Hay un viejo dicho popular con mucha presencia entre nosotros que reza: “nadie es profeta en su tierra” y también una frase adjudicada a Don Narciso Bassols (quien fuera secretario de Hacienda y de Educación, en su tiempo) quien dijo:” Para valer en México, hay que morirse”, refiriéndose, obviamente, a que en vida nadie es reconocido hasta que muere..
Es el caso que tenemos un ejemplo excelente que revierte, con plenitud, ambos criterios y nos referimos específicamente al escultor por antonomasia, al artista creador, quien por medio de la facilidad que le es innata, pero merced a un gran, imparable y vigoroso trabajo ha forjado, básicamente en metal, toda su obra. Me refiero a Pal Kepenyes, el escultor ya mexicano, de origen húngaro quien fue reconocido en su tierra natal al ser colocadas en la Plaza central de Budapest, la capital de Hungría, tres de sus obras, lo que le ha merecido el título de “ Kondorosi Pal Kepenyes”, así como el hecho de que está en los trámites para la preparación de un museo que en su primera fase tendría obra suya de, por lo pronto, 80 obras que ya se encuentran en ese país, según nos reporta una nota de este diario.
El asunto es que sí resultó profeta en su tierra natal este creativo y extraordinarios artista, y también no necesita morirse para ser reconocido, sin embargo, la paradoja está en que viviendo en México y específicamente en Acapulco, en donde ha entregado su vida entera, no se ha aprovechado en forma adecuada su creatividad y no se le ha ofrecido la construcción de obra macro, tanto para embellecer a la ciudad, como para tener la obra como atractivo turístico, amén de enriquecer culturalmente a nuestro entorno.
En efecto, se está perdiendo la oportunidad de que Pal Kepenyes se vuelque artísticamente en nuestro puerto por falta de visión y sensibilidad de quienes tienen la posibilidad de hacerlo.
No es nuevo hablar de Pal y su obra. Se ha dejado constancia de las características de ella, de su profundidad, de su sentido y su mensaje, de su prolijidad, que va desde la obra de joyería en oro, plata, y bronce, pasando por sus “móviles”, los cuales uno puede cambiarles la presentación y crear nuevas imágenes y formas, dentro de la misma obra escultórica, hasta las esculturas monumentales, una de las cuales ya se exhibe en la entrada a Puerto Marqués, llamada “Pueblo del Sol” y que se ha convertido en un símbolo para los lugareños. No sería justo soslayar la gran presencia que significa para la vida de Pal la constante actividad desplegada por su pareja Lumi Dehesa, mejor conocida por Lumi Kepenyes.
Hay que aprovechar, positivamente, la presencia de Pal en nuestro puerto. Hagamos conciencia.
O usted, sensible lector, ¿ Qué opina?
Por: Rodrigo Juárez Ortiz.