Actualmente los seres humanos estamos pasando por sucesos inéditos, diferentes en cuanto a la forma, pero idénticos en cuanto al fondo de nuestra naturaleza, razón por la cual esta entrega la dedicaremos a uno de esos elementos: la hipocresía.
Tal vez a algunos les parezca ocioso teniendo tantos problemas que nos agobian en nuestro país, v.gr.: el daño ambiental, la pobreza extrema, la inflación, el huachicol, la delincuencia organizada y no, la execrable corrupción y la siniestra impunidad, entre otros y al exterior, las constantes guerras en la lucha por el poder, las excentricidades y exageraciones de gobernantes, quienes en forma populista quieren afianzarse en el mismo, como en el caso del titular del Ejecutivo en USA, quien ha suspendido las funciones del gobierno federal, para presionar a su Congreso para que le dé fondos para la construcción de la valla de acero en la frontera con México, a pesar de las protestas multitudinarias en contra de tal medida; y al respecto de todo ello hay plumas competentes que han escrito sobre estos temas, algunos con capacidad indiscutible y otros movidos por intereses mezquinos y por ello el escoger el tema de una de las lamentables características de algunos bípedos implumes para no olvidar a nuestra naturaleza.
Es el caso que, volviendo al tema, entendemos a la hipocresía como la actitud de fingir determinadas ideas, sentimientos o cualidades que son absolutamente contrarias a las que en realidad se sienten, se tienen o piensan y el hipócrita es aquella persona que actúa en ese sentido, lo cual le coloca en una posición deleznable y nada afortunada que, sin embargo, a su vez, en contraste, nos permite aquilatar todas aquellas actitudes positivas, entre otras, como la integridad, la autenticidad ( cuando se actúa con positividad) la honestidad, la valentía y por sobre todas ellas el valor de la verdad, lo cual nos permite actuar en plenitud de conciencia por el hecho de ser sinceros, no ocultar los hechos ni los sentimientos auténticos, ni tampoco crear imágenes falsas en el ánimo de nuestros interlocutores creándoles expectativas equivocadas.
Es así que el falso, el hipócrita jamás será capaz de saber lo que es la satisfacción plena de la verticalidad y del actuar responsablemente ante nuestros semejantes, ni tampoco del gozo que se logra frente a terceros cuando a merced de la verdad se crean auténticos paraísos de felicidad.
No caigamos en el coto siniestro de la hipocresía. No abonemos a la mezquindad del espíritu. La verdad os hará libres.
O usted, vertical lector,¿ Qué opina?
Por: Rodrigo Juárez Ortiz.
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