Por: Iván Ureña
Intolerancia: Actitud de la persona que no respeta las opiniones, ideas o actitudes de los demás si no coinciden con las propias.
A raíz de la matanza en el bar gay de Orlando Florida, el servidor público potosino Andrés Dávila Ruiz de Chávez, compartió la nota “Ataque a bar gay en Orlando deja al menos 50 muertos” y agregó: “50 menos”. Por su parte, “El coordinador A” en la Secretaría de Desarrollo Social de Jalisco, Jesús Manzo Corona, publicó en su cuenta de Facebook, que lamentable que “fueron 50 y no 100” los fallecidos. Asimismo, Jorge Contreras, Director Jurídico en la Sindicatura de Zapopan, escribió “Those gays received their punishment thank God!”: (Estos gays recibieron su castigo, ¡gracias a Dios!).
A estos tres mexicanos los une, no sólo, su abierto rechazo a los homosexuales, sino que decidieron expresarlo en sus cuentas personales y que sus jefes, los tres políticos, ante la presión en las redes sociales determinaron separarlos de sus cargos.
Independientemente de lo desafortunados, faltos de sensibilidad y de una ignorancia supina de los tres comentarios; debemos de analizar si se justifica la intolerancia contra los intolerantes, a los intolerantes con los homosexuales se les responde con intolerancia a sus opiniones, se les somete al linchamiento público y para que aprendan, ellos y el resto que rechaza a los homosexuales, se les castiga dejándolos desempleados.
Primero, los tres realizaron su comentario a título individual, simplemente hicieron uso de su libertad de expresión y punto.
Segundo, no utilizaron recursos públicos o foros gubernamentales. Nunca lo enviaron para hacerlo masivo, sencillamente lo escribieron utilizando sus cuentas personales. Tampoco pretendieron o dijeron que esa era la posición de un gobierno o sus jefes.
Tercero, desde el punto de vista filosófico, la tolerancia es en sí, un bien que hay que proteger; sin embargo, se puede presentar la paradoja de la tolerancia: la tolerancia ilimitada conduce a la desaparición de ésta. Por eso, sólo en casos extremos se justifica la prohibición: las concepciones que apelen al uso de la violencia y de las armas para imponerse. Por ejemplo, el nazismo, reclamaba a la violencia para imponer sus puntos de vista. Pero esas expresiones insensibles y tontas de estos tres ex funcionarios, por ningún lado solicitan al uso de la violencia para que impere su opinión. Para una sociedad es mucho más prudente y sensato, contrarrestar las expresiones de intolerancia homofóbica con argumentos sólidos e inteligentes, que con más intolerancia.
Además, no podemos olvidar que cuando contestan en forma anónima y sin temor a represalias cinco de cada diez mexicanos opina que la homosexualidad es un defecto moral.
Más allá de si estamos de acuerdo o no con la opinión de esa mitad de los mexicanos o de esos tres, ahora desempleados. Debemos entender, la tolerancia es el fundamento más sólido para la armonía y la convivencia pacifica e implica, invariablemente el respeto a las distintas formas de expresión de los seres humanos. Además, cualquiera puede opinar a título personal lo que quiera, para eso precisamente existe la libertad de expresión.
Por desgracia la intolerancia siempre nos ha acompañado como sociedad y ha tenido como detestable resultado, guerras religiosas y confrontaciones ideológicas violentas. La tolerancia es algo que se debe aprenderse desde la niñez, que tienen que estimular los gobiernos a través de la educación. Pero muy mal hacen los políticos, que para parecer políticamente correctos, combaten la intolerancia con ella misma: es el caldo de cultivo propicio, para que esa mitad que considera la homosexualidad un defecto moral, lo oculté, sin embargo, desde su área de influencia tomé revancha.
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