De las campañas…

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                                                       Rodrigo Juárez Ortiz.

Sabemos que las campañas, en su acepción mas conocida se refieren a un “conjunto de actividades o esfuerzos, de tipo político, social o económico, aplicados a un fin determinado”. Cuando se quiere informar, inducir, educar, concienciar, prevenir, alertar,  entre otros, a la colectividad, una de las formas mas socorridas es a través de campañas, incluso hasta para denostar (lamentablemente) a personas físicas o morales. Obviamente ello requiere recursos, o sea, los elementales, v.gr.: humanos, financieros y materiales. La experiencia nos ha enseñado que una campaña (con el objetivo que sea), bien planeada, estructurada, financiada y ejecutada , las mas de las veces da óptimos resultados a sus creadores. Ejemplos en el devenir del ser humano son cuantiosos, positivos unos como las campañas para prevenir enfermedades, o percances naturales, y otros  negativos (en su fin), como lo dieron las campañas creadas y realizadas por el ministro de Propaganda del tercer Reich, Goebbels.

El quid del asunto estriba en que, sabedores de su efectividad, que resulta avasallante, y normalmente cumplen su cometido, se requieren campañas PERMANENTES para educar a nuestro pueblo, de una manera  preventiva, antes de que se padezcan los efectos negativos  de fenómenos naturales, sociales, económicos o políticos que muchas veces nos aquejan, vamos, se trata de una exigencia que requiere de atención prioritaria.

En efecto, se necesitaría ser una persona insensible o estar fuera de este mundo, para no darse cuenta que padecemos de muchísimos problemas  (no ajenos a otros pueblos), que se podrían solventar no solo merced a la educación que se adquiere ( debería) en casa, en la escuela, en el trabajo, en el entorno (social, político, económico), sino en la propia formación personal.

De esta guisa, ya sea el sector público, el privado o ambos, deberían propiciar y realizar campañas PERMANENTES para que la gente: en lo ecológico, no tire basura en la calle; siembre y riegue árboles; no mate ni atormente a los animales; deje de contaminar el ambiente ( suelo, agua y aire); cuide el agua; no provoque incendios forestales; en lo jurídico, respete invariablemente la ley y sus reglamentos, acabar con la corrupción y la impunidad; en lo político,  respetar a las autoridades ( que deben ganarse ese respeto), respetar el proceso electoral; en lo económico, crear conciencia turística;  en lo humanístico, respetar, ante todo, la vida, la integridad física de las personas y su libertad; propiciar la solidaridad social, así como la otredad, entre otros tantos asuntos que nos agobian, pero con estos, en principio, podemos (estoy seguro) paliar, en gran medida, todas las vicisitudes que acarrea su falta de promoción. La dificultad de las cosas no está en hacerlas, sino en empezar a hacerlas. Querer es poder. O  usted, decidido lector. ¿Qué opina?

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