Presidencia y gasolina: Por Efraín Flores Maldonado

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Por Efraín Flores Maldonado
El aumento a los precios de la gasolina ha puesto en el mosaico de nuestra geografía política el histórico tema de la legitimidad presidencial. Después de un largo periodo colonial, una sangrienta guerra de independencia, el reacomodo de poderes producto de la guerra de reforma y una breve pero intensa revolución en 1910, México inicia una larga pero inconclusa lucha, por construir desde el poder ejecutivo de la nación, una permanente estabilidad política… y social. El presidente de México, siempre fue concebido como el auténtico líder moral y político de los mexicanos; el punto de equilibrio entre intereses legítimos en conflicto; el constructor de la paz y el promotor del bienestar de los mexicanos. Todos los presidentes han obrado bajo esa intencionalidad, pero muy pocos lo han logrado. La historia solo registra a Guadalupe Victoria, Valentín Gómez Farías, Benito Juárez, Lázaro Cárdenas… y hasta Adolfo López Mateos. Todos ellos presidentes estoicos y heroicos. Desde luego, esa intencionalidad de conquistar el poder y la gloria; Ese voluntarismo de merecer altares en el que el pueblo se sienta y declara estar bajo el manto protector de un justo y honesto presidente, llevo a los titulares del poder nacional a realizar actos verdaderamente desastrosos para la cultura política y la conciencia cívica de los ciudadanos electores. Varios de nuestros presidentes han asaltado el poder… pero muy pocos han conquistado la gloria. No cobrar impuestos, rebajarlos, cancelarlos, condonarlos; como padre superior de la patria, construir ostentosas obras públicas necesarias e innecesarias. Conforme las clases sociales se fueron amplificando y polarizando, el presidente en turno “concedía” privilegios de todo tipo, afectando el tesoro de la nación, a cambio de apoyos, simpatías, aplausos, ovaciones y sumisiones que, en otra vertiente, lograban que los atracos de los gobernantes fueran tolerados y perdonados por el pueblo. En 1836, cuando se firmaba oficialmente la independencia de México de España, el país asume la deuda pública de la colonia y desde entonces inicia nuestra dramática historia como nación que acude al subsidio interno y al crédito externo para cubrir insuficiencias de ingresos y faltantes por los hurtos de presidentes y gobernadores. Subsidios y deuda pública a cambio de un populismo delirante. Así se fue subsidiando el precio de la gasolina, para no lastimar la economía del pueblo; barata al pueblo y el pago del precio real con dineros prestados. En el fondo, no es culpable el pueblo; la culpa es del gobierno. Desde la expropiación petrolera de Lázaro Cárdenas, los siguientes presidentes cosecharon y dilapidaron los ingresos petroleros. Vender el crudo generaba un ingreso limpio, sin mayor esfuerzo industrial. Después comprar al exterior como hoy se hace el 60 % de la gasolina que consumimos. El gobierno es beneficiario de ese olvido y responsable de la actual catástrofe. No precisamente EPN, si no todos los presidentes que nos han gobernado después de Lázaro Cárdenas, por que no invirtieron en refinerías. Si lo hubieran hecho estaríamos vendiendo gasolina y diesel en lugar de petróleo crudo. Estamos a tiempo. Hay que iniciar ese proceso de refinación de nuestro crudo; de inmediato bajar lo más posible el precio actual de la gasolina y reforzar los ingresos del gobierno, aumentando de inmediato en cien por ciento el precio y los impuestos al cigarro… y a las bebidas alcohólicas. ¿Quién protestaría? Hasta nuestras enfermedades por cigarro y alcohol disminuirían significativamente. A EPN le toco la frontera entre el caos financiero o la elevación del precio de la gasolina, que desde mi punto de vista es una acción indebida y fallida. Estamos a tiempo. Nuestra salida del laberinto esta en bajar yá los precios de la gasolina y elevarlos al cien por ciento en impuestos y precio en cigarros y alcohol. Es mi propuesta. Doctor en ciencia política.

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