De la hipocresía… Por: Rodrigo Juárez Ortiz

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Cuando los seres humanos actúan de buena fe, sin mezquindades ni egoísmos, procurando siempre el ayudar a los demás cuando lo necesitan o solicitan, en su caso, se está  actuando, se está accionando en función de una estructura ética que ayuda a realizar a los demás, sus objetivos como personas o a mitigar sus penas o sufrimientos, incluso a despejar y ahuyentar sus miedos, entre otros. La consecuencia de los logros es muy gratificante, infinitamente enriquecedora.

El comentario viene a colación en virtud de que en nuestro país, entre otros asuntos, a cual mas graves,  se está viviendo una efervescencia política de gran magnitud entre los  precandidatos aspirantes a cargos de elección popular. Así, todos sabemos que para el próximo 1 de Julio están en juego, para su renovación,  incluyendo además de la joya de la corona ( la presidencia de la república), 3, 447 servidores públicos, que comprenden, además, en el ámbito federal a senadores, diputados ( de representación proporcional, de mayoría relativa, de primera minoría, en su caso), y en el ámbito local, gobernadores, congresos locales, ayuntamientos y demás como los designados por usos y costumbres, etc.

Ellos pertenecen a lo que se ha dado en llamar la “clase política” la cual, en la percepción pública, no cuenta con muchas simpatías, habida cuenta de que especímenes de esta “clase” han dado muestras de una ambición sin límites, de un exagerado culto a la personalidad, de un  enriquecimiento ilegítimo, del abuso en el ejercicio del   poder, de una corrupción execrable, así como también han gozado de una impunidad sin límites; y que han elaborado leyes a modo, de tal suerte que siempre salen airosos de los eventuales casos en los que se les acusa.

Todo ello ha puesto en evidencia, seriamente, a sus partidos políticos, así como a sus mas cercanos colaboradores, fungiendo éstos como cómplices de sus fechorías.

Y con esta percepción generalizada, salvo las honrosas excepciones de siempre, acerca de los llamados “políticos”, se ve, cuesta arriba, el desempeño de éstos en las actuales precampañas, en tanto que han desatado una guerra sucia entre sus opositores, se presentan descalificándose, haciendo públicas sus tropelías y excesos en el ejercicio del poder, cuando lo han tenido; se llega, incluso, al asesinato de los oponentes o, en su caso, de servidores públicos como hacía mucho tiempo no se habían dado y en todo el mundo, lamentablemente,  esa es la percepción popular. Es la lucha por el poder, mas no para servir a los demás, sino para servirse a sí mismos y su camarilla, parientes y amigos.

Pero para salvar escollos, en las precampañas, por lo pronto, se han dedicado a ofrecer “soluciones “ mágicas, a decir todo lo que van a hacer, en caso de verse favorecidos por el voto popular, solo que no dicen cómo lo van a hacer, y se ha vuelto una retórica de promesas vacuas, difíciles de lograr, lo cual nos lleva a pensar que han adoptado actitudes que rayan en la hipocresía, entendida como la acción de desempeñar un papel teatral. Fingimiento de cualidades o sentimientos, o especialmente, de devoción o virtud o incurrir en la farsa o sea enredo, tramoya para aparentar o engañar, lo que deriva en lo falso, en lo no  verdadero, no auténtico, o no correspondiente a la verdad, en suma, engañoso, fingido, traidor, (persona), en lugar de ofrecer soluciones viables, factibles y que vayan directo a la solución de nuestros problemas como la violencia, la pobreza extrema, la educación, etc. De lo cual se desprende que las acciones emprendidas por nuestros “próceres “ actuales  (como promesas de campaña), solo en eso quedaron, con lo que en las precampañas se descalifica lo no alcanzado y que ellos sí lo lograrán. ¿Será?

De ahí que se trata de un verdadero golpe a la democracia, (incipiente en nuestro país), y cuyo ejercicio nos cuesta tener las elecciones mas caras de nuestra historia (alrededor de 25,450 millones de pesos), solicitados por el INE. La locura. O usted, crítico lector, ¿Qué opina?

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