Del sitio de: Acapulco… Por Rodrigo Juárez Ortiz.

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No podemos olvidar que Don Miguel Hidalgo y Costilla, iniciador armado de la Guerra de independencia de nuestro actual México, le hizo el encargo a su exdiscípulo, Don José María Morelos y Pavón, que iniciara el levantamiento insurgente en el Sur del país para lo cual realizó una serie de maniobras, desde agenciarse gente que lo auxiliara y se solidarizara en tan magna labor, como crear una provincia que abarcaba casi la totalidad de lo que actualmente es el estado de Guerrero a la que llamó  Nueva Provincia de Técpan, como sede de sus fuerzas y centro de sus operaciones.

Es el caso que una de las plazas fuertes del gobierno virreinal en estas latitudes lo era el Castillo o Fuerte de S. Diego, situado en el centro histórico del actual puerto, asentado en la Bahía de Acapulco, lo que le impedía el que tomara la plaza cuya posición estratégica le permitiría controlar esta zona del país.

De esta guisa es que un día como mañana 6 de abril pero de 1813 inició el ataque al puerto de Acapulco, lugar donde se da un muy prolongado y desgastante sitio. El principio del fin.

Acapulco resultaba, dijimos, de mucha importancia estratégica para Morelos solo que la mayoría de la población que habitaba en el lugar, decidió amurallarse en el fuerte  evidenciando su rechazo total al movimiento independentista, principalmente las familias españolas y criollas, como era de esperarse, de ahí que la toma del fuerte se convirtió en una de sus prioridades quien “obsesionado casi, lo había convertido en el objeto de sus iras; había prometido conquistarlo a sangre y fuego si era necesario y después arrasarlo y pasar arados sobre las ruinas de la terca población” nos dice Ubaldo Vargas Martínez.

“Morelos emprendió la campaña hacia Acapulco con una fuerza de 1500 hombres, y  en su avance se le unieron las divisiones comandadas por Mariano Matamoros y Hermenegildo Galeana” (gran guerrero y su  mano derecha para él en todos los combates en los que participara o no el gran caudillo), “ hasta llegar a cerca de 3000, contaba con poca artillería y ninguna pieza de sitio; mientras que para la defensa de Acapulco se contaba con 334 hombres en los que se incluían 59 artilleros, 90 cañones, la artillería del Fuerte de San Diego, además del auxilio de algunos buques.”

A pesar de ello, era inconcebible que el fuerte no capitulara y el asedio parecía no dar resultado habiéndole cortado los suministros terrestres, pero no contaban que desde la isla de La Roqueta que era un polvorín de los realistas, por barco les hacían llegar a los sitiados agua, víveres, parque y demás habituallamientos, lo que evidenciaba su resistencia al asedio. Descubierto esto, Pablo Galeana, sobrino del prócer Don Hermenegildo, usó la vía marítima, y por la noche tomó la isla y acabó con la fuente de los suministros haciendo que el ínclito Morelos pudiera tomar el fuerte, después de un asedio que duró hasta el 20 de Agosto de ese 1813 y la toma de esta fortaleza fue la hazaña más importante de Morelos en el Sur del país, pues ahí se encontraba el comandante en jefe de las fuerzas realistas, Pedro Antonio Vélez, a quién logró vencer y Morelos expresó “Viva España hermana, no dominadora de América”. Finalmente, el fuerte había sido tomado, tres años después de haberlo intentado reiteradamente.
“La importancia de Acapulco en este contexto se debía primeramente a la magnífica posición geográfica del puerto, que lo convirtió en el más importante y poderoso del Pacífico novohispano. Su condición de destino final de la ruta de Filipinas le daba además una importancia comercial que hizo que desde un periodo muy temprano los insurgentes decidieran tratar de controlarlo”.
La toma del Fuerte de San Diego no sólo marcó el triunfo insurgente sobre los realistas, sino además el fin de la ruta comercial del Galeón de Manila que duró más de 250 años. Así este evento fue el antecedente para la instalación del Ier. Congreso de Anáhuac, el 14 de septiembre de 1813, en Chilpancingo, ahora capital del estado. Recordar a nuestros héroes y sus hazañas es un deber de gente bien nacida. O usted, agradecido lector,¿ Qué opina?

 

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