De la Cima a la Sima
En lo que va de este sexenio la economía mexicana está dando un giro de 180 grados al pasar del mexican moment, en el que era la economía emergente consentida y apreciada por las instituciones internacionales, al descrédito y desencanto por parte de las mismas que destacan sus dificultades.
La actual administración federal inició con todo a su favor. En el escenario internacional era el país favorito dentro de las economías emergentes e internamente se alcanza El Pacto por México entre todas las fuerzas políticas lo que le permitió realizar las Reformas Estructurales, fundamentales en la estrategia de dicho gobierno para crear las condiciones indispensables para lograr un crecimiento sostenido de la economía y que mejore los niveles de vida de la población.
Entre las Reformas Estructurales, sobresale por mucho la Energética, considerando que el petróleo es el responsable de proveer una fuerte proporción de los ingresos fiscales y de la captación de divisas. Desafortunadamente el precio del petróleo crudo inicia su desplome a partir del segundo semestre de 2014 y sus consecuencias en las finanzas nacionales se reflejan mediante severos recortes presupuestales del orden de 259.3 mil millones de pesos entre 2015 y 2016. Esto en un entorno en el que se ha privilegiado el Gasto Corriente relegando a la Inversión Pública, bajo la premisa que su ausencia sería financiada por la Inversión Privada, lo que no ha sucedido. El resultado, la Inversión total es la menor en muchos años, lo que frena el ritmo de crecimiento del PIB.
Antes de la baja en el precio del petróleo los presupuestos públicos fueron crecientes a pesar de la insuficiencia de ingresos, si bien con la expectativa de su incremento en el futuro, financiando la brecha con Deuda Pública, por lo que se observa su crecimiento sostenido en esta administración que pese a todo resultaba manejable, de acuerdo al gobierno, avalado por las calificadoras internacionales.
El problema se presenta con el descenso en la captación de divisas procedentes de la venta de petróleo que, entre enero de 2014 y noviembre de 2015, fue de 22 mil 819.8 millones de dólares, resultado de la baja en el precio y la reducción de la plataforma de exportación. Además del incremento en la importación de petrolíferos -especialmente gasolinas-, que requieren cantidades crecientes de divisas.
Un elemento externo acabó de complicar la situación. La depreciación del peso ocasionó en automático la elevación de la Deuda Pública Externa y el encarecimiento de las amortizaciones y de los intereses.
Asimismo se encarece el pago de los intereses de la Deuda Pública Interna debido al aumento de la tasa de referencia fijada por BANXICO, como parte de su política monetaria, para hacer frente a la depreciación de la moneda.
El gobierno federal está frente a una encrucijada. Con presupuestos mucho más austeros es previsible una menor tasa de crecimiento, menor recaudación y por tanto menor gasto –corriente- lo que da vida a un proceso de recesión económica. La alternativa es intentar fomentar la economía mediante el gasto público, lo que implica contratar Deuda Pública, seguramente interna, porque el cambio de expectativa de la deuda soberana por parte de S&P encarece la externa y reduce su disponibilidad.
La economía es soberana pero acotada por instituciones internacionales. Momento de Reflexión.