Excesivo consumo de cerveza y abundantes carnes rojas causan gota o hiperuricemia

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Acapulco Gro., a 05 de junio de 2018.

La hiperuricemia se refiere a elevadas cantidades de ácido úrico en la sangre que genera dolor severo en articulaciones; este padecimiento se desarrolla por una descontrolada alimentación, principalmente por el consumo abundante de productos cárnicos, informó el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

El ácido úrico se encuentra en la sangre y el organismo lo elimina gracias a la función excretora de los riñones, por medio de la orina. Pero si se produce un exceso de ácido úrico o si los riñones no son capaces de eliminarlo de forma regular, el nivel de ácido úrico en la sangre aumenta.

El médico de la Unidad de Medicina Familiar (UMF) N°9, Mario Vázquez Salazar explicó que se trata de un padecimiento común, que es totalmente prevenible y que se puede detectar con estudios completos cuando ya se padece, o bien, optar por la alimentación balanceada pero vigilada de un especialista en nutrición.

El exceso de ácido úrico se convierte en cristales que se acumulan en las articulaciones y generan dolor, explicó el doctor, quien detalló que se manifiesta como una artritis que causa intenso dolor y enrojecimiento de inicio nocturno en el dedo gordo del pie, también es frecuente en el dorso del mismo, rodillas, tobillos y hombros.

Informó que el no metabolizar este ácido de manera adecuada puede ser por herencia pero agregó que hay otros factores de riesgo que no son modificables: la edad avanzada, por lo tanto, personas que ya han mantenido por varios años los niveles de ácido úrico elevados, tendrán mayor posibilidad de presentar signos y síntomas de esta enfermedad, conocida popularmente como gota.

Por ejemplo, detalló el médico, el consumo de cerveza, otros licores y abundantes carnes rojas pueden provocarlo.

Insistió que para el Instituto es de gran importancia que la población asuma su responsabilidad por su propia salud, por lo que insistió en el llamado a la prevención y acudir, aún sin estar enfermo, por lo menos dos veces al año con el médico familiar.

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