De Frente. Los amorosos nostálgicos de Acapulco

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Por: Miguel Ángel Mata Mata

Desayunábamos en Tortas Chavelas, en la esquina que hacen José María Iglesias y Costera Miguel Alemán, a una calle de la plaza central de Acapulco, Juan N. Álvarez. Desde las tres de la mañana, el “diyei” de la disco ponía la música de Barry White y todos al cachondeo previo al fin que anunciaba que, a las cuatro de la mañana, todas las discotecas de Acapulco cerraban sus puertas.

Otras veces nos corrían de las cantinas instaladas en el centro de la ciudad, o una calle atrás de la costera Miguel Alemán, a la una de la mañana. ¿Alguien recuerda a Chanito, de El Sombrero, ubicado atrás de lo que hoy es La Aurrerá? En ese lugar mataron, alguna vez, a un periodista y, entonces sí, el homicida fue hecho preso a pesar de ser una persona influyente. A la una, sin excepción, a la calle. “Se acabó el servicio, señores”, decían meseras y cantinero.

Gloria a Dios en las alturas,

Recogieron las basuras

De mi calle, ayer a oscuras

Y hoy sembrada de bombillas.

(Serrat)

Y, como dice la canción de José Alfredo Jiménez, llamada “Llegó borracho el borracho”, decíamos, borrachos y cantineros, “si quieres seguir bebiendo, vámonos para otra cantina”. Y borrachos, cantineros, discotequeros y, los que gustaban de la fiesta, luego de la madrugada, coincidíamos en un sitio: “La zonaja”. “Hasta que el cuerpo aguante o defequen sangre”, gritaba viejo reportero nacido en Hidalgo y adoptado por Acapulco como uno de sus queridos hijos, Don Carlos Ortiz Ortiz.

Llegábamos al Trece Negro, los de menos ingresos. A La Huerta, pudientes y turistas de todo el mundo. Un submundo o, como dice un periodista de Oaxaca que ha hecho fortuna en Acapulco, aunque él odia a quienes le han tendido su generosa mano hospitalaria, “el undergaunnnnn”.

Y colgaron de un cordel

De esquina a esquina un cartel

Y banderas de papel

Verdes, rojas y amarillas.

(Serrat)

Coincidíamos allí los trasnochados, mientras Acapulco dormía a partir de las cuatro de la mañana para dejar que, desde las seis de la mañana, saliesen los niños a las escuelas, las amas de casa al mercado, los decentes al café del centro y los turistas que llegaban con sus familias a disfrutar de playas y paseos por la mar, hasta La Roqueta para ver a La Virgen sumergida en la mar o, los ricos, a comprar oro y artesanías a El Parazal, hoy convertido en merca ambulante.

Íbamos a veces a las discotecas donde, hombres vestidos de mujer, bailaban, imitaban a mujeres artistas y disfrutábamos de la impresionante afluencia de turistas nacionales y extranjeros. Poco antes de las cuatro de la mañana, igual que en las discotecas, Barry White anunciaba el fin de la fiesta. Regresaban todos al clóset.

Y al darles el sol la espalda

Revolotean las faldas

Bajo un manto de guirnaldas

Para que el cielo no vea,

En la noche de San Juan,

Cómo comparten su pan,

Su tortilla y su gabán,

Gentes de cien mil raleas.

(Serrat)

Disfrutamos dos Acapulco’s: el del juego, vicio y prostitución, que prolongaba su lúdico juego por 24 horas en la Zona de Tolerancia, y el de las familias decentes, de la misa de nueve, los almuerzos y las playas doradas. En equilibrio decencia e indecencia. Con pleno respeto, a lo que cada quien hiciese con su cuerpo.  Nadie se metía con el otro. Cada quien su gusto.

¿Dónde quedó aquel recuerdo? ¿Cuándo lo perdimos? ¿Qué pasó? Visitamos la semana pasada lo que queda de la vieja Zona de Tolerancia, convertida en ruinas.

Apurad

Que allí os espero si queréis venir

Pues cae la noche y ya se van

Nuestras miserias a dormir.

(Serrat)

Aún queda en pie, estoica, la fonda La Venturita, que funcionó, siempre, juntos al Trece Negro. Comimos, como antes, un aporreadillo. Hoy lo sirve la hija de “La Cacareca”, como decíamos a la chaparrita que nos bajaba la ebriedad con un plato de huevo con cecina y chile bien picoso, unos chiles de amor, pipisa, frijoles, cebolla morada y una buena dosis de memelas.

¿Qué pasó con la zona de tolerancia a donde se refugiaban todos los que escondían sus vicios de los niños que iban temprano a la escuela?

Vamos subiendo la cuesta

Que arriba mi calle

Se vistió de fiesta.

(Serrat)

Dicen que primero fue en la Plaza Álvarez, donde perdimos la inocencia con la ingenuidad y curiosidad de ver bailar a las muchachas sin ropa. Luego otro en la colonia Progreso. Luego otro, allá por Las Cruces. Luego otro, otro y otro hasta que…  ¿Y los elegantes travestis? Van hoy, de pozolería en pozolería, nostálgicos de lo que fue Gallery, Nueve o Tequila’s.

Las discotecas se quedaron sin clientes. Las cantinas extendieron sus horarios. Aparecieron unas cosas llamadas “after hours”, que abrían sus puertas a la misma hora, y en las mismas calles, por las que los niños caminaban a sus escuelas. Nuestra Costera Miguel Alemán se llenó de cantinas que no cierran sus puertas. El glamour, trabajo y dólares se fugaron por la ventana de la permisividad. ¿Qué cosa le hemos hecho a nuestro querido puerto?  ¿Qué nos pasó?

Hoy el noble y el villano,

El prohombre y el gusano

Bailan y se dan la mano

Sin importarles la facha.

(Serrat)

Fuimos a la esquina de José María Iglesias y Costera Miguel Alemán. Tortas Chavelas ya no existe. Se ha fugado como el equilibrio entre decentes e indecentes. Entre sobrios y ebrios. Como los amorosos que, dice Jaime Sabines, ahí están solos, solos, solos.

Hace dos días escuchamos que la presidenta municipal de Acapulco, Adela Román Ocampo, propone regresar las manecillas del reloj y que las cantinas cierren sus puertas a la una de la mañana. ¿Volveríamos al Acapulco que dejamos ir entre nuestras manos y la desesperanza para nuestros hijos?

Juntos los encuentra el sol

A la sombra de un farol

Empapados en alcohol

Magreando a una muchacha.

(Serrat)

Es posible, tal vez, si le agrega un elemento para reactivar la economía del buen turismo: ofrecer que los discotequeros, a diferencia de los cantineros, cierren sus puertas con Barry White como despedida, a las cuatro de la mañana y…

Ofrecer a los cantineros una opción: que abran otra vez la Zona de Tolerancia y, entonces sí, allí, como antes, llevar la fiesta por 24 horas.

 

Y con la resaca a cuestas

Vuelve el pobre a su pobreza,

Vuelve el rico a su riqueza

Y el señor cura a sus misas.

Se despertó el bien y el mal

La pobre vuelve al portal,

La rica vuelve al rosal,

Y el avaro a las divisas.

Se acabó,

El sol nos dice que llegó el final,

Por una noche se olvidó

Que cada uno es cada cual.

Vamos bajando la cuesta

Que arriba en mi calle

Se acabó la fiesta

(Serrat)

Hoy es un 11 de noviembre del 2018 en Acapulco.

 

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