De la invasión

Rodrigo Juárez Ortiz
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Ya sabemos que la invasión es la acción y efecto de invadir un lugar, nos dicen los que saben y esto puede aplicarse a personas, animales, insectos, batracios y peces, como nos decían en las clases de biología.

Y cuando de humanos se trata, la invasión, se entiende, puede ser pacífica o violenta.

En la especie, queda claro que el bravucón del barrio se ha autoerigido en el policía del mundo, metiéndose en los asuntos internos de los países a quienes necesita despojar o explotar, en su caso, bajo la bandera de defender sus intereses, los cuales se evidencian en todo aquello que se ha apropiado por la fuerza o por el amago de las armas, lo que ha provocado, por su expansionismo, la llamada globalización, de tal suerte que no queda lugar en el mundo sin padecer esta invasión, también vía mercancías, bienes, servicios, moneda, ideologías, religión, y lenguaje, entre otros.

Respecto a este último, en entregas muy anteriores hemos hecho alusión a algunos aspectos de ello, anotando la gran influencia ejercida, especialmente en los jóvenes urbanos, con las modas, los aparatos electrónicos, mecánicos, el cine, la T.V. ( con su escuela de violencia inaudita, copiada magistralmente por la delincuencia organizada o no, lenguaje procaz, y carencia del mínimo pudor a pesar de la mojigatería de algunos) , actualmente con las redes sociales.

La dicha globalización ha traído, entre otros, el desgaste o la pérdida del sentido nacionalista de los países, sin embargo, ya empieza una tendencia, especialmente en los europeos, por retomar y retener los símbolos de su nacionalidad, de sus usos y costumbres, vamos, recuperar su identidad desgastada o perdida en el peor de los casos. Sin embargo, a nivel población de un país se entiende que hay palabras que por su tecnicismo no pueden traducirse aún al idioma local, pero otras sí, lo cual sería saludable para fortalecer la lengua propia, habida cuenta de que en el medio del espectáculo, por ejemplo, la terminología gringoide abunda, v.gr.: show, performance, round, remake, plays, y todas las que nos agobian, así como los nombres que se dan a las competencias deportivas o musicales, aun cuando no sean internacionales y si lo fueran y se organizaran y realizaran aquí, deberían ser en nuestro idioma y si quieren, traducirse a otro.

Lo mas grave del caso, empero, se da cuando en el lenguaje oficial, en el lenguaje de gobierno ya se usan palabras que sin ser neologismos necesarios (pues existe su traducción a nuestro idioma), con singular alegría las espetan a la menor provocación, tal es el caso, por ejemplo, de bullying ya utilizado indiscriminadamente ( y muchas mas), o cuando el vocero de la presidencia de la República nos dice: “ Una vez mas estamos ante un argumento falso, fake news otra vez”, de tal suerte que sería curioso leer algunos textos oficiales, de los tres niveles de gobierno o escuchar a algunos de nuestros “próceres” en alguna alocución, con expresiones gringoides.

Sin embargo, la invasión es tan poderosa que son pocos los que se resisten a su influencia, pero aún hay salvación, pues como nuestras costumbres, artesanías y especialmente nuestra gastronomía( considerada como patrimonio inmaterial de la humanidad por la UNESCO) están actualmente en boga en el extranjero, así como nuestros llamados “pueblos mágicos”, entre otros bienes culturales, debemos fortalecer nuestro sentido de pertenencia a México, sin que esto sea óbice para no estrechar vínculos amistosos y de respeto mutuo con todos los pueblos del mundo. Soslayemos la ironía de que los gringos ( no todos) discriminan allá a quienes hablan en español, aun entre sí y en México el inglés ya se estudia obligadamente en las escuelas. Me doy.

Defender y depurar nuestro idioma, uno de los mejores del mundo, practicándolo, no es, ni debe ser un agravio para nadie y sí un factor de unión entre nosotros. O usted, convencido lector,¿ Qué opina?

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