A propósito del Mundial… 5 cosas que podemos aprender los mexicanos de los rusos

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Gobierno y ciudadanos. Cambiar actitud cambia a la gente.

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Fans mexicanos en la Plaza Roja, al fondo se ve la Catedral de San Basilio. Rusia 2018. (Foto: Alexander Ryumin\TASS via Getty Images)

Y pues aprendamos algo de Rusia, ya que más de 40 mil mexicanos se están lanzando al Mundial.

1. A no comer en el metro. A no tirar basura.

Aquí en Moscú no hay puestos de garnachas, ni afuera ni adentro del metro. Ni en las calles en general. Tampoco hay basureros. Pero no hay gente comiendo ni tomando refrescos en grandes vasos de unicel, con popote y empacado en una bolsa de plástico. Si a caso, agua pero la mayor parte de las botellas son de vidrio.

El metro de Moscú está impecable. El “ejército” de limpieza del mármol hace recorridos tres veces al día. Mientras que en las calles, pequeños camiones aspiran el polvo y otros rocían agua, lo cual las hace lucir deslumbrantes desde las 5 de la mañana.

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Parece un render pero no, es una foto. Así luce Moscú.

Los mexicanos, ¿qué necesidad tenemos de empacarnos el taco grasoso (los tacos, porque siempre son de 4 para arriba) o la torta olorosa de huevo en el metro? Lo peor no es lo desagradable que resulta para el prójimo el aroma a huevo-ejote, sino dejar huella de lo que inevitablemente se cae y lo que cínicamente se tira: la envoltura, la servilleta, la botella vacía. Tacos o lo que sea, comer en el metro, en el metrobús o en los lugares públicos que no están destinados para ello, es demostrar poca civilidad. ¿Sería acaso intransigente que el gobierno no permitiera comer en el transporte público? Sin duda, sería mejor para México.

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No das crédito la limpieza del metro. Y no hay botes de basura, la gente no genera basura en primer lugar, porque no van comiéndose la torta mientras se transportan de una estación a otra. #Shot iniPhone

2. A cuidar lo “gratis” porque justo, no es gratis. A fomentar un mejor lugar para vivir.

Corre el año 2018 y en México no entendemos nada sobre cuidar los lugares públicos, no entendemos que es nuestra casa y que cuidarla es nuestra responsabilidad. Este valemadrismo no es una tontera, es una cosa grave de estar reprobados en civismo, el comportamiento que habla de nuestro respeto por los demás y por las leyes. Como que se lo dejamos al gobierno: que el gobierno limpie, que pinte de nuevo donde se nos ocurre grafitear aunque sea mármol o cantera, que siembre más pasto y más flores en el camellón después de que las pisamos porque qué flojera ir “hasta’llá al paso peatonal”, que desinfecte la fuente después de que dejamos bañar a nuestros perros porque pobres que hace tanto calor, que recoja las heces también, que siembre más árboles… Por ejemplo, para la remodelación de la 3a sección del Bosque de Chapultepec se utilizarán mil quinientos millones de pesos. Si bien lleva años abandonada, al gobierno le toca implementar estrategia y reestricciones que ayuden a su conservación, y a los ciudadanos les toca entender que no fue gratis, y que si han pagado por ella, será mejor que la cuiden.

Cuando uno visita Moscú se da cuenta que los ciudadanos se están empezando a preocupar mucho más por sus espacios públicos. Un ejemplo es el nuevo parque Zaryadye(2017), adjunto a la Plaza Roja. Éste es el resultado de un concurso convocado por el gobierno y el Instituo Strelka. Los arquitectos Diller Scofidio + Renfro (los mismos que diseñaron el Manhanttan High Line) fueron los ganadores gracias a que en su propuesta resaltaba, entre otras cosas, el puente peatonal volado sobre el río Moscowa. Hoy Zaryadye es uno de los espacios contemporáneos más importantes de la capital rusa, y ha tenido un costo de 480 millones de dólares.

El costo no se salvó de críticas por parte de la oposición política y por parte de los ciudadanos. Pero no cabe duda que lo sucedido en la capital en los últimos años con el llamado Experimento Moscú es algo que deberían estar proponiendo los candidatos a gobernadores de la CDMX.

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Mirador volado sobre el río Moscowa, en el recientemente inaugurado Zaryadye Park. 2017. REUTERS/Maxim Shemetov

“Y no se trata solo de un cambio en la infraestructura que hizo de Moscú un lugar mejor, sino que también atrajo a una nueva generación de jóvenes interesados en un futuro mejor. Por ejemplo, según mi propia experiencia, encuentro que cada vez más de mis amigos están interesados en la programación y el urbanismo debido a sus visitas a las conferencias impartidas por Gorky Park y Strelka”, publica The Guardian en su sección Witness.

DILLER SCOFIDIO + RENFRO

3. A creer más en nosotros mismos. Patriotismo de primer mundo en una economía de tercera.

Mucho se está hablando de la nueva identidad rusa. Si bien el sentimiento patriota estaba por los suelos cuando se perdió el estatus de una de las dos superpotencia del mundo, en diciembre pasado, éste alcanzó un récord histórico, según la encuestadora independiente Levada Center (The Moscow Times). Se disparó particularmente desde la anexión de Crimea en 2014. Por primera vez, desde la caída de la Unión Soviética, el 64% de los encuestados dijo que los rusos son “una gran nación con un lugar especial en la historia del mundo”. En 1992, solo el 13% pensaba de esta manera.

Vladimir Putin dijo en 2016 que el patriotismo es la única idea nacional en su país.

Interesante que el sentimiento social en apoyo del país se produzca cuando Rusia es una potencia militar pero tiene una economía del tercer mundo. Si bien en 2017 el PIB creció 1.5% a diferencia de la recesión de los dos años anteriores (la peor crisis durante la actual administración), Rusia está lejos del crecimiento de 7% reportado durante los primeros años de Vladimir Putin en el poder.

La crisis económica de Rusia consecuencia de la caída del precio del petróleo y de las sanciones occidentales, relacionadas con las crisis en Ucrania, mermó considerablemente el poder adquisitivo de las familias. Sin embargo, el sentimiento de nación está mejor que nunca.

Rusia no se salva en cuanto a índices de corrupción. Según el más reciente reporte de Transparencia Internacional, la ex Unión Soviética se ubica en la posición 135 de 180 países analizados, al igual que México.

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Fuente: Transparencia Internacional

El nacionalismo de hoy aprovecha la identidad más profunda del pueblo ruso: su sentido de la virtud moral, su instinto de supervivencia y su creencia en Rusia como potencia global.Lauren Goodrich, Stratfor Worldview

Esta identidad es una “combinación de religión, antiguas tradiciones y un patrotismo redescubierto”, aseguran Nick Schifrin y Zach Fannin en un reporte en colaboración con el Pulitzer Center on Crisis Reporting. La reconstrucción de la Catedral de Cristo Salvador (1995-2000) es un claro ejemplo.

En la actualidad nos parecer imposible fomentar el sentido patriota. Tendríamos que ganar el Mundial o algo milagroso. Pero el enojo y la división es tal que se ve complicado. El sentido patriota es una estrategia de marketing que, a pesar de todo lo bueno que tiene nuestra sociedad, no hemos logrado aumentar.

4. A respetar y honrar al contrincante. Esto es ser honorable.

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Junio 14, 2018 Un fan ruso celebra el histórico 5-0 de su selección. REUTERS/Gleb Garanich

Por lo menos en los actos deportivos. Ha sido muy interesante observar cómo los rusos no abuchean a su contrincante, por el contrario lo respetan. Es un claro caso de sociedades más avanzadas que la nuestra. Por ejemplo, la afición polaca que era mayoría en el partido frente a Senegal el pasado 17 de junio en el Spartak Stadium, aplaudió respetuosa terminado el himno senegalés. En cambio, México chifló y abucheó a Alemania antes de comenzar el partido. No por haber sufrido una injusticia ni ofensa, que pudiera entenderse durante los apasionados momentos del futbol. Además, México gritó el “¡eeeehh puto!”, retrógrada, faltando a las reglas que se habían impuesto para Rusia 2018 y logrando una multa de 10 mil francos suizos.

5. A ser directos.

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Una joven vestida tradicionalmente, celebra el triunfo de la selección mexicana ante Alemania. (Foto: Alexander Ryumin\TASS via Getty Images)

¿Cuántas cosas nos ahorraríamos si nos atreviéramos a ser directos con la gente? Así son los rusos, y puede tomarse como una actitud ruda o soberbia cuando eres mexicano, pero al final, se agradece. Ellos explican que no sonríen a un extraño porque no lo conocen, y que no le ven necesidad. A los rusos no les interesa la sonrisa social. “Incluso hay un proverbio ruso que se traduce, más o menos, que ‘reír sin razón es señal de estupidez'”, dice Olga Kazhan, quien vive en Estados Unidos y es de padres soviéticos. Además, en general te encuentras rusos interesados por las conversaciones y los debates filosóficos. De ahí que sea lógico que opinen y hablen si piensan distinto a uno.

Fuente: HuffPost

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