza de moros que en los tiempos de aquellos tiempos ensayaba el señor Leonides Damián (qpd), el juego social de arrestos comunitarios a las personas que detenían para ser encarceladas hasta pagar la multa que consistía en dinero, aguardiente, mezcal o un cartón de cerveza, dependiendo del acuerdo de la mayordomía y convivencia local.

De las danzas participantes de los tiempos de aquellos tiempos también se recuerda la danza del “Toro Petate” ensayada por el señor Victor Medel(qpd) que consistía en bailar los sones de esta danza usando un toro adornado y hecho de distintos materiales pero principalmente cubierto con varios petates holgados, vestido con tiras de colores de papel de china, acompañado de jinetes a caballo con garrochas en las manos simulando perseguir toros o becerros y bailando sones al compás del violín y una numerosa concurrencia con mojigangas que no son más que hombres vestidos de mujeres siguiendo el ritmo del baile de chilenas y sones de la región.

Atrixco era una de las localidades participantes con la “danza de los diablos”, que ensayaba el señor Pantaleón Petatán mejor conocido como tío pantita(qpd). Dos hombres eran los protagonistas, uno se vestía de negro fingiendo ser el Diablo, usando largas crines de caballo enredadas que pendían desde la cabeza con juego y movimiento suave al compás de la música y el otro se vestía de mujer con naguas rojas imitando a la diabla que sosteniendo una quijada natural de vaca lograba el sonido de percusión en los dientes con un peine que movía en la almohadilla dental gruesa y dura, similar al uso del güiro. Los dos encabezaban la danza seguidos por 12 diablos que con ritmo bailaban y cantaban:
“Ya se van los diablos señores, para Juchitán
a beber atole señores, con panocha y pan”

Uno o dos días después de iniciada la feria venía la jornada de cierre y clausura donde la convivencia era grata, con jolgorio y algarabía pues las personas de las localidades y poblaciones circunvecinas bajaban y se acercaban con gran devoción cristiana a la iglesia del Santo Patrono para escuchar la palabra de dios a través de la misa que el cura de Ayutla en representación del obispo de Chilapa venía a celebrar y también nombrar al siguiente mayordomo del santo Patrón San Juan Bautista. Fiesta que culminaba con un gran baile, muestras alegóricas, bullicio, fandango, arpa, artesa, donde las divinas mujeres copaltecas lucían sus mejores vestidos, collares con cuentas de oro y aretes vistosos y llamativos bicolores y brillantes. Años después Santa Cruz González Cortés(qpd) Presidente Municipal Constitucional en turno, trajo a esta celebración los mejores juegos mecánicos y electrónicos como la ola, la taza, la rueda de la fortuna, los caballitos y otros carruseles que eran colocados entre las calles que rodeaban el centro de Copala, el Palacio Municipal viejo, y otros cerca de la tienda del “Güero”, de “Casa Verde”, “Casa Flores”, de la tienda de “Doña Nanda” (qpd) de la “casa de alto” en otros tiempos llamada Tienda “La buena fe” que era la que surtía a todo el municipio de abarrotes, mercería, zapatería, alfarería, bordados, ferretería, joyería, talabartería y telas y todo, tenía de todo y era propiedad de don Macario Figueroa (qpd), posteriormente “Casa Rosita” se encargaría de la vendimia de la ropa económica, todo en derredor del zócalo copalteco que al paso del tiempo sus tamarindos y árboles de sabrosas sombras se embellecerían con su kiosco y fuente de aguas frescas donde todos los secundarianos y estudiantes nos acercábamos a refrescarnos el alma y a jugar con sus aguas limpias y cristalinas como espejos, otros a platicar y otros más a “fajar” confundidos por las sombras verdes que daban vida a la vida copalteca.

De forma complementaria pero lúcida se agrega a esta fiesta el evento de “señorita flor del Copal”, que igualmente en otros tiempos ha coronado reinas de belleza con escenografías propias de la fecha y época con la participación de bellas mujeres volviéndola una auténtica tradición más de nuestro calendario copalteco y que hoy le toca a Lupita recorrer y develar la historia en este evento próximo de nuestra cuna costeña donde ya se vive y siente en medio de la algarabía, la puesta de las escenografías plenas de luz, texturas y colores, montajes imaginativos de gran creatividad y pasión por la vida y por el digno papel que ella misma orgullosamente ha representado en nuestro municipio.

Los fieles testimonios declaran que la fiesta se celebraba en varios puntos geocéntricos del pueblo, disfrutando la convivencia en la plaza pública que hoy tiene algunos arbolitos de Copal en su plaza principal, simétricamente acomodados, que don Santa Cruz González Cortés mandó plantar y que después de decenas de presidentes municipales varones hoy se abre un riquísimo horizonte para darle paso al trabajo comunitario, humano y sensible de una mujer, para beneficio colectivo, visionaria y de la cual estamos seguros que a la postre le dará una identidad incomparable y eterna a nuestro pueblo copalteco por los siglos de los siglos…

Por: Cristina García Florentino

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