En términos llanos la discriminación significa separar, distinguir, diferenciar una cosa de otra, pero en una connotación mas específica, el discriminar significa dar trato de inferioridad a una persona o colectividad, generalmente por motivos raciales, religiosos, políticos o económicos, nos dice el tumbaburros.
Por otro lado, nuestra Carta Constitucional en su artículo 2º. nos dice que: “ Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas.”
Asimismo los tratados internacionales signados por México y otras naciones contienen disposiciones similares, sin embargo, no todos los países firmantes de tales tratados cumplen a cabalidad dichos postulados, prevaleciendo en cambio actitudes supremacistas extremas que reflejan parte de la naturaleza humana y que hacen de estos postulados meros propósitos bondadosos o tal vez solo sueños guajiros por tener una convivencia pacífica, armoniosa, empática y amorosa que todos deseamos y necesitamos, pero que la estulticia de algunos no lo permite y lo impide sistemáticamente.
Bástenos ver la actitud de los países colonialistas frente a las poblaciones de sus colonias a quienes han despojado de todo, hasta de su identidad, salvo las excepciones de siempre.
En la especie, el actual innegable “imperio”, a pesar de ser un país hecho y forjado por el esfuerzo de millones de inmigrantes, sostiene en casi la mitad de su población integrada por “hombres blancos y barbados”, una actitud de supremacía sobre las etnias minoritarias que lo pueblan, acosándolas con fiereza canibalesca y desatando contra ellas toda la furia de sus frustraciones individuales y colectivas, sin embargo, si bien es cierto el “imperio” ha logrado grandes avances en la ciencia y la técnica, en su desarrollo humano no ha superado su instinto troglodita por matar ( véase las guerras que ha provocado y las que aún mantiene, sin perjuicio de las que tiene en ciernes, según amenazas del “pelos de elote”), así como las masacres de los orates que dispararon en Las Vegas y en Texas recientemente.
Y es en Texas donde el día de ayer se anunció la ejecución de un mexicano, en cuyo proceso no se respetaron las normas internacionales y pese a las solicitudes para tener un juicio justo, éstas se le denegaron. Así hay 54 mexicanos sentenciados a muerte en EUA, y otros 75 en proceso, muchos de ellos a la pena capital y muchos no gozaron de un debido proceso, ello solo por discriminación.
Pero sin ir tan lejos, resulta verdaderamente deplorable, criticable, vergonzoso y vergonzante e, incluso, punible, lo publicado recién que, dice la nota: ” Comisarios de localidades del municipio de Cochoapa el Grande sufrieron discriminación racial en la entrada del Palacio de Gobierno, donde personal de Seguridad Pública les impidió entrar al inmueble para revisar el estado de una gestión que realizan ante la Secretaría General de Gobierno, esto sólo por vestir ropas humildes y calzar huaraches”. A pesar de que pidieron y obtuvieron el apoyo del dirigente de la Federación de Núcleos Agrarios del Estado de Guerrero, quien explicó a los guardias que ellos venían a conocer el estado que guarda una gestión realizada para la pavimentación de sus caminos, la respuesta que dieron los especímenes de Seguridad fue: “ Usted puede pasar, de ellos ninguno”. Caray, pero si los guardias tienen el mismo origen que estos comisarios, lo único que cambiaron fue el calzón de manta por un uniforme. Entonces “ el poder marea”. De dar pena ajena. Gente así no debería estar en el servicio público. O usted, fraternal lector,¿ Qué opina?