De la invasión yanqui…

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                                                        Rodrigo Juárez Ortiz.

Un día como el retropróximo sábado 21 de Abril, pero de1914, los gringos, una vez mas, invadieron a México por el puerto de Veracruz, el cual fue bombardeado por una flota naval militar, antes de la I Guerra Mundial. Todos sabemos el pretexto utilizado por ellos por el incidente de Tampico, con la detención y posteriormente dejados en libertad, de “marines”, hechos que los “indignaron” y exigieron un desagravio a las autoridades  mexicanas de rendirle honores a su bandera con 21 salvas y no así a la de México.

Recordemos la paradoja de que el presidente Woodrow Wilson no aceptaba al “chacal” Victoriano Huerta, a pesar de que fuel el embajador gringo en México Henry Lane Wilson quien alentó y apoyó indiscutiblemente a Huerta para dar su golpe de estado y asesinar al presidente Madero y a su vice-presidente Pino Suárez, por lo que Huerta estaba en guerra con los constitucionalistas mexicanos encabezados por Venustiano Carranza, los cuales no le perdonaban el ignominioso asesinato. Es el caso que sabedores de un embarque de armas de Alemania, en el “Ipiranga” (barco que en su oportunidad llevó al dictador Díaz el exilio),  para Huerta, impidieron su desembarco.

Pero ya sabemos que ese fue el pretexto para invadir Veracruz con un despliegue y poderío impresionantes, habida cuenta que en dos días desembarcaron siete mil marinos quienes se apoderaron del puerto, no sin antes vencer a una verdadera y heroica defensa del puerto por parte de la sociedad civil, integrada por hombres, mujeres y niños, por miembros de la colonia española, voluntarios de la Cruz Suiza, incluso por los “rayados”    (presos que estaban purgando sentencias), así como prostitutas de la zona de tolerancia, de las cuales hay que destacar a una de nombre América, quien con cananas y fusil combatió a los yanquis, quienes, por cierto, al ir a la zona de tolerancia, eran asesinados y enterrados secretamente con posterioridad,  sin perjuicio de los cien militares que no quisieron irse con el general Gustavo Mass, comandante militar de la plaza cuando éste la abandonó por órdenes de Huerta, ni tampoco de los cien marinos que se encargaron de la defensa, junto con los cadetes de la Escuela Naval Militar, quienes  combatieron con denuedo  a los invasores, destacando el Comodoro Manuel Azueta y su hijo, acapulqueño, Teniente José Azueta, así como Virgilio Uribe y otros no menos destacados combatientes.

Al margen de la participación que tuvieron soldados y marinos en la defensa de Veracruz, y que en las ceremonias oficiales para recordar esta heroicidad solo a ellos se les menciona, hay que resaltar de una manera fehaciente la entrega total y heroica de la población civil, la cual dio muestras indiscutibles de patriotismo y de dignidad frente al extranjero invasor, prepotente y soez.

Muy posterior ( 7mesesdespués) se logró el abandono de la plaza por los invasores, sin soslayar la previa Conferencia de Niágara Falls con diplomáticos de Argentina, Brasil y Chile (ABC).

Estos actos heroicos del pueblo mexicano, en especial del veracruzano, nos ponen de relieve, como lección, que la unidad, la convicción de pertenencia a un país, a una nación, son signos inequívocos de lealtad, de patriotismo tales, que hacen resaltar la dignidad de los seres humanos, de aquellos que no ceden a las debilidades de los “vende patrias” y traidores colaboracionistas,  que lamentablemente se dieron de parte de algunos de la alta burguesía local. Sugerencia de lecturas, entre otros:

DELFÍN GUILLAUMIN, Martha Eugenia, (2014) “La invasión yanqui de 1914 al Puerto de Veracruz, una reseña histórica”, Pacarina del Sur; (María Luisa Melo de Remes. Veracruz Mártir. La infamia de Woodrow Wilson, 1914. México: Edición de la autora, 1966);        El historiador Ricardo Pérez Montfort ha abordado el tema de la ocupación yanqui en Veracruz en su libro Cotidianidades, imaginarios y contextos: Ensayos de historia y cultura en México, 1850-1950, publicado por el CIESAS. Justino N. Palomares, La invasión yanqui en 1914. Prólogo de Juan Sánchez Azcona. México, 1940. O usted, patriota lector,¿ Qué opina?

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