Practiquemos la virtuosa sensación de la esperanza y la felicidad

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Por: José Nieves Sebastián Pérez

Esta temporada decembrina considero que es propicia para que todos, sin excepción, realicemos un acto serio de reflexión,  análisis y evaluación, que nos permita corregir y mejorar en todos los aspectos. ¿Qué hemos hecho hasta ahora en la familia o en cualquier ámbito donde nos desenvolvemos? ¿Tenemos preciso el camino correcto que nos trazamos o lo hemos extraviado? ¿El impacto de nuestras acciones han contribuido al bienestar de los demás o les han generado dolor y severos daños? ¿Practicamos la comprensión, el perdón y el amor o los hemos encapsulado y en su lugar fomentamos la confrontación, el rencor y el odio?

Es deseable que nuestra reflexión y análisis nos de la calma y la sabiduría para aprender de la naturaleza que busca el equilibrio y se entrega en abundancia a todos los seres vivos; ya Gabriela Mistral en su poema “el placer de servir” destacaba: “Dios que da el fruto y la luz sirve. Pudiera llamarse así: El que sirve. Y tiene sus ojos fijos en nuestras manos y nos pregunta dada día: ¿Serviste hoy?” Porque en efecto, servir significa dar en abundancia, entregarse a los demás siéndoles útil, compartir con regocijo lo que se tiene, pero sobre todo lo que se es.

Al respecto quiero referir una experiencia de uno de mis exalumnos, quien me comentaba que siendo niño, perteneciente a una familia muy precaria económicamente, sabían divertirse con sus amigos en un ambiente natural. Todos los días disfrutaban de los cuerpos de agua que formaba el rio del camarón, rodeados de árboles frondosos, de los cuales colgaban gruesos y caprichosos bejucos que les servían  para balancearse y hacer piruetas antes de caer en el agua. Sabían compartir, experimentar la alegría y la felicidad. Posteriormente, ya en la edad adulta, tenía que pagar para llevar a sus hijos unas instalaciones deportivas para que pudieran bañarse en un cuerpo de agua artificial (alberca) y observó que sus hijos, al igual que él y sus amigos en su tiempo, disfrutaban con intensidad y eran felices.

La lección que de los niños debemos aprender, es que con o sin recursos económicos, ellos si saben convivir, se manifiestan el cariño que se tienen, saben compartir y sin proponérselo, comprueban que la alegría y la felicidad no están en las cosas materiales, sino en el corazón de cada persona, por eso saben ser felices.

Apoyándome en la antes expresado, te hago el exhorto para que te esfuerces por ser feliz, para que te sensibilices y muevas las fibras íntimas de tu ser y les proporciones a los que te rodean, abundante generosidad y dulzura. Para que con tu bondad y tu optimismo desbordado, en cualquier circunstancia, motives a los que amas y a todo aquel que esté en tu entorno, para que los hagas experimentar la virtuosa sensación de la esperanza, porque cuando hay esperanza, una  esplendorosa bendición divina se desprende a tu favor

No es tiempo de egoísmos, ¡abraza fuertemente a la vida en todas sus manifestaciones!.. Agradece el estar vivo, es el mejor regalo que Dios te da; agradece tu trabajo por modesto que sea; valora y ama a tu familia, que es tu raíz y nunca te abandona y disfruta la exquisita sensación de compartir un pedazo de pan con quienes tienen hambre, con esa simple acción tu subconsciente se conecta con la energía divina y participas de su plan maestro.

Porque nacimos para forjar sueños y realizarlos y uno de esos sueños es ser feliz…parafraseando a una preciosa melodía SOMEWHERE OVER THE RAINBOW, también tú en “algún lugar sobre el arcoíris” que emana de tu corazón, permite que se manifiesten tus  mejores sueños y seas capaz de hacerlos realidad…que la Noche Buena  sea plena de paz, comprensión, perdón, amor y felicidad y, en el 2017, prosperidad sinigual  para todos sin excepción.

 

 

 

 

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