*Un gobierno de mentiras
*Pobre Chilpancingo
Por: Roberto Santos
Penoso que al presidente municipal de Chilpancingo lo bajen del caballo en que se había montado para eludir las demandas de la ciudadanía. Eso que también puede percibirse como un evento metafórico, representa una acción radical de la población, cansada de una administración insensible y mentirosa.
Que a Marco lo bajen del caballo en que se trasladaba a inaugurar el festival del pozole y del mezcal, representa una ausencia de popularidad –si alguna vez la tuvo–, falta de credibilidad e marcada irritabilidad social hacia su gobierno.
La población está harta de que el carro recolector de basura no pase a recoger los desechos, y ya no se sabe si Marco Leyva con su cómicos tres funcionarios que con el gobiernan, ya dejaron este negocio en manos de las camionetas de La basura jefa o algún día los camiones de la basura regresarán a las calles de los asentamientos de la periferia.
Igual. Tampoco hay agua en muchas de las colonias, y la gente solo recibe los cobros y mentiras tras mentiras de Marco Leyva.
Que sus trabajadores le cierran el ayuntamiento una y otra vez porque solo los engaña, y la población lo detiene e increpa donde lo encuentran, son malos presagios de un gobierno que solo se interesa por sí mismo y sus tres funcionarios que son sus asesores, choferes y barrera de contención de quienes buscan al presidente municipal para que nunca puedan verlo.
Es decir, si se pensaba que Marco representaba una causa justa y que traía proyectos para la capital, cada día queda claro que en su locuaz cabeza solo trae objetivos que cumplir para él, sus cuates y su familia.
Marco es un político alejado de la población, de su partido, del gobernador, de sus regidores, y de la realidad.
Su narcisismo le hace pensar que no necesita de nadie, y lo lleva al extremo de mantener 125 millones de pesos depositados en bancos para financiar obra pública en este municipio, pero no se aplican. A este día Marco Leyva no ha iniciado una sola obra en la capital. Ni un tabique ha pegado como para considerarla como la primera obra pública.
Quizá él y sus asesores piensan que ese dinero es de ellos, y ya se frotan las manos al imaginar cómo usarlo en sus gastos personales.
A finanzas del gobierno municipal le han depositado 66 millones 800 mil pesos de enero a abril por concepto de participaciones federales, y mensualmente recibe 16 millones 700 mil pesos, lo que significa que de enero a abril tienen a su disposición 66 millones 800 mil pesos.
En enero pasado el Cabildo de este municipio aprobó la gestión de un préstamo bancario hasta por 59 millones de pesos, precisamente para obra pública, con lo que suman al menos 125 millones de pesos que aún no se mueven. No se mueven hacia la obra pública, no se sabe si éstos toman otra dirección.
Quien lo acusa de no mover los millones de pesos para obras es el regidor Jaime González González, quien también se queja de que no ha sido convocado a una sola reunión de programación de la obra pública del Ayuntamiento. Tampoco se ha creado el Coplademun, solo porque a Marco no se le antoja hacerlo, aunque con ello viola la ley.
Marco Leyva, cada día que pasa, se convence de que le dejaron la presidencia municipal para que se aliviane, igual que antaño, sin respetar reglas, ni normatividad, aunque la población cada día sufra más su disociación con la realidad.
Pobre alcalde, pobre Chilpancingo, si se pensaba que no estaría peor, ni imaginar que hay más allá de este gobierno.