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Cambio de dirigencia en el PRD sube agarra color

Roberto Santos

El cambio de la dirigencia estatal del PRD está agarrando color y sube de temperatura.

El enfrentamiento interno entre dos bandos del mismo partido está creciendo tanto que ya se convirtió en pleito personal entre David Jiménez Rumbo y su otrora amigazo, Celestino Cesáreo Guzmán.

Es como la historia de Caín y Abel, solo que recargada, pues nadie sabe quién es quién y en esta versión nadie se deja del otro. Muy a tono con los nuevos tiempos, ambos buscan despedazarse.

Celestino, quien es el dirigente estatal acusa a David de ser más perjudicial que la carne de cuche, y que debería ser expulsado de su partido.

Además, señala que el PRD está “concentrado en la lucha social”, y hay quienes han sido “verdugos de los movimientos sociales”, y uno de ellos es el diputado federal David Jiménez Rumbo, quien antes era su asesor y guía en su camino político.

David es lo más representativo de la “denegación política”, lo “más nocivo para un partido de izquierda”, señala el Celes.

Por su parte, David que ni es manco ni mudo, señala que el Celes ha entregado al PRI los municipios, y ve una conjura la acusación que la Auditoría Superior de la Federación hace en su contra, al señalar que durante su paso por la Secretaría de Desarrollo Social en Guerrero, hubo irregularidades en la ejecución de 586 millones de pesos.
La mala aplicación de dichos recursos, correspondientes al Fondo para la Infraestructura Social Municipal (FISM), afectó a 51 municipios en el estado, según la ASF.

David se defiende y acusa a Celestino Cesáreo, a Bety Mojica y al exgobernador Ángel Aguirre, de manipular la información para desviar la atención a su exigencia de que se cambie la dirigencia que encabeza el Celes.

Señaló que se debe investigar quién o quiénes se gastaron los 586 millones de pesos, y apuntó a que pudo ser Ángel Aguirre, Jorge Salgado Leyva, Laura del Rocío Herrera o Beatriz Mojica.

El diputado federal asegura que solo gastó 52 millones de pesos durante su estancia en Desarrollo Social, y se envalentona al señalar que no se desviará en el tema de comprobación de recursos, porque está decidido a recuperar el PRD donde no estén ni Celestino ni Carlos Reyes.

La guerra apenas empieza entre los otrora hermanos de corriente y de mentor político. Las acusaciones también, y 586 millones son muchos como para dejar libres a quienes se los hayan gastado sin invertirlos en los municipios.
Claro, es seguro que todos van a pensar en Ángel Aguirre Rivero como el que sabe quién y donde se gastaron.

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