De la concienciación…

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El ser humano es un ser multifacético, tiene muchas ópticas, ángulos, perspectivas, parámetros para ser visto, evaluado, considerado, definido, conceptualizado, homologado, emulado, así como también para ser glorificado, idealizado, homenajeado, reconocido, premiado, deificado y, lamentablemente, por otro lado, no menos minusvaluado, atacado, envidiado, ignorado, explotado, utilizado, esclavizado, abusado, asesinado, apresado, denostado, las mas de las veces por sus propios congéneres, por los propios bípedos implumes, dándole actualidad a la tesis de homo homini lupus o sea que el hombre es el lobo del hombre.

Es en este contexto en que vale la pena discernir acerca de la capacidad que se tiene para hacer todo ello, toda vez que la frivolidad, la ignorancia, la inconciencia tienen carta de naturalización al respecto.

En efecto, la falta de conciencia hace que se actúe de esta manera, pero ¿ qué es la conciencia? Bueno, el término es, a saber: conocimiento que el espíritu humano tiene de su propia existencia, de sus estados, de sus actos y de las cosas, lo que permite decir a conciencia, en conciencia o tomar conciencia de algo, entendiendo por esta última, percatarse intencionalmente de algo, vamos, tener la capacidad de darnos cuenta o en términos muy coloquiales, que nos caiga el veinte.

De esta guisa es que tenemos el verbo concienciar (no concientizar, que ni está en el diccionario) que significa tomar o hacer tomar conciencia de algo.

Es así que la falta de conciencia produce unas conductas verdaderamente execrables, extremas, nugatorias, que evidencian la precariedad de la estructura de millones de seres humanos quienes actúan, las mas de las veces, de una manera superficial, ignorante, frívola, limitada, carente de toda estructura ética, moral, inteligente, preparada, cuando juzgan a la gente, cuando toman decisiones egoístas que solo a ellos les satisface, o les beneficia, en detrimento de la libertad, la salud, los bienes, la vida, la fama pública, el prestigio, la honra o la integridad física, entre otros, de las personas que son “juzgadas” por estos especímenes.

Ejemplos sobran por cuanto a que la falta de conciencia provoca en nuestras vidas, v,gr.: cuando nuestros connacionales dejan el terruño para emigrar a otros lares (por hambre y tratar de mejorar su status de vida), no se percatan de que si bien en forma muy elemental mejoran sus condiciones de vida en lo material, por otro lado, cuando son indocumentados, en EUA, padecen persecuciones, discriminación, encarcelamientos, agresiones (verbales, físicas, y otras) , humillaciones e, incluso, la muerte, todo ello acrecentado en los supremacistas, por el pelos de elote; cuando entrenamos a nuestros hijos (que no educamos) en la violencia y la agresión, produciendo provocadores y víctimas de acoso escolar; cuando se censura a alguien por su aspecto físico; cuando se discrimina, igualmente; cuando se arroja basura en la calle y no en los depósitos ad hoc; cuando se dan vehículos automotores a adolescentes, sin la previa certificación de su manejo, lo que produce accidentes, incluso mortales, por la evidente falta de pericia cuando creen que dominan la máquina terrestre, acuática o aérea; cuando se manejan fondos públicos para uso personal y no institucional; cuando se miente, a propósito, en contra de la honra de una persona; cuando se le calumnia; cuando se pone música a todo volumen en lugares públicos o no, a cualquier hora del día o la noche, salvo las emborrachadurías; cuando se agrede a personas notoriamente indefensas; cuando no se respetan las leyes ni sus reglamentos; cuando no se actúa en apoyo de los demás; cuando se aprovecha para sí, la ignorancia, debilidad o pobreza del otro.
Múltiples son los ejemplos a utilizar, sin embargo lo relevante es concienciar para que se aprenda a conjugar, de facto, el verbo. O usted, consciente lector, ¿Qué opina?

Por: Rodrigo Juárez Ortiz.

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