Por: Iván Ureña
A un año de su toma de posesión, incluso hasta los más fervientes defensores de Cuauhtémoc Blanco Bravo reconocen que “la ciudad está muy descuidada”, no hay logros que presumir, por tanto su imagen había entrado en un proceso de desgaste.
A nivel federal, la FEPADE tiene abierta una investigación porque se violó la ley electoral con el contrato sobre los siete millones de pesos que cobró Blanco Bravo por ser candidato; también el INE investiga si el ex futbolista utilizó documentos falsos para acreditar su residencia en Cuernavaca. En ambas investigaciones es altamente probable que Cuauhtémoc sea encontrado culpable y en caso de que no fuera separado del cargo, se quedaría, pero cargando con un fardo no solo de corrupto y mentiroso sino de incapaz e inepto. Sin embargo, Graco y su hijastro Rodrigo Gayosso se quieren hacer del control del municipio a la brevedad, mientras que los Yáñez pretenden cobrar venganza lo antes posible. Así, decidieron usar al Congreso para quitarlo, aunque esa vía ha resultado mucho más tortuosa de lo que se esperaba. Ahora el Tribunal Superior de Justicia de Morelos analiza la solicitud de juicio político contra el alcalde.
La premura por deshacerse de Cuauhtémoc sin respetar los tiempos ha resultado contraproducente y lo han convertido en víctima. Además el Congreso de Morelos es visto como un apéndice del ejecutivo, mientras que el Tribunal Superior de Justicia de Morelos, si bien pudiera tener más independencia, nada garantiza que Graco no lo vaya a presionar para que decida según las pretensiones del Ejecutivo.
Ese es el precio que están pagando las instituciones estatales por haber aceptado ponerse a disposición de Graco y no actuar con independencia: carecen de credibilidad entre la población.
Ahora, el gobernador, su hijastro y los dueños del PSD afrontan un dilema, si lo quitan se tomará como una venganza y el malestar en contra de ellos, ya de por sí elevado se podría tornar en incontrolable y peor aún, si no logran quitarlo, Cuauhtémoc se fortalecerá y tendrá el argumento perfecto para responsabilizar a otros de sus nulos logros: no me han dejado trabajar. Paradójicamente, el mismo mecanismo que Graco usó por años: culpar de su mala gestión a otros.
Graco, Gayosso y los Yáñez por su soberbia, le dieron argumentos para que Cuauhtémoc justifique su pésima gestión. Lo más sabio ahora, es dejarlo trabajar, y será cuestión de tiempo para que vuelva a ser evidente lo de todos sabido: Cuauhtémoc no tiene la capacidad para ese puesto. Pero si los enemigos insisten en quitarlo sin respetar los tiempos, sólo lo victimizan y por tanto lo fortalecen.
Lo peor de todo, los problemas de Cuernavaca se siguen agravando. Claro, es lo que menos les importa a los políticos Cuauhtémoc, Graco, Gayosso y los Yáñez.