Querido Diario

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“¡Un hombre con ideas es fuerte, pero un hombre con ideales es invencible!”. Andrés Manuel López Obrador.

¡Interpreten mi silencio!… parecía pregonar Andrés Manuel… es ¡Sólo para conocedores¡ refirmaba en su actitud benevolente… Fue lo que Andrés Manuel López Obrador puso en práctica en el debate, que durante toda esta semana estará retumbando en el argot periodístico… después de que de manera magistral e inteligente, enfrentó a cuatro rivales políticos a la vez, que sobre mafias entendidas, quisieron descolocarlo de su persistente actitud de no caer en provocaciones, que a base de insultos, difamaciones y calumnias, le lanzaba el Bronco, con su instinto sanguinario y homicida escondido, Anaya, con su gran carga irreversible de corrupción, Meade, con su lastre tan pesado de complicidad con los oligarcas, junto el negro pasado y presente tricolor, y Zavala, con su lastre de marido y las más de cien mil muertes que él convocó durante su sexenio… pero el gran estadista tabasqueño, de manera por demás hábil e inteligente, en unas ocasiones cabeceaba estas triquiñuelas, con su silencio, y en otras contragolpeó de forma contundente con su ideario político a la alta escuela.

Este debate no era un cero-cero, para empezar una campaña, Andrés Manuel López Obrador llegó con una amplia y al parecer definitiva y ya irreversible ventaja electoral, por la incontable asistencia humana que logra en cada uno de sus eventos de campaña, producto de su empatía y oficio político, cruzada con las coordenadas del hartazgo social, la corrupción generalizada del priismo, panismo y perredismo, más un estado comunitario de inseguridad que ya raya en el salvajismo… Andrés Manuel López Obrador ya había adelantado que no respondería a los insultos y mordidas que le lanzaran, sino que sólo expondría su programa de gobierno próximo, con una actitud de seguridad, pulcra y respetuosa… y así fue como se condujo.

Una propuesta magistral es, ya instalado en el gobierno federal, convocar a personalidades expertas y con alto valor moral, que entre sus nombres podrían ser José Mojica, un político de altas miras y vestido contundentemente de honestidad, dignidad y decoro, rematando solemnemente su propuesta con la figura del prestigiado Papa Francisco, que sólo una persona torpe puede descalificar, pues quien puede dudar acerca de su legado humanístico, al reconciliar, como los botones de la muestra, las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos de América, o bien, maniobrar para que las FARC dejaran las armas y se conduzcan de manera civilizada en la vida política de su país, lo que lo vuelve un ser humano extraordinario y fuera de serie… o bien, del Arzobispo de la diócesis Chilapa-Chilpancingo, Salvador Rangel Mendoza, que genuina y apostólicamente trata de encontrar el camino de la paz, la armonía y la reconciliación social.

Ahora bien, el ideario comunitario de Andrés Manuel López Obrador se recarga en acabar la corrupción de los de siempre, que en estos tiempos nos llenan de vergüenza y pena, al amasar fortunas que ni tres generaciones de su parentela se podrán terminar, en un acto de soberbia, egolatría y deshumanización, pues mientras ellos portan relojes de dos, tres o cinco millones, en el último año han arribado a la extrema pobreza cuatro millones de mexicanos, aparte de los miles de damnificados que claman justicia… juzguen con honestidad ustedes.

Más tarde, López Obrador expresa su deseo, como lo hace en cada uno de sus mitines y concentraciones masivas, que va a concentrar su esfuerzo político en la salud, la educación y la cultura, de los mexicanos, llegando a la reflexión, no nueva pero si renovada, de que qué sociedad no está necesitada de estos satisfactores sociales, pues una población saludable, educada y culturizada es más solidaria y cooperativa con sus congéneres, será mucho más consciente y sensible ante los embates del neoliberalismo feroz y depredador… que usted, amable lector, puede deducir en sus conclusiones.

Y así fueron pasando, Anaya, queriendo que Andrés Manuel dijera alguna dominguera con que desnuda a los políticos corruptos, más no logró su objetivo, revelando que es buen orador, pero que su discurso no concuerda con sus hechos, ante pruebas vergonzantes en su tráfico de influencias.

Y por último, es loable la actitud López-obradorista, de no refutar ni revirar las difamaciones y calumnias vertidas contra él, hasta que de una sola, sagaz pero paralizante aseveración, deja en ridículo al político que es el candidato oficial del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, para seguir depredando el mundo, que se empeñaba, desde su obsesiva y lastimosa desesperación, en desprestigiar la obra honesta, honrada y solidaria de Andrés Manuel López Obrador.

Y sólo queda resaltar la conducta ejemplar de Andrés Manuel López Obrador, que afirma, reafirma y confirma, su gran amor por México y la reivindicación de la democracia, la justicia y la distribución equitativa de la riqueza nacional, entre todos los mexicanos.

Por: Raúl Román Román

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