Política Económica a debate
Por: Salustio Vicente García Juárez
El anuncio del aumentó de medio punto porcentual en la tasa de interés dado a conocer la semana anterior por el Banco de México (Banxico) es una medida de política monetaria que pretende mantener la estabilidad económica para controlar la inflación a costa de reducir el crecimiento económico.
El Brexit arremetió sobre la economía mundial, modificó severamente el entorno y agudizó la ya existente volatilidad. México no fue la excepción y la reacción de las autoridades económicas fue inmediata. La Secretaría de Hacienda anunció un segundo recorte en el gasto público de este año por un monto de 31 mil 715 millones de pesos –el primero fue en febrero y ascendió a 132 mil 300 millones de pesos- afectando exclusivamente al gobierno federal en su gasto corriente.
El secretario Videgaray afirmó que el ajuste en el gasto público es “para asegurar el cumplimiento de la meta de carácter fiscal (y) que disminuyan los requerimientos financieros del sector público para 2016” y que la Comisión de Cambios* se encuentra alerta y “habrá de actuar en caso de que se presente un fenómeno especulativo específico al peso que ponga en riesgo las expectativas de inflación”.
El jueves 30 de junio Banxico informa del aumento de 50 puntos base a la tasa de interés, de 3.75% a 4.25%, con lo que se pretende preservar el poder adquisitivo de la moneda en beneficio de la sociedad –mandato único de Banxico- lo que es loable y no tiene discusión desde el punto de vista de la teoría. Una tasa de interés más elevada reduce la demanda agregada, desincentiva la inversión y el consumo, estimula el ahorro, limita la cantidad de dinero en circulación y consecuentemente los precios bajan. Además de apoyar el tipo de cambio con la expectativa de captar más inversión extranjera.
Evidentemente ahí aparece el efecto indeseable: con un menor consumo e inversión disminuye la demanda agregada y la consecuencia es un menor crecimiento económico. La medida es positiva para controlar la inflación pero tiene efectos recesivos sobre la economía, que se magnifica con la reducción en el gasto público de poco más de 164 mil millones de pesos y se refuerza con el encarecimiento de los créditos vía la tasa de interés y el aumento en el monto del pago por concepto de intereses de la deuda pública que, es evidente, complicará el logro del superávit primario para el gobierno federal.
Por desgracia se han dado a conocer otras medidas que complican aún más el escenario y que muy seguramente dificultarán tener la inflación bajo control. El mes de julio nos recibió con la noticia del aumento de precio de las gasolinas y de la electricidad, medidas ambas que impactarán en el corto plazo los costos de las empresas, los que tarde o temprano se trasladarán a los precios. Situación similar con el INPP** que ha presentado mayor crecimiento en los últimos meses.
Adicionalmente el movimiento de la CNTE con sus bloqueos carreteros en Michoacán, Guerrero, Chiapas y Oaxaca ha casi paralizado la actividad económica en esas entidades, y reducido el ritmo de crecimiento en la Ciudad de México, por lo que sus efectos depresivos se manifiestan hoy claramente en el PIB y con la amenaza de que permanezcan en los meses futuros.
La Reflexión sobre la evolución del crecimiento económico, el control de la inflación y la estabilidad económica deja la casi certeza de que no se logrará alcanzar de forma ideal ninguna de las tres.
* Integrada por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y el Banco de México.
** Índice Nacional de Precios al Productor.
Correo electrónico: salustiovi@hotmail.com