Por: Salustio Vicente García Juárez
En México es una verdad incontrovertible que el monto del salario mínimo no alcanza para cubrir las necesidades básicas del trabajador y de su familia, transformándose en una mera referencia oficial para restringir los aumentos salariales en las negociaciones obrero-patronales.
Durante muchos años la política salarial aplicada en el país tuvo una característica predominante: la contención. Para las autoridades económicas de los distintos gobiernos –independientemente del partido en el poder- la premisa era que los salarios eran detonantes de la inflación, razón por la que limitar su crecimiento resultara fundamental. Se atacaba de raíz al elemento causante de la inflación.
La estrategia para controlar el crecimiento en los salarios fue fijarlos para el año siguiente de acuerdo a los pronósticos de inflación para ese año. Pronósticos que se realizaban en el marco de control de la inflación, que sí bien se efectuaban con todo rigor técnico, no se perdía de vista que había que enviar señales positivas en ese sentido a los agentes económicos, por lo que normalmente la realidad superaba los incrementos salariales otorgados en detrimento del poder de compra.
Dejando de lado la polémica si el control de la inflación actual es o no resultado de esa política pública, lo que es indudable es la consecuencia non grata sobre la clase trabajadora, la aguda pérdida del poder adquisitivo de los salarios, en especial del mínimo. Las cifras varían según la fuente pero todas coinciden en el fuerte deterioro que han sufrido los salarios, lo que se comprueba al observar que son de los más bajos en América Latina y los más reducidos entre los 34 países de la OCDE*.
Los resultados de una investigación reciente realizada por el CAM** arrojan resultados estremecedores. En 1982 el 94.3% de los trabajadores tenían la capacidad de adquirir la Canasta Obrera Indispensable (COI), más conocida como Canasta Básica, en tanto que en 2016 sólo lo podía hacer el 16.3%. En otros términos, en el mismo periodo la pérdida de poder adquisitivo del salario es de ¡83.6%!.
Frente a estos hechos se puede aseverar que, literalmente, “el salario no alcanza para nada”, afirmación compartida prácticamente de forma unánime en el país. Ante el consenso existente se ha avanzado un trecho al realizar intentos tendientes a mejorar dichos salarios, empezando con el mínimo. El Gobierno del todavía Distrito Federal presentó una propuesta seria en ese sentido, sin embargo ante la fuerte carga política de la medida, si bien fue discutida, fue relegada por el gobierno federal.
Ahora es el Gobierno Federal el interesado en aumentar los salarios mínimos a través del secretario de Trabajo y Previsión Social (STPS), que aseguró que no será un decreto sino el resultado de un Pacto por el crecimiento económico y la productividad, fruto de la negociación tripartita (patrones, trabajadores y gobierno federal) para beneficiar “a los que menos ganan”; la negociación está tan avanzada que afirmó que el citado incremento se dé a conocer “a mediados de mes”.
Es sintomático que no hizo alusión a un aumento específico, sólo mencionó “un crecimiento sustantivo” opuesto a la imposibilidad de “un aumento considerable” dadas las precarias condiciones económicas de las empresas, expresado por el presidente de la Concanaco Servytur. La Reflexión indica que habrá aumento pero simbólico con toda probabilidad. Esperemos marque una tendencia a futuro.
* Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos.
** Investigación 122 del Centro de Análisis Multidisciplinario de la UNAM.
Correo electrónico: salustiovi@hotmail.com