Nosotras éramos más que un objeto de lujo: extrabajadora de Zona Divas

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Brenda, recuerda que a El Soni lo saludaban tanto actores como políticos

Ilustración: Daniel Rey

CIUDAD DE MÉXICO.

Cuando yo trabajaba en Zona Divas eran otros tiempos. Los actores y políticos nos hacían regalos y las fiestas eran increíbles. Mucha gente ahora critica a Ignacio Antonio Santoyo Cervantes, El Soni, pero hace unos años la gente lo saludaba en los restaurantes y nosotras éramos más que un objeto de lujo.

Ahora la gente lo señala y lo crucifica, pero hace siete u ocho años era algo muy común. Una diva era un objeto de lujo, No todas éramos divas, era un lujo. ¡Éramos un objeto de lujo! Algo bonito de ver, de cuidar, de mirar, pero no éramos algo que cualquiera pudiera adquirir.

El que podía tener a su lado a una diva era una persona con un cierto estatus económico”, aseguró la exdiva Brenda Stewart, en entrevista para Excélsior.

La mujer, de nacionalidad argentina, asegura que a ella nadie la obligó a venir a trabajar como sexoservidora.

Brenda dijo que es rotundamente falso que les retuvieran sus documentos, aunque admitió que sí debían pagar su pasaje de avión a México, pero la puerta siempre estaba abierta para la que quería irse o inclusive regresar a su país.

A mí nadie me obligó. Nadie me dijo que pagara nada. Yo no le debía nada a él ni él me debía nada a mí, yo simplemente llegué, me hice mis fotos. Punto. Ése fue todo el negocio”.

Cuando Brenda Stewart llegó a México, Zona Divas pagaba el boleto de avión de las mujeres y al llegar a la Ciudad de México las recibían en el aeropuerto, desde donde eran trasladadas a una casa que tenía todos los servicios. En ese lugar es donde les explicaban a las mujeres cómo funcionaba el negocio.

A cada cliente se le cobraban dos mil 500 pesos. La “agencia” se quedaba con 40 por ciento de cada servicio, lo que quiere decir que las mujeres pagaban mil pesos por cada uno de sus clientes.

Adicionalmente, ellas debían pagar entre 10 mil y 13 mil pesos para hacerse un “book” de fotografías, es decir un portafolio fotográfico, con lo que ellas serían publicitadas en el portal de internet.

La entrevistada asegura que, por los permisos de trabajo, existía la posibilidad –si así lo quería la interesada–de sólo permanecer en México por un lapso de 25 días.

Para nosotras él (El Soni) era nuestra mejor opción. No te equivoques. Él no obligaba a nadie, había fila de mujeres interesadas para venir.

Se nos daba la posibilidad de estar 25 días. Nadie te obligaba. Si vos no querías seguir, la puerta siempre estaba abierta. ‘Andate, ¿te querés ir al aeropuerto? Te podés ir’. Nunca hubo eso de que te voy a retener.

Pero te lo aclaraban, ‘si salís por esa puerta, no volvés y lo que te pase es tu responsabilidad’”, explicó.

Brenda asegura que la casa donde vivían era espectacular.

Era una casa de tres pisos, con un chofer y una señora que hacía la limpieza y que no te cobran nada adicional por sus servicios, porque yo había visto y conocido en eventos a chicas que venían con otras agencias y les cobraban la limpieza y también la comida. A nosotras no”.

La argentina considera que este tipo de servicios se deben legalizar y piensa que El Soni incurrió en un delito de carácter fiscal, pero no en uno penal. “Yo no digo que por ahí (El Soni) no tenga alguna culpa. Tal vez no pagó impuestos, por ahí hizo un montón de cosas que no estaban bien. Lógicamente cada quien sabe lo que hace y tiene que pagar por eso, pero tampoco vamos a decir que el tipo era tan macabro”, puntualizó.

cva

Fuente: Excélsior

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