De la percepción… Por: Rodrigo Juárez Ortiz

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Todos intuimos o sabemos, en su caso, que la percepción es, entre otras cosas, derivado de percibir y que significa, nos dice el Larousse Ilustrado, “ Recibir impresiones, apreciar algo por medio de los sentidos o por la inteligencia”

Es el caso que en estos momentos actuales en nuestro país, en nuestro estado y en nuestro puerto coexisten por un lado las declaraciones, cifras, mensajes de nuestros “próceres” acerca del estado que guardan nuestras localidades, nuestra gente y por el otro la percepción que tiene la misma gente acerca de lo que está pasando en su entorno cotidiano.

Por ejemplo, en términos generales se ha proclamado a los cuatro vientos que las llamadas reformas estructurales han devenido en casi una panacea universal que ha propiciado grandes inversiones del extranjero, lo cual es benéfico para nuestro país en tratándose de empleo, circulación de moneda y consumo interno, propiciando el desarrollo y “aumentando” el nivel de vida de las grandes mayorías de nuestro pueblo, sin embargo la percepción de ese pueblo es que el dinero del que disponen, a partir de un salario mínimo verdaderamente ínfimo, no les alcanza sino para lo mas elemental para sobrevivir, en algunos de los casos, ya que la gran mayoría observa, con inmensa tristeza cómo el poder adquisitivo de nuestra moneda se ha ido deteriorando paulatinamente y se ve en el precio de los artículos de consumo que cada día, esto es cotidianamente, como podrá observarse ( los que pueden hacerlo), es cambiado y aumentado en los supermercados, vamos se trata de un re -etiquetado permanente, imparable, voraz, sin perjuicio del abuso de los transportistas que a la menor provocación y sin autorización aumentan el precio del pasaje, ya no digamos el precio del kilo de tortillas y un sinfín de bienes y servicios de los mas elementales y que nuestro pueblo no puede solventar, sin embargo se nos dice que en la macroeconomía estamos muy bien.

En cuestión de la reforma energética todos los países están de plácemes con México porque abrió, de par en par, la puerta para sus inversiones y ya se dejaron venir, empresas transnacionales a edificar cientos de gasolineras, por ejemplo, para vendernos el combustible que refinan, dizque compitiendo con Pemex, en una contienda sin igual, como David vs. Goliat, con una compañía, dice la percepción, desmantelada para estas inversiones; lo mismo se dice de la minería, por ejemplo en el estado, que va a traer prosperidad  para la población aledaña, aun cuando la percepción es lo contrario considerando las toneladas de oro, por ejemplo, que se sacan del Círculo de Oro, en Tierra Caliente y que va a parar a compañías canadienses, explotación que no ha evidenciado, fácticamente, los supuestos beneficios que se supone, acarrearían, ya que contaminan suelo, aguas y tierra con sus actividades y cuando se acabe el mineral, simplemente se irán y dejarán todos ese desperdicio nocivo.

En materia de educación se nos programa para tener una educación de calidad y la capacitación de nuestros mentores para tal efecto, y así nuestros educandos transitarán por el camino del saber y el logro de la prosperidad, pero la percepción es que los mentores no asisten a clases, las escuelas acusan deterioros múltiples no solo en las aulas, sino en todo el equipamiento en general, muy depauperada toda su infraestructura y muy cuestionable el logro de esa capacitación, salvo las excepciones de siempre.

Esto es solo por poner algunos ejemplos que lamentablemente son muy indiciarios para ver, en una mínima perspectiva el abismo que existe entre la “ declaracionitis” de nuestros “próceres” y la percepción de la cruda realidad cotidiana que vive nuestro pueblo, entre la ignorancia, la falta de empleo, la desnutrición crónica, la miseria, la explotación y la nula perspectiva de mejoramiento, aunados a la violencia galopante y lo peor de nuestros males, la corrupción y la impunidad. Pero ya viene el 2018. O usted, crítico lector, ¿Qué opina?

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