Donald Trump está fuera de control. Tres semanas después de haber sido nominado candidato presidencial republicano y a tres meses de las elecciones del 8 de noviembre, los jerarcas del Partido han entrado en pánico ante la imposibilidad de aplacar el comportamiento perturbado de quien aspira a gobernar Estados Unidos a partir de enero.
“Es muy autodestructivo”, declaró el ex presidente de la Cámara de Representantes, Newt Gingrich, una de las voces conservadoras más respetadas. “No puede ganar la Presidencia actuando como lo está haciendo ahora”, aseguró.
El presidente del Comité Nacional Republicano (RNC), Reince Priebus, llamó a Trump para comunicarle su “frustración personal” y la de numerosos donantes con el desarrollo de la campaña y, en particular, con cómo ha manejado su enfrentamiento con los padres musulmanes del soldado estadunidense muerto en Irak. También le llamó el ex alcalde de Washington, Rudolph Giuliani, para sugerirle que “reinice” su campaña.
Pero la gota que colmó el vaso fue la negativa de Trump a respaldar al presidente de la Cámara Baja, Paul Ryan, que se enfrenta a elecciones primarias en su estado de Wisconsin este mes para renovar su escaño.
El presidente del Comité Nacional Republicano está furioso contra Trump por su desplante, según fuentes cercanas. “Se siente como un idiota”, señalaron en referencia a Priebus, quien dio la cara por Trump durante la Convención de Cleveland.
Pence se aparta. El comportamiento errático de Trump, que llevó a Rudolf Giuliani, otro peso pesado del Partido Republicano, a pedirle que “reinicie” su campaña, llevó ayer a su compañero de fórmula a marcar distancia de Trump.
Horas después del desplante del magnate a Ryan, en aparente venganza por haberle criticado por el asunto del militar musulmán muerto en combate, el candidato a vicepresidente, Mike Pence, hizo público su apoyo al líder de la cámara baja.
Mientras tanto, continúa el goteo de deserciones en el campo republicano. Tras el anuncio el martes del congresista Richard Hanna de que su voto irá para la adversaria demócrata, ayer fue la presidenta de Hewlett Packard, Meg Whitman, republicana muy influyente, retiró su apoyo a Trump, porque “su carácter autoritario supondrá una amenaza”, y anunció que no sólo votará a Clinton, sino que hará una “considerable” donación para impedir la victoria del republicano.
¿Conspiración? Síntoma de la ansiedad que cunde entre los conservadores de EU es que estos días ha vuelto a algunas tertulias televisivas una teoría conspirativa según la cual Trump sería un aliado secreto de los Clinton para reventar la campaña republicana y asegurar la llegada de la ex secretaria de Estado a la Casa Blanca. Como recuerda el diario El País, el bulo se movió el verano pasado, cuando el magnate anunció que pugnaría por la candidatura y trascendió que poco antes había mantenido una charla por teléfono con el ex presidente Bill Clinton, de la que no ha trascendido nada.
Y a todo esto, Trump respondió ayer a la creciente tensión y división al interior del Partido Republicano con el siguiente tuit: “Hay una gran unidad en mi campaña, tal vez mayor que nunca antes. Quiero agradecer a todos por su enorme apoyo”.