Por: Miguel Ángel Mata Mata
El sonido de las balas no es el mismo. En Chilapa, el domingo, el pum, pum, pum resonó por noventa minutos. La retórica de las balas dejó, según dicen, diez ardillos, de un grupo criminal, muertos por el pam, pam, pam, que salió de los fierros de policías comunitarios. Fueron diez los muertos.
Distinta cadencia y sonido en Acapulco. El domingo, de hace ocho días, el pas, pas, pas acompañó al ritmo de la cumbia que sonaba arriba del Aca Rey, un catamarán gigante que divierte a turistas a bordo. El saldo: cuatro jóvenes heridos.
En Chilapa los ardillos portaban cuernos de chivo. Los comunitarios rifles de menor calibre. En Acapulco fue una pistolita 22. Es el pan de cada día: balas, balas, balas.
En la Ciudad de México, hace dos semanas, los diputados federales de los partidos Movimiento de Regeneración Nacional y Revolucionario Institucional, se unieron para crear la Guardia Nacional. Un primor de ley, festejaron.
La intención fue atajada por la famosa mañanera. “Así no me gusta”, dijo el presidente Andrés Manuel López Obrador, e instruyó a los senadores de MORENA a modificar la ley aprobada por los diputados federales. La quiere a su modo.
¿El ritmo de las balas de Guerrero no se escuchan en la ciudad de México? Parece que no.
Aquí el gobernador, Héctor Astudillo Flores dijo de nuevo que espera y que hará lo que le corresponda para colaborar en sus alcances políticos, para que el Senado apruebe la Guardia Nacional y disminuir los índices delictivos en Guerrero.
Difícil situación. Los senadores del PRI no harán lo que sus diputados federales. Han anunciado que no aprobarán la guardia nacional así, como la quiere el cabecita de algodón.
En Acapulco, luego de la balacera del domingo anterior, algo pasó. Lunes, martes y miércoles no hubo la ejecución de cada día. Algunos dijeron, por ahí en el malecón, que los chamacos heridos dieron santo y seña de quienes los balearon.
Ese mismo domingo hubo otra balacera en uno de los barrios aledaños al centro de la ciudad. Se dijo que marinos llegaron a una casa de seguridad por ahí, por Lerdo Tejada, habrían sido recibidos a balazos, pero ellos ganaron.
El lunes se anunció la detención de una célula de supuestos sicarios. Luego, la aparente calma, se rompió en Mozimba, ocho días después, cuando mataron a una mujer checadora de las rutas del transporte público. Ahí quedó. Sentada en un banquito en la banqueta, junto a la entrada de la Iglesia de nuestra señora de Guadalupe, y frente al hospital Sagrado Corazón de Jesús, sobre la calzada Pie de la Cuesta.
¿Pasó algo? ¿Es posible romper la cadenciosa retórica delas balas? Pareciera que sí.
Pero los marinos y guachos aun no cuentan con un marco legal que les permita actuar dentro de la ley y tomar presos a sicarios, lo mismo que a quienes asaltaron Sanborn’s centro, el restaurante Cien por Ciento Natural u otros comercios ubicados en la costera.
¿Recuerdan? ¿Alguien prometió abrazos y no balazos? ¿Retórica? ¿Demagogia?
La retórica es la disciplina que estudia y sistematiza el lenguaje utilizado en los diferentes campos de conocimiento, permitiendo que la comunicación en cada ámbito consiga los objetivos que se plantea, tanto comunicativos como estéticos.
La demagogia emana del griego, se encuentra conformada por dos vocablos de dicha lengua: “demos”, que puede traducirse como “pueblo”, y “ago”, que es un verbo que ejerce como sinónimo de “conducir”. De ahí, que nuestro término pueda definirse tal cual como “guiar al pueblo”.
¿Queda claro?
DE LA DEMAGOGIA A LA
INCOMPETENCIA
Los regidores de Acapulco aprobaron, el año pasado, enviar a la Cámara Local de Diputados las nuevas tarifas para licencias de funcionamiento de comercios en el puerto. Todo iba en orden.
Sin pasar por los regidores y sorprendiendo a los diputados locales de la comisión de hacienda, cuya presidenta es la esposa de un regidor de apellido Aguirre en Acapulco, los legisladores recibieron “un addendum”.
Una adenda (en latín: addendum dobadum errata) es todo aquel añadido que se agrega a un escrito.
El agregado al escrito previo enviado y aprobado por los regidores, lo enviaron desde la Secretaría de Finanzas del gobierno municipal. En ese agregado se plasmó la estupidez de pretender aumentar el costo de licencias de funcionamiento hasta en casi un mil por ciento.
La presidenta municipal, Adela Román Ocampo, salió a corregir la plana a su jefa de finanzas. “Fue un error y no habrá aumento en el costo de las licencias”.
Le faltó algo a la señora presidenta. Los aumentos también se aplicaron al predial y, aunque usted no lo crea, el titular de salud municipal ha enviado grupos de inspectores a exigir “moches dobles” a todos los negocios que no obliguen a sus empleados a sacar la famosa cartilla, que en el siglo pasado usaban quienes ejercían la prostitución en la Zona de Tolerancia dela ciudad.
Una adenda a la presidenta: Ya se fue un secretario de finanzas. Un director de la comisión de agua potable, el jefe de finanzas de la CAPAMA y otros tantos. ¿De qué méritos goza quien ha cometido impresionante estupidez?
PREGUNTAS QUE MATAN
¿Quién es amigo del cabecita de algodón, de los secretarios de relaciones exteriores y de marina, del particular de la presidencia, del gobernador de Guerrero, del jefe de los senadores de MORENA, colocó alfiles en la Secretaría de Seguridad Pública federal, es dueño de un partido y anda de gira por todo el estado?
Jeje.