¡Benito Cabañas, hasta siempre!

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Tu sonrisa siempre fue abierta, franca y espontánea; cada vez que la vida nos apretaba en algunas de sus circunstancias, eras de los primeros en extender tu mano para ayudar en sus prontas soluciones. La cepa familiar de donde provienes es de madera perenne, bondadosa, generosa y enraizada en la Costa Grande guerrerense.

La amistad la brindabas como se regala el saludo y el abrazo, y siempre encontrábamos en ti la palabra pulcra y motivante, el ánimo en lo más alto del cielo, adonde ahora radicas al lado de Dios.

Desde niño, en la juventud y en la etapa adulta sabías que tu vocación sería el magisterio, por lo que siempre regalaste a tus alumnos la gloria de la enseñanza, la pasión de la amistad y el valor de tu risa… entre tus compañeros supimos de tu combatividad ideológica y siempre llevaste el pensamiento y la acción de la justicia, la democracia y la equidistancia dentro de tu corazón y razón.

Afortunadamente no hay peso de conciencia, pues en el momento justo nos dijimos abiertamente de nuestra amistad, de nuestras coincidencias y diferencias, y siempre salías con las banderas desplegadas teniendo por lema el color del humanitarismo… aunque tu sentido de la sencillez, la humildad y la comprensión, jamás te permitieron manifestarlo o divulgarlo, expresando y practicando el viejo pero sabio adagio popular: “que lo que haga la mano izquierda, no lo sepa la derecha”.

Vestiste con orgullo tu egreso normalista de Arteaga, tu preparación en la obligada normal superior y cuando las exigencias de tu magisterio en su momento requirieron la actualización y las dotes vanguardistas de la cultura, la pedagogía y la didáctica, de manera puntual y decidida asististe a prepararte en el postgrado de maestría en Celaya, Guanajuato, para estar a la altura del tiempo que te correspondió vivir y enseñar, y adonde sin cansancio y sin dudarlo, como pocos se atreven y otros menos lo culminan, ascendiste a la esfera de lo excelso… es más, mediste tu intelectualidad entre los mejores maestros de México, con una salvedad, tu pasión por la poesía hizo la diferencia a tu favor, inclinando la balanza de la historia hacia tu alma.

El trabajo directivo en la Escuela Secundaria Técnica 52 “Caritino Maldonado Pérez” y como docente en la Preparatoria “Nicolás Bravo” fue de eterno compañerismo, de constante superación y motivación y de una incandescente vocación magisterial, que habla a través de tus alumnos, que hoy re recuerdan con amor, gratitud y cariño.

Y por fin llegamos a lo que fue la pasión de tu vida: fuiste un jugador de futbol excelso, un competidor recio, leal y caballeroso, un defensivo férreo y apasionado y un deportista de los que salen uno por década… siendo fiel por décadas a los colores del Coacoyul, a los que siempre defendiste e hiciste habitual campeón.

Nuestro orgullo como amigo, hermano y compañero creció, cuando todos los que hemos escrito algunas líneas literarias, nos complacíamos al seleccionarte como el comentarista literario acertado y motivante, pero que no daba concesiones fáciles ni elogios gratis, antes bien, discreta pero amistosamente expresabas las partes débiles del documento y ensalzabas los párrafos que debían llenar la mente de los lectores… en fin, un caballero andante de la literatura mexicana y universal.

Los valores universales como la tolerancia, el amor, la entrega, el cariño, la verdad, la honradez y tantos otros que integraste a tu personalidad, fueron nuestro orgullo y gloria, para tus padres, hermanos y sobre todo para tus hijos, y ya no se diga para tus amigos.

Y cuando el destino te condicionó por medio del mal del siglo, plantaste cara y disputaste dignamente con la muerte, palmo a palmo de tu vida, sin dar ni pedir cuartel, sin solicitar licencia de descanso pero también sin queja que pudiera revelar derrota, demostrándonos el valor inquebrantable con el que se debe preservar cada día, cada hora, cada minuto o segundo nuestra existencia… fuiste un adalid de la obediencia y la armonía interior, pues siempre supimos de tu reciedumbre y tus ansias de triunfo, como el torero que se viste de luces para desafiar al destino, con pasión y entrega…

Y siempre vivirás en nosotros y en tu Zihuatanejo querido, pues para morir… habría que olvidar… experiencia grata que se mantendrá en nuestra vida, pues como un ser humano extraordinario que has sido, en nuestros corazones has dejado huellas y no cicatrices… ve pues, Benito Cabañas León a seguir sonriendo y enseñando al reino de Dios, con la confianza que junto a ti podemos gritar al unísono: ¡misión cumplida en la tierra!… y como a ti te gustaba cerramos nuestra página juntos, por medio de estos versos pálidos:

 

Amigos, siempre amigos…

Al paso del tiempo

por fin, hoy te miro

y los recuerdos asisten en cascada,

reviviendo con fuerza huracanada

las andanzas juveniles

que pasamos, juntos siempre juntos,

amigos, siempre amigos.

 

El mar, como espejo del cielo

fue testigo fiel,

de nuestras ansias febriles

de conquistar el mundo…

todo el mundo

juntos, siempre juntos

amigos, siempre amigos.

 

Y las pelotas,

como mundos rodantes

y las bicicletas,

como caballos vivientes

y yoyos, baleros y trompos

y discos, carreras y gritos

serán nuestras fuertes cadenas

serán nuestros más bellos sueños.

 

Y por eso… hoy y siempre

siempre, siempre

juntos, siempre juntos

amigos, siempre amigos.

 

(Desde el hermoso “lugar de mujeres”. Raúl Román Román. El Indio de Iguala).

 

 

 

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