Zona Cero

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*recuperar la estabilidad social de Acapulco y del estado

*Política de avestruz de Marco Leyva

Por: Roberto Santos

Cada vez va quedando clara la estrategia de quienes realizaron la marcha trayendo gente de la Sierra. Si bien las demandas de carácter social son legítimas, como salud, educación, proyectos productivos, eso finaliza cuando su movimiento adquiere el carácter de presión política en contra del gobierno de Héctor Astudillo, e intentan medir fuerzas contra éste y el federal.

Dos son las versiones que existen en torno al mismo caso: Que la detención de un prominente jefe de uno de las cárteles de Acapulco ha desencadenado acciones de protesta en el puerto y en la capital, donde intervinieron taxistas y gente de la sierra, con el fin de desestabilizar al gobierno del estado, y la otra, es que su exigencia de centros de salud, escuelas, proyectos productivos, acompañada por una marcha y bloqueo fue infiltrada por gente armada, la que finalmente huyó y dejó las evidencias en las camionetas, con reporte de robo, por cierto. Esa versión la maneja uno de los comisarios participantes.

De ser cierto el segundo caso, habrá que reconocer que los lideres, ahora en fuga, carecieron de una estrategia clara y no fueron capaces de dar a conocer sus demandas, de manera directa y oportuna ante los medios de comunicación. De haberlo hecho, su movimiento hubiera tenido más fortaleza y el apoyo de la ciudadanía.

Pero asociarse con los taxistas y los cumbieros para demostrar músculo ante las autoridades, fue un craso error ante el nivel de desprecio y rechazo que estos prestadores de servicios tienen por parte de los habitantes de Chilpancingo. Es decir, desde el principio estuvo deslegitimado por la misma población, porque se corrió la versión de que exigían incremento del pasaje y más concesiones de transporte, cuando el servicio que prestan es altamente deficiente y son vistos como los culpables de la congestión vehicular en las calles de la capital.

Por eso, cuando son retirados de la autopista por parte de la policía federal, el gobierno del estado recibe el reconocimiento de la población de la capital, y aumentan las críticas hacia los manifestantes, por el caos, zozobra y miedo que causaron ese día en esta ciudad.

Está claro que Héctor Astudillo no deja hacer ni deja pasar como lo hacía Ángel Aguirre, ni el Secretario General de Gobierno, Florencio Salazar Adame, es omiso como lo fue Humberto Salgado Gómez, quien no actuaba ante los conflictos sociales en el estado. El Secretario General de Gobierno aguantó la presión y mantuvo informada a la población, fijando constantemente la postura del gobierno del estado, mientras que los líderes de la sierra no fluían la información a los medios, desconcertando más a la población.

Existe la percepción de que al no comunicar sus demandas, presionar con los bloqueos, y generar el desalojo, fue la verdadera estrategia de este grupo. Acusar de ser reprimidos y la desaparición de cien manifestantes, parece ser el guión establecido, como queriendo emular el caso Ayotzinapa-Iguala, por cuyo hecho, Ángel Aguirre tuvo que dejar la gubernatura.

Las autoridades han dicho que tienen 73 detenidos, y los voceros del grupo proveniente de la Sierra insisten en que son cien los desaparecidos, y también hablan de muertos.

Se sabe de la promesa del gobernador para darles apoyo con asesoría legal a los detenidos, esos que ahora declaran que les dijeron que vendrían a la capital a solicitar fertilizante, no a bloquear.

Los voceros deben documentar los casos de los desaparecidos con el apoyo de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos, cuyo titular ha estado pendiente de estos acontecimientos.

Finalmente, es necesario insistir en recuperar la estabilidad social tanto del municipio de Acapulco como de otras regiones del estado, incluida la Sierra y la Zona Centro. Dialogar y ser claros en los planteamientos debería ser el esquema a utilizar para buscar la solución de los problemas sociales y económicos de los diversos grupos sociales activos en el estado.

La política del avestruz de Marco Leyva

Mientras eso sucede, el alcalde de Chilpancingo, quien no da una en materia de gobierno, esconde su cabeza en la arena, y solo después de varios días que sucede el bloqueo de la autopista y el asunto ha sido solucionado, sale muy lirondo a decir que si necesitan el apoyo de su gobierno, él se los pude dar.

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