Un Rapidín con Ángel Irra Carceda

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-Legalizar cultivo de amapola.
-Nada descabellado. Opción que debe analizarse.

Como es normal, el tema de la eventual legalización del cultivo de la amapola en Guerrero, es un tema que naturalmente genera y seguirá generando opiniones diversas.

Recientemente la colocó en la agenda pública el propio gobernador Héctor Astudillo Flores. De inmediato surgieron opiniones, en su mayoría a favor de analizar esa posibilidad.

Y es que el mandatario estatal fue preciso: analizar la posibilidad de legalizar el cultivo, pero para fines única y exclusivamente medicinales.

Pero, además, para alejar a cientos (o quizá miles) de hombres, mujeres, niños y jóvenes del campo, de la siembra ilegal de la amapola en, por ejemplo, la Sierra y la Montaña de Guerrero, zonas de suma importancia que significan un gran trasiego de todos sus derivados, con grandes dividendos económicos para la delincuencia organizada de México, en los Estados Unidos y otros países.

En lo personal no considero descabellada esa idea. Porque, me pregunto: ¿por qué no involucrar a quienes se dedican a actividades que saben que son ilícitas, a otras que les garantizarían fuentes de trabajo e ingresos legales?
He leído y escuchado a actores políticos, sociales y hasta religiosos, que dejan de manifiesto la disposición para analizar el tema que, por cierto, se ha sometido a análisis e incluso se ha concretado en otros países en materia de la marihuana, para los mismos fines y hasta para su posesión en determinadas proporciones y consumo.

En ese contexto, el tema de la legalización de la marihuana está sobre la mesa en nuestro país.

La prohibición del tráfico de drogas y sus efectos, sobre todo sociales, ha estado generando en todo el mundo planteamientos para su regulación.

Su prohibición y combate, como aquella a la Ley Seca del alcohol que favoreció a Al Capone en Chicago, Estados Unidos, entre los años 20’s y 30’s, demostraron el poderío de este capo. Su gran influencia, porque corrompió a autoridades policiacas y hasta representantes populares, como senadores, para traficarlo y venderlo clandestinamente a manos llenas. Y así amasó una fortuna.

Insisto: lo que “soltó” el gobernador Astudillo no puede ser objeto de críticas fáciles y oportunistas, sino de análisis.

Que yo esté enterado, hasta la noche de este lunes 14 de marzo, nadie plantea que productores de otros insumos básicos, se dedicarían después al cultivo de la amapola.

La idea es que, de acuerdo a lo que entiendo hasta los tres o cuatro tragos que me he echado durante esta tecleada, el gobierno aproveche un recurso natural propio (la amapola), canalice su procesamiento para usos medicinales y, además (¡por favor!), sumen a nuestros hermanos del campo a la producción legal.

Creo que quien se niega a una posibilidad, a una alternativa, se niega a sí mismo.
Es eso, una opción que debe analizarse, discutirse y resolverse con responsabilidad, porque está directamente ligado el tema con el grave fenómeno de la violencia.
(angelirracar@hotmail.com)

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