El Filósofo de Güémez: LA SONRISA

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El viejo Filósofo ha aprendido de esas escuelas de amor, bondad y sabiduría que son las abuelas, que la vida es una fiesta pa’ disfrutar, gozar, amar y sonreír, porque la sonrisa es tan sacrosanta como la vida.

La sonrisa te ayuda a construir puentes de amor y paz, es una nítida radiografía de tu alma, que proyecta tu estado emocional, una puerta de entrada a tu espíritu, que te ayuda a accesar con amor a la gente de tu vida; una sonrisa es un arrumaco para el corazón, por los químicos que crea tiene la magia de renovar tu vida.

Su resultado es generoso y multiplicador, tiene consecuencias positivas en nuestra química orgánica y las relaciones con los demás, su poder terapéutico minimiza el estrés, mejora el ánimo, ahuyenta la soledad, aquieta los miedos, nos hace sentir mejor, incrementa nuestra tolerancia y eleva la autoestima.

La sonrisa está llena de magia: hace más seductoras a las mujeres, a los políticos les da confianza en el ciudadano, a los jóvenes les llena de poder, a los niños los trasforma en un ángel en la tierra.
Decía Gabriela Mistral que “Hay sonrisas que no son de felicidad, sino una manera de llorar con bondad”. De cualquier manera, será porque para sonreír hay que saber llorar con el corazón, que es una forma inteligente de sanar viejas y nuevas heridas.

Los niños enseñan que la fuerza de la vida está en la alegría, que es tan terapéutica como sanadora, por eso vibran con el poder de la sonrisa, que es la íntima conexión con su divinidad interior, que les dice que es una manera sencilla de hacer más llevadera la vida.

En los niños como en los abuelos, se encierra la magia de la existencia, porque saben poner su alegría y sonrisa al servicio de los demás, construyendo un maravilloso puente de amor con las almas que son tocadas por ella, llenando el ambiente de un caleidoscopio multicolor.

Cuando tienes la sabiduría de aprender a sonreír, entiendes que es una manera sencilla de quitar poder a los problemas, a las fobias, al dolor y a los miedos, sonreír es una forma de eludir la tragedia de la infelicidad crónica, disponiéndote con amor a vivir sabia y plenamente cada instante de la vida.

No hay en la vida tema grande o pequeño, profundo o superficial, que no pueda ser enriquecido por el poder de una sonrisa, que tiene el poder de hacer que la gente que venga a ti se vaya mejor de como llegó.

La sonrisa es un símbolo que en todas las lenguas, de todos los continentes, expresa lo mismo: ánimo, consuelo, paz interior, amor, bienestar, buenaventura, alegría y felicidad.
El viejo Filósofo te invita a que HOY seas capaz de reconocer que vives al límite de los milagros y dándote permiso de sonreír, mira con júbilo a tu alrededor, hacia un lado y hacia el otro, hacia arriba y hacia abajo, y observa lo afortunado que eres al estar lleno de bendiciones.

Recuerda que sonreír es de sabios que entienden que sólo pasas por esta vida una sola vez y como la canción de la Macarena “dale a tu cuerpo alegría”, con el poder y el imán que genera la sonrisa.
Una sonrisa estimado lector, es precisamente lo que sacas día con día de La Agenda 2019 de El Filósofo de Güémez, que se ha convertido en un excelente regalo para ésta fechas y que ya está a la venta en: filosofo2006@prodigy.net.mx o en el Tel. (01)834 3144631. Recuerda Charles Chaplin decía: “Un día sin humor, es un día perdido”

A propósito de sonreír, un pela’o compra un invento hecho en el Politécnico, el ROBOT DETECTOR DE MENTIRAS que cachetea a las personas cuando mienten. Decide probarlo en la cena con su hijo:
–– Mijo, ¿ónde has estado HOY?
— En la escuela apá. –responde el joven.
Viene el ROBOT y le da un cachetadón.
— Está bien…vi una película con mis amigos.
— ¿Qué película?
— El hombre araña. El ROBOT le mete otra cachetada.
— Está bien –corrige el hijo–, era una película porno.
El papá sorprendido: — ¿Cóóómo?, cuando yo tenía tu edad, no sabía lo que era una película porno.
El ROBOT va y le da una cachetada con la mano abierta al papá.
La mamá que observó todo, atacada de la risa, le dice burlona: — ¡HIJO TUYO TENÍA QUE SER!
Y el ROBOT le da tremenda cachetada a la mamá.

Por Ramón Durón Ruíz (†)

 

filosofo2006@prodigy.net.mx

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