Una decisión no es otra cosa que la resolución adoptada en una cosa dudosa, incierta, insegura.
En la vida, como individuos hemos estado en infinidad de situaciones, extremas algunas y otras no tanto, que nos obligan a tomar decisiones para resolverlas adecuadamente a nuestras necesidades o expectativas y en lo colectivo, para lograr los beneficios de acciones conjuntas tendentes a la mejoría, en todos sentidos, de nuestra calidad de vida.
En la especie, como pueblo, acabamos de tomar una decisión trascendental para nuestra vida presente y futura. Acabamos de participar en una de las mas grandes y costosas elecciones políticas que hemos tenido en el país (9, 820 mdp para las federales), y tampoco de las mas violentas. Podría decirse, en términos generales, que de las mas pacíficas.
Ha habido, sí, violencia, denuncias de la comisión de delitos electorales, así como otro tipo de delitos asociados a este proceso, pero en términos generales podríamos decir que han sido unas elecciones aceptables.
Pero el asunto de fondo es que no se trata del ejercicio ciudadano del derecho del voto para elegir representantes en los órganos de gobierno, locales, estatales y federales, no, de lo que se trata es que merced a los resultados que se están evidenciando, se decidió ingresar e iniciar la transformación, el cambio del sistema que hemos estado manejando políticamente, dentro de un marco jurídico constitucional, pero con perspectivas de mejoramiento, de enriquecimiento de la función de las instituciones, algunas lamentablemente desgastadas por la corrupción y la impunidad execrables que hemos padecido sistemáticamente desde hace muchos sexenios.
Pero para lograr ese tan anhelado cambio es menester realizar una verdadera y auténtica voluntad decisoria, así como un arduo trabajo no solo de parte de la ciudadanía, sino lo mas importante, de parte de los elegidos por la apabullante voluntad popular, lo que se traduce , ni mas ni menos, que en el CUMPLIMIENTO de todas las promesas vertidas en la euforia de las campañas, muchas de las cuales son irrealizables en el mediano y corto plazos, pero sí en algunas, el sentar los pródromos de su realización y que los elegidos, en efecto, cumplan su promesa hecha a sus electores, de “ no les voy a fallar”. Habrá exigencias o frustración en caso contrario.
Es obvio que esta decisión popular fue tomada como una manifestación de hartazgo de la ciudadanía hacia la actuación de sus “gobernantes”. Es un evidente clamor popular por combatir a la corrupción, a la impunidad y, por sobre todas las cosas, combatir la inseguridad y la violencia, sin perjuicio de otras cuestiones de previo y especial pronunciamiento que se requieren.
Pero no solo eso, resulta curioso que desde antes del resultado final de los cómputos, los tres candidatos opositores de inmediato reconocieron el triunfo del ganador, incluyendo al presidente del país y mas, el de los EUA, así como el de otros mandatarios extranjeros. Y la visita próxima del secretario de Estado Mike Pompeo, a quien lo van a recibir el presidente Peña y el virtual ganador de la contienda ( ya parece que fuera posible la reversibilidad de la situación, en el caso que el presidente de los EUA y el virtual presidente electo fueran a recibir a nuestro secretario de Relaciones Exteriores) ¿será para ponerse a sus órdenes? Es decir, que a pesar de que se ha manejado desde hace muchos años , la postura de que el electo es de tendencia socialista, de izquierda, al parecer esa situación ya se “resolvió”. Ya veremos qué pasa con las reformas estructurales, la entrega del petróleo y del agua a intereses particulares. O usted, decidido y esperanzado lector, ¿Qué opina?