Por Rolando Paredes Carrillo
Como nunca antes, Acapulco fue presa del terror el pasado lunes, como consecuencia de la balacera ocurrida un día anterior.
Mientras en Guadalajara, Jalisco, se inauguraba el Tianguis Turístico, con gran festividad, aquí los porteños decidieron no salir de sus hogares, cerrar negocios, no caminar, correr ni ejercitarse en la costera Miguel Alemán, ni ir a la playa. Todo por un ambiente de amenaza de quién sabe quién que a todos mantuvo en estupor.
“Ya voy a cerrar. ¡Apúrense!, indicó doña Elodia a los asiduos a su restaurante de playa y se le preguntó: “¿Pero por qué doña?”, a lo que contesto: “Cabrón, ¿qué no sabes que va a haber balaceras y avisaron de que cualquier negocio que esté abierto después de las seis lo van a chingar?”.
Bueno, pues qué otro queda mas que acatar lo dispuesto por ella, aunque es de hacerse notar que en un largo tramo de playa, desde Las Hamacas hasta Papagayo, no hubo gente, ni siquiera los meseros que presumen de ser muy chingones.
Es común que todos los días, entre las seis de la tarde y las nueve de la noche abunden corredores y caminantes en la banqueta del lado de la playa, pero este lunes solamente hubo uno que otro despistado, entre ellos yo.
Los negocios tristes, al igual que sus trabajadores. Sin turismo. Desalentador, Desolador. Deprimente.
Ojalá y cambien las cosas pronto. ¿Cómo?…No sé, pero es urgente.